“Voy a tomarme una semana de descanso. Murió un familiar. Necesito unos días”. Palabras más, palabras menos, esa fue la justificación que dio Maura Murray el lunes 9 de febrero de 2004 para ausentarse de sus estudios y lugar de trabajo. Los correos electrónicos que envió a sus superiores y compañeros para notificar su ausencia no denotaban ninguna actitud sospechosa: sólo se trataba de una explicación. Una más que suficiente. Sin embargo, nadie sospechó que esa mentira era el prólogo de uno de los misterios más grandes de Estados Unidos
La noche del 9 de febrero de 2004, la Ruta 112 en Woodsville, Nuevo Hampshire (Estados Unidos), era una boca de lobo congelada. A las 19:46, cuando el primer oficial de policía llegó al lugar, las luces de la patrulla iluminaron una escena impactante: un Saturn sedán negro, modelo 96, incrustado contra la nieve tras haber rebotado contra un árbol. El daño era severo. El radiador estaba desplazado, el parabrisas roto del lado del conductor y los dos airbags habían estallado. El oficial se acercó con cautela al vehículo, esperando encontrar a alguien herido, aturdido o quizás atrapado entre los fierros retorcidos. El motor aún estaba caliente, pero el Saturn estaba vacío.
Las puertas estaban cerradas. No había rastros de sangre visibles, pero sí un silencio sepulcral. El conductor (o conductora) simplemente se había evaporado en el lapso de los escasos 20 minutos que pasaron desde que los vecinos escucharon el golpe hasta que llegó la ley. Adentro, el aire gélido se mezclaba con un olor inconfundible: manchas rojas que parecían vino tinto salpicaban el interior y el entorno, y una botella de cerveza vacía descansaba sobre el piso del vehículo. Y atrás, un último detalle inexplicable terminaba de componer el cuadro del misterio: un trapo metido a presión en el tubo de escape. El escenario estaba listo, el auto abandonado, pero la protagonista había desaparecido de la faz de la tierra.
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Maura Murray nació el 4 de mayo de 1982, en el estado de Massachusetts. Era la hija menor de una familia católica típica, criada para la excelencia. Su paso por la Whitman-Hanson Regional High School no fue desapercibido. Mientras cursaba, se convirtió en la atleta estrella del equipo escolar.
Tras graduarse, la Academia Militar de los Estados Unidos la aceptó en sus instalaciones, lugar en donde Maura pretendía recibirse de ingeniera química. Sin embargo, sus estudios en la institución se mantuvieron activos apenas durante un año, ya que luego se decidió por la enfermería en la Universidad de Massachusetts Amherst. Fue durante su tercer año en dicha carrera que desapareció sin dejar rastros.
Días previos con sensación de malestar
Las señales confusas respecto al caso comenzaron un tiempo antes de aquel fatídico 9 de febrero de 2004. Y es que, ya tres meses antes, el comportamiento de Maura pareció cambiar. Si bien seguía siendo la misma estudiante modelo, según sus allegados y familiares, había cosas que no cuadraban; había usado una tarjeta de crédito robada para comprar comida en distintos restaurantes.
Los días previos a la desaparición fueron una espiral de colapsos emocionales que anticipaban un desastre. El 5 de febrero, una llamada sobre la recaída de su hermana alcohólica dejó a Maura absolutamente devastada en su puesto de trabajo, capaz solo de balbucear dos palabras: «Mi hermana».
Apenas 48 horas después, tras una fiesta universitaria, destruyó el auto de su papá contra un guardarraíl; un error de 10.000 dólares que sumó una presión asfixiante a una psiquis que ya venía fracturada. Entre llamadas misteriosas a la madrugada y el peso de los trámites del seguro, Maura parecía una mujer acorralada por sus propios fantasmas mucho antes de que el Saturn negro tocara la nieve de la Ruta 112.

El día que Maura Murray se evaporó de la tierra
La madrugada del lunes 9 de febrero no fue de descanso, sino de diseño operativo. Mientras el campus de su Universidad dormía, Maura trazaba rutas en la aplicación de MapQuest hacia las montañas de Vermont y enviaba lo que posteriormente sería una pista falsa para los investigadores: un correo electrónico a sus supervisores inventando el fallecimiento de un familiar. Esta mentira, confirmada luego por su círculo íntimo, le garantizó una semana de margen antes de que alguien notara su ausencia, convirtiendo su partida en una evasión fríamente calculada.
Cuando los investigadores ingresaron días después a su dormitorio, encontraron una habitación «empacada»: cajas cerradas, cuadros descolgados y paredes desnudas. En su bolso, Maura cargó una mezcla contradictoria de supervivencia y normalidad: ropa, anticonceptivos y libros de texto, señal de que, a pesar de su extraña e inentendible búsqueda en el exterior, no planeaba dejar de ser estudiante ni descuidar su futuro inmediato.

El operativo de salida comenzó a las 15:30. Las cámaras de seguridad registraron sus últimos movimientos bajo un patrón de absoluta soledad: primero, un retiro de 280 dólares en un cajero automático; luego, una escala en una licorería para abastecerse de un arsenal de vodka, licor y cajas de vino. En los registros se la veía tranquila, sin mostrar nervios o malestar.
Entre las 16 y las 17, el Saturn negro se dirigió hacia el norte por la Interestatal 91, alejándose de Amherst para siempre. A las 16:37, Maura revisó su buzón de voz por última vez. Sin haber revelado su destino a nadie, Maura Murray se internó en la cordillera como un fantasma digital, dejando atrás solo un rastro de llamadas sin respuesta.
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112dirtbag: el troll de internet que jugó con el dolor de la familia
Cuando el caso parecía enfriarse en el olvido de los archivos policiales, internet parió un monstruo propio. En 2012, coincidiendo macabramente con el octavo aniversario de la desaparición, emergió de las profundidades de YouTube un usuario bautizado como «112dirtbag». Su aparición no trajo pistas ni testigos, sino una performance grotesca diseñada quirúrgicamente para torturar a una familia desesperada: videos crípticos que sugerían que él tenía las respuestas que la policía buscaba desde hacía casi una década.
El material era digno de una pesadilla de baja resolución. En el clip más infame, titulado irónicamente «Happy Anniversary» (Feliz Aniversario), se veía a un hombre de anteojos en una habitación en penumbras, riéndose de forma tan perturbadora que verlo helaba la sangre Todo era mirando a cámara, como si compartiera un secreto atroz con el espectador. En otras grabaciones, exhibía tickets para esquiar de la zona de Bretton Woods y mapas de las montañas White, insinuando con una crueldad calculada que conocía el destino final de Maura y que su cuerpo yacía bajo la nieve turística que él mismo había pisado.
El alias elegido, «112dirtbag», no era un nombre al azar, sino una daga dirigida al corazón de Fred Murray. Años atrás, el padre de Maura había declarado ante la prensa que los responsables eran unos «dirtbags» (basuras) y el accidente había ocurrido en la Ruta 112; el hombre fusionó ambos datos para construir su identidad. Detrás de la máscara digital se escondía Alden Olson, un hombre real de Massachusetts con un historial de inestabilidad mental, que decidió convertir la tragedia ajena en su plataforma personal de atención.
La viralización del contenido y el pánico de la comunidad obligaron a los investigadores a desviar recursos para cazar a este nuevo fantasma. Periodistas especializados como James Renner y la policía estatal rastrearon la huella digital hasta dar con el domicilio físico de Olson, esperando encontrar al asesino. Sin embargo, el operativo reveló una realidad decepcionante: tras los interrogatorios y el cruce de datos, se confirmó que Olson nunca estuvo en la escena del crimen esa noche de 2004.

Aunque fue descartado oficialmente como sospechoso de la desaparición, «112dirtbag» dejó una cicatriz imborrable en la historia del caso. No era el depredador que se llevó a Maura, sino un parásito del dolor ajeno; un «troll» que demostró el lado más oscuro de la era digital. Olson no secuestró a la estudiante de enfermería, sino que logró captar la atención de las autoridades durante meses, obligando a una familia a mirar a los ojos a un loco con la esperanza rota de encontrar a su hija.
De la investigación a la obsesión: cómo un trabajador de los medios “se perdió” en el caso de Maura Murray
James Renner es exnotero del diario digital estadounidense Cleveland Scene. Convirtió una obsesión infantil por una nena desaparecida en una carrera como periodista de investigación, aunque el costo fue su propia salud mental. Su búsqueda incansable de Maura lo llevó a descubrir pistas perturbadoras mientras su vida personal se desmoronaba bajo el peso del estrés postraumático y el riesgo constante. En diálogo con PERFIL, Renner nos dio detalles reveladores sobre el caso que desveló a las autoridades por años y nos contó qué sucede cuando la línea entre el deber profesional y la adicción al misterio se vuelve peligrosamente delgada.

“Sentite libre de mandar las preguntas que quieras”, responde Renner amablemente a la consulta de este medio. Estamos a miles de kilómetros. Lo que en otro momento hubiera sido imposible, hoy se concreta: conectar a dos periodistas virtualmente frente a un caso que intriga y congela la sangre en partes iguales. Su perfil en Instagram coincide plenamente con el nombre de su libro de no ficción: True Crime Addict: How I Lost Myself in the Mysterious Disappearance of Maura Murray (Adicto a los crímenes reales: Cómo me perdí en la misteriosa desaparición de Maura Murray).
“Los mails que mandó Maura los tiene la policía, pero nunca los liberaron”, lamenta. Sus excusas, plasmadas en tinta electrónica, no vieron nunca la luz. Jamás los dieron a conocer. Y probablemente nunca lo hagan. Sin embargo, hay otras cuestiones que entusiasman a Renner, quien explica: “Hace más o menos un año, descubrí que el FBI había interrogado a un nuevo sospechoso después de que encontraran sus huellas en el auto de Maura”.
Un nuevo sospechoso entra en escena: Steffen Baldwin
En su página web, que hace de “blog” para contar los avances en el caso y la investigación, Renner revela un detalle perturbador, pero también esperanzador. huellas dactilares encontradas en un CD dentro del vehículo abandonado de la estudiante coinciden con las de Steffen Baldwin, un hombre con un pasado oscuro. El vínculo no es casual; bajo su nombre de nacimiento, Steffen Finkelstein, fue cadete en West Point al mismo tiempo que Maura, mantuvo una relación sentimental con ella e incluso actuó como su representante ante la junta disciplinaria de la academia. Apenas una semana después de que Maura se retirara de la escuela, él también renunció, borró su rastro y cambió su identidad, iniciando una metamorfosis que lo mantuvo alejado del radar policial durante dos décadas.
Detrás de su nueva fachada, Baldwin construyó una carrera como supuesto héroe del rescate animal en Ohio, pero su perfil real era el de un depredador. Investigaciones criminales revelaron que practicaba la eutanasia masiva de perros y gatos simplemente para liberar espacio y ganar dinero con su supuesta organización sin fines de lucro, desviando los fondos para fines personales. Al verse acorralado, se escapó a California, pero fue arrestado en 2020 y acusado de 42 delitos graves, incluyendo crueldad animal extrema, soborno y suplantación de identidad de un agente del orden.

El cruce de datos en la base nacional AFIS (Sistema Automatizado de Identificación de Huellas Dactilares) encendió las alarmas en New Hampshire tras su arresto. El detective Charles West, de la Unidad de Casos Sin Resolver, llegó a marcar a Baldwin como su sospechoso principal antes de renunciar abruptamente a la fuerza, agobiado por el drama mediático del caso. Sin embargo, el FBI tomó la posta en la primavera de 2024 e interrogó a Baldwin sobre el rastro de sus huellas en el coche de Maura. En aquel entonces, el convicto negó su implicación pero intentó desviar la atención hacia un supuesto acosador anónimo de West Point, un relato plagado de lagunas que los investigadores hoy analizan con absoluta desconfianza.
Condenado a 15 años de prisión por sus crímenes en Ohio, Baldwin deja tras de sí un rastro de muertes sospechosas que excede el misterio de Maura Murray. Exnovias del convicto denunciaron comportamientos abusivos y señalaron que dos de sus antiguas parejas fallecieron en circunstancias trágicas, mientras que su propia madre, Barbara Baldwin, se encuentra desaparecida desde hace años tras cambiar su nombre a «Nike Powers». Mientras Baldwin se instala en su celda, la Justicia intenta determinar si las huellas en aquel CD son la pieza final para resolver una de las desapariciones más enigmáticas de la historia reciente.
Las características del caso son, cuanto menos, detectivescas. Dignas de una película policíaca bien elaborada. Aunque, a diferencia de un film pensado para la pantalla grande, esta historia no tiene un final claro. Y es que, a pesar de la intensa búsqueda por parte de las autoridades y los 22 años ininterrumpidos de averiguaciones, interrogatorios y rastreos, Maura sigue sin aparecer.
ML










