Javier Bardem respira tranquilo. Está dicharachero. A su lado sonríe Victoria Luengo. Son conscientes de que han hecho un buen trabajo, de que si El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, se proyecta un sábado en la sesión de gala de la tarde al mismo tiempo que se estrena en salas comerciales en Francia (a España llegará el 26 de agosto) es que es un gran filme. En la película encarnan a un padre, director de cine, ganador de dos premios Oscar, que vuelve de Nueva York a Madrid para rodar en España una historia sobre el Sáhara, y la hija de su primera pareja, exactriz reconvertida en camarera, a la que hace 13 años que no veía, un abandono muy doloroso para ella. Bardem y Luengo se conocieron una vez, ocho meses antes del rodaje, y después no se vieron, para mantener esa distancia, hasta el primer día en que filmaron el reencuentro familiar en un restaurante con el que arranca la película.
Y por ahí se inicia la charla con un grupo de periodistas el sábado al mediodía, a pocas horas de su estreno de gala en Cannes. Luengo recuerda ese día, en que los 19 minutos con que empieza el drama se rodaron en una toma de hora y media en un falso restaurante, eso sí, con cámaras ocultas, comensales a su alrededor y menú en el que poder elegir. Puro teatro.
Luengo explica: “Cuando supe que iba a ser Javier la persona que iba a hacer del padre, me emocionó muchísimo. Emocionó muchísimo a mi yo adolescente, que le veía trabajar y que le admiraba. Y me emocioné muchísimo en presente. También pensé, madre mía, a ver cómo hago para estar a la altura de este señor, de esta bestia. Por suerte empezamos rodando la primera secuencia, muy improvisada, sin ensayar. Fue tal el salto al vacío, que, cuando acabamos, después de sentirme tan acompañada, cómoda y respetada, pensé que si nos habíamos acompañado así, el resto sería fácil. Es un actor apasionado por su oficio, y eso no es tan fácil de encontrar”. A su lado, el ganador del Oscar le mira riendo. “Tú sí das miedo”, apunta. Bardem está delgado y fibroso, muy en forma, ha llegado a Cannes del rodaje de Hello & Paris, con Kate Hudson. “Mi Esteban es un hombre de su tiempo, de unos sesenta, yo tengo 57, y ha sido educado en unas creencias desfasadas, que tienen que ver con la mala identidad de lo que significa ser un hombre, de una masculinidad mal entendida. No tiene la capacidad de pedir perdón, y creo que inicia un viaje hacia la capacidad de poder reconocer algo. A muchos hombres todavía les cuesta el hecho de escuchar, dejar entrar al otro y pedir perdón”. Esteban le ofrece protagonizar a su hija una película que se desarrolla en el Sáhara en los años treinta. Y ahí se desbaratará como director y como padre.

Así lo subraya Luengo: “Emilia es una mujer con una profunda herida de abandono, que inicia la película con una contradicción muy fuerte, porque ella es actriz, aunque no sabemos si es actriz porque ella lo quería o para acercarse a su padre. Por eso duda en aceptar el proyecto, ya que, como cualquier ser humano, es una mujer llena de contradicciones. Arrastra heridas muy profundas”.

El abandono paterno-filial y la relación de montaña rusa que viven durante el rodaje encuentra eco en la película que están haciendo en Canarias sobre el Sáhara, la colonia abandonada por España. Bardem responde: “Hablamos mucho Isabel [Peña, la coguionista], Rodrigo y yo de ese tema, que yo quise potenciar efectivamente subrayando el abandono del Sáhara. Porque tiene que ver con mi historia personal y mi militancia social. Es interesante contarlo y espero que atraiga la atención sobre este hecho. Es un conflicto muy olvidado, que hay que seguir denunciando y que es como una pequeña Palestina. Con diferencias, cierto, pero son países abandonados por la realpolitik“.

Victoria Luengo es la segunda actriz, tras Marisa Paredes, en la historia del cine español en presentar dos películas en la Competición en una misma edición. “Me siento muy honrada de estar aquí. Soy una privilegiada por estar aquí, pero no voy a regodearme en ello. Es parte del camino, de hacer películas que me enorgullecen con gente que admiro. Cada noche, cuando me voy a dormir, pienso en dar las gracias porque no es fácil y podría no haberme pasado. Como actriz, lucho por no darle mucha importancia; hay que huir de ello. Pero seguro que lloro esta tarde”.

El cineasta al que da vida Bardem viene de tiempos de abusos emocionales, de concepciones dictatoriales de lo que es un rodaje. “Yo he estado en rodajes en los noventa donde nadie ponía en duda el poder del director. Eso es una buena tierra de cultivo para el abuso. Ahora hay una conciencia sobre esos malos tratos, puedes denunciar a quien los realice. Ha habido un cambio en el mundo del cine, y en esta ficción se ve cómo son tres mujeres las que le dicen que no al cineasta dictador”. Antes de pasar a otra entrevista, el actor quiere agradecer a Paul Laverty sus palabras sobre Gaza y sobre él mismo en la rueda de prensa de presentación del jurado. “Paul es un referente en lo artístico y en lo personal. Siento que con respecto al genocidio de Gaza el mundo del cine está cambiando. Cada día me llama más gente apoyándome, incluso para rodar. He oído lo de la lista negra, aunque no lo he notado. Puede que no haya más gente hablando públicamente, pero sí reconociéndose en la negativa a callar ante este crimen. Y eso tiene que ver con las nuevas generaciones que han dicho que esto es inadmisible”.
00:41
Bardem reacciona al cometario de Laverty sobre su apoyo a Gaza
Foto: Andreea Alexandru (AP Photo/Andreea Alexandru)
De los abandonos han hablado momentos antes el director Rodrigo Sorogoyen y su guionista, Isabel Peña. De eso, y de cómo es rodar cine dentro del cine, del placer y el caos de rodar con un equipo fílmico a otro equipo fílmico. “Justamente hoy, este sábado en Cannes, el cine es la vida. No hay que mezclarlas ni confundirlas, mejor dicho”, apunta Sorogoyen. “El ser querido habla ambas cosas, que era lo que queríamos al inicio de nuestra aventura. Cuando acabamos As bestas y pensábamos qué película queríamos hacer después, decidimos alejarnos un poco del thriller y hacer algo mucho más cercano a nosotros”. A su lado, Peña subraya: “Teníamos ganas de contar una historia sobre personas y sobre relaciones, sobre heridas, familia y pasado”.

Ambos están disfrutando de una extraordinaria alineación fílmica: gala en la Competición, sábado en Cannes y estreno simultáneo en salas francesas. “Hay que vivirlo como si fuera una sola vez en la vida… aunque ojalá más [ríe Sorogoyen]. Vamos a disfrutarlo, solo podemos hacer eso”. Peña apunta: “Es una mezcla de muchas cosas, porque somos conscientes del hecho; por otra parte, también hay que protegernos. Dentro de unos días, ya lo habremos digerido y nos empezaremos a dar cuenta”.

Ha sido un proceso de escritura largo, con crisis en diversos momentos (como cuando leyeron una sinopsis de Valor sentimental acabado el libreto que les resonó a su historia; Sorogoyen después vio la película el pasado Cannes tras acabar su rodaje y se dio cuenta de sus grandes diferencias). En cambio, el rodaje, aunque intenso, discurrió sin sobresaltos, más allá de la lucha en Fuerteventura contra el viento. En la pantalla se mezclan formatos, textura, color y blanco y negro. Sorogoyen explica ese juego: “Queríamos contar cómo nos relatamos en el arte. Ellos son cineastas; por lo tanto, son relatores, se dedican a eso. Están contando un relato mientras vemos otra película. Entonces, si lo que estamos contando es que todos tenemos ratos distintos, incluso ante un mismo hecho puedes tener dos relatos distintos de dos personas diferentes, ¿por qué no jugar con las posibilidades del cine?”.









