Uno de los hallazgos más incómodos de la ciencia política empírica contemporánea es que las ideas, los programas y las propuestas de gobierno son casi irrelevantes para ganar una elección popular. En contravía de lo que sostiene el mito democrático, la mayoría de electores decide su voto mediante atajos cognitivos y emocionales como la simpatía personal por el aspirante, la identificación partidista, la pertenencia grupal, la percepción de competencia o credibilidad del candidato, lo atractivo que le resulta su rostro, las señales de validación de otros líderes confiables y las preferencias compartidas con personas cercanas.









