Sentencias “memorables”, sí que las hay. Justamente, aquellas que resultan indelebles en la pizarra de la “historia” (¡la historia!: escribana de la contingencia y el quehacer humano). Citaríamos, por ejemplo, la proferida como desenlace del juicio de Núremberg, en la que como se recordara, se determinó la responsabilidad de los colaboradores del régimen de Hitler.










