De muerte y de dolor en voz baja

De muerte y de dolor en voz baja


Tal vez el problema no sea la muerte, sino el silencio que construimos alrededor de ella. Vivimos en una cultura que nos enseña a evitar el dolor, a esconder las lágrimas, a responder rápido “estoy bien”, aun cuando sentimos que por dentro todo se desmorona.

Como sociedad, no sabemos qué hacer con el sufrimiento. Quizás por eso hablamos cada vez más de bienestar y menos de muerte, pérdida y tristeza. Cambiamos palabras que nos incomodan por eufemismos: “partió”, “descansa”, “ya no está”. Como si nombrar la muerte pudiera atraerla o volverla más cercana.

Pero el dolor no desaparece porque no se lo nombre. Sigue ahí como atragantado, silencioso, inevitable y muchas veces termina siendo vivido en absoluta soledad.

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Hay personas que atraviesan un duelo sintiendo que incomodan con su tristeza y lloran a escondidas para no “cargar” a otros con su dolor. A veces, se sienten presionados a volver rápidamente a las rutinas y obligaciones porque pareciera que el mundo no tolera el dolor ajeno. Vivimos en una época que premia la productividad, la rapidez y el control emocional, como si el duelo o el sentir profundamente fueran un problema que resolver y no una experiencia humana a transitar.

Sin embargo, cuando la muerte irrumpe, lo que más necesitamos no son respuestas perfectas ni frases hechas. Necesitamos presencia. Necesitamos palabras. Necesitamos permiso para sentir.

Hablar de muerte, de duelo y de dolor no es tóxico ni pesimista. No oscurece la vida; en realidad la vuelve más sensible, más consciente, más humana. Porque solo quien reconoce la vulnerabilidad entiende verdaderamente el valor de la vida, de los vínculos, de la presencia y del tiempo compartido con quienes amamos.

Una sociedad que no sabe hablar del dolor deja a las personas solas cuando más necesitan ser acompañadas.

Tal vez haya que empezar por algo simple: animarnos a decir: “murió”, preguntar: “¿cómo estás realmente?”, “¿dónde me necesitás?” permitir el llanto sin apurarlo, escuchar sin intentar censurar el sufrimiento. Recordemos que nombrar el dolor no lo agranda, solo lo vuelve más habitable.

Noelia Grunblatt. Lic. en Psicología
Directora Centro Blatt. Atención Psicológica Integral en Duelos.
Instagram: @centroblatt
Contacto: 261 651 4974

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