Mirada desde el espacio, la Tierra parece una canica azul: las aguas abiertas nos envuelven y, sin embargo, siguen siendo un espacio de misterios. Con esa imagen, el escritor y periodista sueco Patrik Svensson abre su libro Un inmenso azul. Una oda al mar y sus maravillas, el segundo que le dedica a los mares y océanos después de El evangelio de las anguilas (Libros del Asteroide). En sus libros, la memoria personal se entrelaza con la investigación científica, la historia y la literatura para crear una narración emotiva y apasionante sobre la potencia de la curiosidad humana.
En El evangelio de las anguilas, el recuerdo de las tardes de pesca junto a su padre servía como hilo conductor para contar la historia de ese pez esquivo y enigmático que ocupó la mente de figuras como Aristóteles o Freud. Mientras tanto, en Un inmenso azul, Svensson rinde homenaje a su madre, quien lo introdujo a la lectura y aceptó leerle hasta el cansancio un libro sobre la vida marítima.
Con el recuerdo de esa insaciable fascinación, el autor reconstruye el vínculo de navegantes y científicos con los mares, una relación que ha estado signada tanto por el afán de conquista como por el deseo de conocimiento. Al fin y al cabo, el mar ha sido y continúa siendo territorio simbólico de la libertad, un universo de promesas y preguntas sin resolver, un ámbito de aventureros y criaturas mitológicas.
De visita en Buenos Aires, invitado por la Embajada de Suecia en Argentina y la Fundación El Libro, Svensson conversó con Clarín.
–Creció en una ciudad a 30km del mar, y por lo que cuenta, su primer contacto fue a través de la literatura. ¿Qué recuerda de cuando lo vio por primera vez?
–Mi primer contacto con el océano fue de chico, cuando íbamos a nadar, íbamos a una parte muy pequeña del océano. Tengo recuerdos muy cálidos y vívidos de mi infancia, de ir a la playa a nadar y caminar buscando conchas marinas, medusas y otras criaturas que me parecían extrañas. De niño, el océano era algo muy emocionante para mí, algo que despertaba mi imaginación, representaba lo desconocido.
–Hay un dato comentado en el libro que dice que hemos explorado más el espacio exterior que el fondo marino. ¿Por qué cree que sucede?
–Creo que hay dos razones. Quizás, porque tenemos esta idea de que ya sabemos todo sobre el planeta Tierra. Claro que eso no es cierto. Todavía hay gran parte que tenemos que observar y comprender, hay básicamente cientos de miles de especies de diferentes formas de vida que no hemos descubierto. Pero quizás está esta idea de que el espacio representa lo desconocido. Y también sucede que es técnicamente más fácil explorar la luna que la profundidad del mar. A veces, la gente dice que sabemos más de la superficie de Marte que del fondo del mar, y creo que probablemente sea verdad.
–Un libro como Un inmenso azul podría ser potencialmente infinito. ¿Cómo realizó el recorte?
–No soy un biólogo marino ni un explorador del océano. Soy escritor. En primer lugar y por encima de todo, me interesan las historias y las personas. Así que buscaba historias que dijeran algo sobre la curiosidad que despierta el mar en la gente, que siento que es especial. Es una fuerza muy fuerte, creo. Básicamente estaba buscando buenas historias. Podían ser, por supuesto, de figuras famosas como Magallanes y la historia de la primera circunnavegación, pero también historias como la de Robert Dick, un panadero escocés virtualmente desconocido, que sentí que decía algo de la curiosidad, de la necesidad de entender el mundo que nos rodea, como una fuerza muy poderosa.
El escritor y periodista sueco Patrik Svensson visitó Buenos Aires para presentar Un inmenso azul. Foto: Ariel Grinberg.–Mencionó a Robert Dick, el panadero escocés que, sin saberlo, encontró un fósil del que se considera como el primer animal en tener sexo con penetración. Otro de los personajes importantes del libro es la bióloga marina y divulgadora Rachel Carson. Ninguno de los dos fue un investigador académico y, sin embargo, encarnan el ideal de la curiosidad científica. ¿Qué dicen sus historias acerca de la naturaleza democrática del conocimiento?
–Quería contar especialmente la historia de Robert Dick para crear un balance en el libro. Cuando se habla de Magallanes y los grandes exploradores o los cazadores de ballenas, la exploración del océano ha ido acompañada a menudo de la destrucción. Así que quería un ejemplo de alguien que hubiera explorado por pura curiosidad, que tuviera la pasión de entender el mundo que nos rodea sin ganar nada a cambio. Robert Dick era solitario, nunca se casó ni tuvo hijos. Por supuesto, tenía una mente muy intelectual y hubiera sido un gran académico, pero nunca tuvo la oportunidad de poner un pie en la universidad. Pero por mérito propio se convirtió en uno de los mayores expertos de la naturaleza, las plantas, animales, rocas y fósiles de su parte del mundo. Y lo hizo simplemente porque quería saber.
–En ambos libros también se señala el carácter colectivo de la ciencia. ¿Qué desafíos encuentra para comunicar la ciencia en un momento en el que circulan discursos que cuestionan todo ese conocimiento acumulado?
–Creo que el mayor desafío hoy es tratar de explicar qué es realmente la ciencia, porque tengo la sensación de que mucha gente busca respuestas y respuestas rápidas. Algunas personas las buscan en la ciencia y otras, en otros lugares, pero hay que entender que la ciencia no es un libro con las respuestas definitivas para todo. La ciencia es un proceso en curso, se trata más de hacer preguntas que de dar respuestas. Y hay que verlo como un proceso que se mueve lentamente hacia una respuesta final, pero que nunca alcanzaremos porque siempre habrá más preguntas. A veces, la gente usa ciencia y religión como opuestos. Hay quienes dicen que creen en las explicaciones de la vida que da la Biblia y quienes dicen “creo en la ciencia”. Yo trato de no usar nunca esa frase porque no es algo en lo que se pueda creer. La ciencia no es un sistema de creencias. Podés decir “confío en los métodos, el proceso de la ciencia”, pero no es algo en lo que se cree.
–El año pasado, cuando el streaming del Conicet se convirtió en un fenómeno en nuestro país, circularon muchos artículos intentando explicar por qué tanta gente estaba mirándolo. Entre otras cosas, se dijo es que se trataba de un contenido que evocaba la calma. ¿Por qué es atractiva esa cualidad?
–Es algo sobre lo que yo también he pensado mucho porque cuando pensás en las partes más profundas del océano, es casi como un lugar en el que no existe el tiempo. Por supuesto que existe desde el punto de vista físico, pero no cambia nada ahí abajo. La temperatura siempre es igual, siempre está completamente a oscuras, no hay estaciones, ni día ni noche. Así que da la sensación de que el tiempo no existiera ahí. Eso también atrae. Hay una cita del cantante David Byrne de Talking Heads, que escribió una canción llamada Heaven que dice “el cielo es un lugar en el que no pasa nada”. Y para mí eso es el fondo del mar, en una época en la que todo pasa cada vez más rápido.
–Nada cambia y, sin embargo, en uno de los capítulos cuenta que en una de las últimas exploraciones del fondo marítimo, encontraron una bolsa de plástico.
–Creo que es importante saber, cuando se habla del océano, que durante mucho tiempo, casi toda la historia de la humanidad, las personas han visto al mar como un recurso infinito. Ha sido algo tan enorme y rico, que es como si no importara lo que le hacemos, siempre iba a quedar igual. Esta idea está expresada muy claramente en Moby Dick de Herman Melville y a fines del siglo XIX, cuando se empezó a hablar de la pesca industrial y cómo podría potencialmente dañar al mar y podríamos quedarnos sin peces. La gente dijo “no hay problema, el mar es enorme, es infinito, no importa lo que hagamos”. Por supuesto que no es cierto. Y ahora hemos descubierto que el mar, a pesar de ser tan enorme y poderoso, es muy sensible a lo que le hacemos. Es importante saberlo.
–El misterio y la curiosidad son muy importantes en su obra. Como escritor, ¿conocer algo significa el fin de la imaginación? ¿Hay que mantener vivos algunos misterios?
–Es una paradoja. Me considero una persona de mente científica y pienso que es muy importante que sigamos investigando, observando y explorando para entender mejor qué hay ahí abajo, tenemos que encontrar más especies y formas de vida. Pero como escritor, el misterio es muy importante. Por ejemplo, en mi primer libro sobre las anguilas. El enigma hace que esa historia sea literatura, esos misterios que todavía existen. Por ejemplo, el hecho de que nadie haya visto una anguila en el mar de los Sargazos. Decimos que sabemos que nacen ahí, pero nadie ha visto una anguila allí, nadie las ha visto reproducirse. Ese es uno de los misterios que por supuesto me atrae como escritor. Hay investigaciones que se hacen todo el tiempo tratando de encontrarlas en el mar de los Sargazos. Cuando eso suceda eventualmente, porque va a ocurrir seguro, yo voy a estar contento porque me interesa la ciencia como proceso, pero como escritor voy a estar un poquito decepcionado.
–¿Qué conexiones hay entre el mar y la historia de las ideas?
–Es una pregunta amplia, pero creo que la Era de los Descubrimientos, con Magallanes, Vasco Da Gama y Cristóbal Colón es un período extremadamente interesante que ha afectado a la historia de una forma muy profunda. Afectó cómo la gente mira el mundo, porque cuando Magallanes hizo la circunnavegación, lo hizo con la creencia de que tenía el mandato de poseer todo lo que se encontrara en el camino. Y eso fue el comienzo del colonialismo y el capitalismo, de toda esta idea de que uno puede ser propietario de una parte de la naturaleza, el océano o incluso de otras personas.
–También hay una relación que se destaca entre el mar y la música. ¿Cómo es ese vínculo?
–Creo que el ritmo es un concepto interesante. Claro que somos conscientes de que la naturaleza misma tiene una suerte de ritmo, con las estaciones, el día y la noche. El océano se mueve y fluye con un ritmo especial. Cuando estaba escribiendo el libro, me acordé de un encuentro que tuve con un músico muy conocido en Suecia -no tanto en el exterior- que falleció hace unos años. Él tenía una idea interesante sobre el ritmo, decía que existe en todas partes, como en la materia del universo. Y también decía que existe un ritmo entre las personas. Comparaba el ritmo del mundo con una especie de alma colectiva. Pienso que es una hermosa forma de verlo.
El escritor y periodista sueco Patrik Svensson visitó Buenos Aires para presentar Un inmenso azul. Foto: Ariel Grinberg.–Sus libros son muy personales y emotivos. ¿Por qué le resultaba importante involucrar ese aspecto más íntimo para contar temas científicos?
–Creo que como escritor, uno intenta entender los procesos o la historia completa y con frecuencia uno lo hace reflexionando sobre uno mismo. Cuando estaba escribiendo sobre la anguila, esta gran historia científica sobre cuánto realmente podemos saber sobre la Tierra y el mundo natural, sobre si hay límites para el conocimiento humano y lo que podemos entender sobre otra criatura, tuve que reflejarlo en mi propia historia y mi búsqueda de comprender a mi padre. La pregunta “¿cuánto podemos saber acerca de la anguila?” está reflejada en “¿cuánto realmente puedo conocer a mi padre?”
–Pasó por la Feria del Libro, ¿cómo fue la experiencia?
–Nunca había estado en Sudamérica. Estuve en Bogotá, en la FILBo. Para mí es casi una experiencia surreal venir aquí y conocer gente que ha leído mis libros, que ha encontrado algo en ellos que tiene que ver con su propia realidad, incluso cuando puede ser completamente distinta de la mía. Es interesante que hayan leído mi libro sobre las anguilas porque acá ni siquiera existen, nunca han tenido contacto o un vínculo con ellas. Más que nada, es lindo conocer gente.
Patrik Svensson básico
- Creció en Kvidinge, una pequeña ciudad al noroeste de la provincia de Escania, al sur de Suecia, donde desarrolló un temprano interés por la naturaleza y los animales.
- Como periodista ha escrito sobre arte, cultura, sociedad y política, así como sobre ciencia e investigación científica en diversos medios.
- Es autor del aplaudido El evangelio de las anguilas (2019; Libros del Asteroide, 2020; premio August 2019) y de Un inmenso azul (2022; Libros del Asteroide, 2024). Actualmente vive en Malmö.
Un inmenso azul. Una oda al mar y sus maravillas, de Patrik Svensson (Libros del Asteroide).










