La carta fue escrita una vez en las islas Malvinas, por un soldado de 19 años en plena guerra, pero llegó no una sino dos veces a Villa Mercedes, San Luis, su destino original. Ahora, más de cuatro décadas después de la guerra, la mamá de Héctor Daniel Ponce recibió otra vez la carta que le fue arrebatada a su hijo mediante un engaño y que ahora iba a ser subastada por eBay. Ponce se mostró en un conmovedor video con su madre, que lloró al releerla: «Tenemos que conseguir las otras cartas, ¡pero ya tenemos una!».
Como hace 44 años, la carta que Héctor Daniel escribió de puño y letra desde las Islas Malvinas llegó a Villa Mercedes, San Luis, a la casa de los Ponce. Las circunstancias, claro, son notoriamente diferente: entonces Héctor tenía 19 años, y ese 29 de abril de 1982 era parte de la Compañía de Ingenieros Anfibios de la Infantería de Marina; hoy, tiene 64 y es veterano de guerra.
Muchas otras cosas habrán cambiado, pero no la presencia de la madre de Ponce, que sigue allí y que, como la primera vez, volvió a sacar la carta del sobre membretado con el sello postal argentino de las Malvinas.
En 1984 a Ponce le quitaron su correspondencia de 17 cartas enviadas desde el archipiélago mientras participaba de la guerra.
Fue víctima de un ardid: una persona en muletas alegó ser, al igual que él, un excombatiente, y también colaborar con un supuesto libro nuevo en el que estaba trabajando Ernesto Sábato, célebre escritor argentino que impulsó, además, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). Pero todo eso era mentira, y este domingo 24 de mayo, a 42 años de ese engaño, iba a terminar la subasta de una de esas cartas.
El pozo superaba los 300 dólares a mitad de la semana pasada, cuando Ponce logró que eBay, la plataforma de comercio electrónico de alcance global, diera de baja el remate e intermediara en la devolución de la carta.
Este martes fue el mismo veterano el que mostró el momento en que volvió a poner esa carta en manos de su madre, que quedó retratado por el periodista Fernando Guajardo.
«¡Tranquila, abuela Tita!», le gritan de fondo a la madre de Ponce, que acompañada de él rompe en llanto al ver la carta. Ponce intenta consolarla, mientras ella tiembla al tratar de desdoblar despacio la hoja escrita: «Vamos a conseguir (las otras cartas), ¡pero ahora tenemos una carta! ¿Qué le vamos a hacer? ¡Una!».
—¡Por lo menos! —se alivia su madre.
—Sí, por lo menos la conseguimos. Jesús, quien me la consiguió, es también quien me la envió por correo. ¡Mirá vos: dos Jesús! ¡Cómo son las cosas! —añade Ponce, vestido con atuendos de los Veteranos, durante el video.
Y luego celebra el estado de la carta: «Está impecable, bien conservada, a pesar de que era un aerograma de aquélla época. Es una alegría que ella (su madre) la tenga acá, en su mesa de luz».
Abuela Tita, por su parte, dice compungida: «Muchas gracias por todo».
«Estas cosas son caricias al alma», culminó Ponce en el video.
La carta que Ponce escribió a su familia el 29 de abril de 1982, desde Malvinas.El engaño que dejó a Ponce sin correspondencia
«Bueno, viejos, será hasta pronto. Guarden todas las revistas que salgan, (o) cosas sobre las Malvinas, así cuando voy les explico todo. Reciban un fuerte beso y abrazo del soldado clase 62, Héctor D. Ponce. ¡Vivan las Malvinas!», se lee en el inicio de la carta, que abre con un «queridos viejos».
Relataba en esa correspondencia cómo eran los días en el archipiélago, por entonces dos días antes del primer ataque británico. Como esa hubo otras 16 cartas, aunque la del 29 de abril enviada a sus padres es la que Ponce logró recuperar en otra campaña de la solidaridad que suele despertar la causa Malvinas.
Hace poco más de una semana, Ponce recibió un aviso: un mensaje de Facebook en el que le alertaban sobre la subasta de su manuscrito. «Me presento, soy Jesús Castro, de Mendoza. Soy un coleccionista y aficionado a temas de la guerra de Malvinas. Te quería avisar que, creo, están vendiendo una carta que te pertenece», le advertían al veterano de Malvinas.
La subasta fue finalmente dada de baja por eBay, y la carta será devuelta a Ponce.«Es mía. Cuando la vi me quería morir», confesó Ponce a la prensa puntana cuando se conoció la noticia. También recordó que en 1984 una persona se presentó en su casa de Villa Mercedes, en San Luis, caminando con muletas y dijo ser excombatiente, al igual que él. También le mencionó que Sábato estaba trabajando en un libro sobre la cuestión Malvinas y que buscaba, con ese propósito, correspondencia original de los soldados conscriptos argentinos.
Ponce le ofreció fotocopias de las 17 cartas que logró escribir para su familia desde las islas, pero esa persona insistió en la importancia para Sábato de contar con los originales que, finalmente, aceptó encargar. Dijo que un compañero de compañía suyo, Edgardo Guerrero, también cayó en la trampa de la misma persona.
«La única forma de decir que estábamos vivos era la carta. Cuando recibían la carta, en Argentina sabían que hasta el momento en que la mandaste estuviste vivo. Y para mí enviarlas significaba pensar que sería la última carta que enviaría y la última señal de que estuve vivo aquí, en la guerra. ¡La importancia que tenían esas cartas!», dijo Ponce a TN días atrás.
Ahora él y su madre recuperaron una de esas pruebas de vida.










