La ola polar no dio tregua la última semana y los lugares bajo techo fueron un refugio en la Ciudad. En el subte, sin embargo, sucedió algo particular. Si bien en las estaciones el clima ofrecía un alivio contra la temperatura hostil de la intemperie, al subir a algunos vagones la sensación era como volver a salir a la calle, por lo frío del aire acondicionado.
La situación se vivió en algunos coches de la línea B que tienen apertura manual de puertas y funcionan en Buenos Aires desde 2014, cuando arribaron procedentes de España. En ese momento se habían adquirido 86 unidades con 14 años de antigüedad. La nota en Clarín de aquella época anunciaba justamente que los “nuevos” subtes tenían aire acondicionado.
La anomalía térmica bajo tierra sucede desde hace tiempo, según corroboró Clarín durante los últimos meses en reiteradas oportunidades. Fuentes de Emova, administradora del subte, respondieron a la consulta: “Nunca hasta ahora tuvimos una queja por frío en el subte, siempre los reclamos son por el calor”. De todos modos, se comprometieron a dar una explicación.
Que la concesionaria no admita demandas al respecto no significa que no las haya: «Subte del or… te prenden el aire acondicionado con 5 grados y en verano bien gracias», escribió una usuaria por estos días en redes sociales. «El subte sigue en mood verano y circula con el aire acondicionado prendido», posteó otra. «El subte con el aire acondicionado prendido. De dónde venís, de Saturno pelot… 14 grados hace», afirmó una tercera.
La cuestión con los CAF 6000 es que, a diferencia de los otros vagones de la línea B (los Mitsubishi, de tapizados bordó) sus ventanas herméticamente cerradas exigen que el aire acondicionado esté encendido. Desde la empresa detallaron que “las formaciones CAF tienen las temperaturas que se regulan en forma automática. Emova setea el 1 de octubre a 22 grados y el 1 de junio, a 24 grados”.
Cuando se explicó que la temperatura dentro de los vagones era similar a la de la calle -que en el momento de la consulta rondaba los 12 grados-, ofrecieron un curioso argumento: “El compresor del aire no puede bajar de los 20 grados”. Pero las imágenes de los pasajeros con los brazos cruzados, las camperas subidas hasta el cuello y en algunos casos complementadas por bufandas y gorros desmentía esa premisa optimista.
Los reparos se multiplican desde hace tiempo: «Línea B de subte con el aire acondicionado a todo lo que da en frío, pero muy frío! Esta ciudad atenta contra nosotros», había posteado ya un usuario en el invierno de 2025. «10:24 am, 13 grados en CABA, entro al subte: aire acondicionado en frío a toda máquina. Son los peores», decía otra pasajera para la misma época de julio, entre varios testimonios.
Le cuesta encontrar un equilibro
Si bien la situación es más llamativa en épocas invernales, debido a la ya de por sí escasa temperatura ambiente, este patrón de climatización no escapa a los meses de verano cuando, a pesar del calor sofocante que reina escaleras arriba, dentro de estos vagones suele ser necesario recurrir a un abrigo para soportar el aire congelado. También hay reclamos frecuentes por la contraria, cuando el aire brilla por su ausencia y cuesta respirar.
La ciclotimia, en rigor, excede a la línea B. Hace una semana, dos pasajeros marcaban esta bipolaridad térmica con la sintaxis propia de la red X: «Me acabo de subir al subte E y tiene el aire prendido hermana estamos a fines de mayo y son las 7 de la mañana», decía uno. Y su contraparte señalaba: «El subte E tiene más de 7 minutos de demora, los vagones todas las ventanillas cerradas y no prenden el aire».
En suma, es como si al sistema de refrigeración le costara encontrar un equilibrio y entonces la chance de viajar con una temperatura agradable queda en un umbral de incertidumbre. A lo que hay que agregar la variable del calor humano. No es lo mismo un subte en la hora pico, cuando la gente que llena los vagones hace mayor contrapeso calórico, que otro semivacío en el que el espacio libre abunda y todo tiende a enfriarse más.
Los vagones Mitsubishi no tienen aire acondicionado y permiten abrir las ventanas. Foto: XinhuaVolviendo al presente, ¿por qué si el termostato está puesto en 22 grados, como asegura Emova, la sensación en los vagones sería tan inferior? Nadie pudo responder con certeza esta pregunta. Sólo conjeturaron que el aire frío de los túneles podía colarse e influir en el resultado, aunque esa hipótesis no parecía consistente con el hecho de que dicho aire es el mismo que ingresa por las ventanas abiertas de las formaciones sin climatización. Especular con una realidad paralela cabría sólo en el guión de una secuela de Moebius.
En el nodo de Carlos Pellegrini, donde se realiza la combinación con las líneas C y D, un guardia de Emova primero se mostró sorprendido ante la inquietud por el aire acondicionado. Aunque de inmediato soltó: “Son los de tráfico. En verano hay que pedirles por favor que lo prendan y en invierno… No se puede creer. En la C hacen lo mismo”.
Pero esta vez la temperatura en la C era razonable. Caribeña comparada con la B. Una buena noticia para los pasajeros que llegaban del frío. Con la curva de la gripe en ascenso, según muestra el último Boletín Epidemiológico Nacional, un vendedor ambulante trataba de aprovechar la coyuntura para seducir a la potencial clientela con 60 pañuelos de papel a sólo 2 mil pesos.
Aunque el misterio insondable encerrado en el contrasentido climático del subsuelo porteño persista por algún motivo presuntamente inconfesable, es probable que los responsables del asunto acusen recibo tras el interés periodístico. Al menos en las últimas horas, el «freezer» en la línea B parecía desenchufado, como una admisión tácita de que algo que se estaba haciendo de una manera había que hacerlo de otra.










