bicampeón de Europa y cada vez más grande

bicampeón de Europa y cada vez más grande

Bajo la luna de Budapest, Luis Enrique baila de cara a los hinchas de París Saint Germain, que lo aman como solo se ama a los ídolos. El entrenador español de 56 años se muestra eufórico en el festejo y contagia con su energía a sus dirigidos, extenuados después de más de dos horas de tensión entre el tiempo regular, el suplementario y los penales. Y si hay fiesta en Hungría para los franceses es porque tienen a un conductor que se encargó de diagramar todo en la previa para que el final fuera perfecto ante el duro Arsenal de Mikel Arteta. Se habla del camino transitado, no tanto del duelo definitorio, en el que el juego no brilló. Poco importa eso a la hora de la celebración. PSG, ese equipo al que la Champions League le fue históricamente esquiva, es bicampeón gracias a la mano, la mente y el corazón del nacido en Gijón. Y una sensación de justicia divina aflora cada vez que Luis Enrique se corona, porque se lo considera uno de los mejores técnicos de la actualidad y, lo que es aún más loable, una persona intachable.

Esta vez no hubo referencias directas a Xana, la hija de Luis Enrique, que murió en agosto de 2019 con apenas 9 años a causa de un cáncer de huesos. En la primera alegría con Barcelona, en 2015, el español festejó en la mitad de la cancha junto a su pequeña hija, que sostenía una enorme bandera culé. Los hinchas franceses le regalaron esa postal en una enorme trapo durante la final que PSG le ganó 5-0 al Inter en Alemania, y él levantó la Orejona con una remera negra especial que la recordaba. “Xana está con la familia y con todos sus amigos todos los días, se gane, se pierda, se levante uno de buen o de mal humor. Cuando uno ama a las personas desde el corazón es así. Siempre está conmigo, con mi familia, y hoy seguro que estaría por aquí corriendo, aunque quizás sería un poco más mayor. Es un día muy bonito”, se emocionó el entrenador el año pasado en Múnich. En esta noche húngara festiva, la emoción se consumió para adentro.

Pero la resiliencia y su calidad humana no son los únicos argumentos que despiertan el cariño hacia el DT: su propuesta futbolística es lo que enamora. Arrasó y brilló tanto con Barcelona como con París Saint-Germain. Se repite que la final de Budapest no fue su máxima expresión, pero el equipo llegó al límite desde lo físico; Ousmane Dembélé y Khvicha Kvaratskhelia tuvieron que pedir el cambio en el segundo tiempo, por ejemplo.

Lo esencial para Luis Enrique es la movilidad y la solidaridad. Su idea de fútbol siempre fue ambiciosa y ofensiva, y su pico máximo tal vez haya sido con el tridente Neymar-Suárez-Messi en Barcelona (2014-2017). Para el entrenador no existen las estrellas más allá de Lionel Messi, el único al que se le pueden permitir ciertos privilegios. Por eso no se lamentó demasiado cuando Kylian Mbappé se marchó al Real Madrid para ganar la Champions League. Allí, en esa salida del goleador francés que muchos imaginaron traumática, Luis Enrique vio el futuro. Y armó un equipo de autor en el que todos corren, incluso Dembelé, el ganador del Balón de Oro.

Luis Enrique va derribando mitos. Con su tercera Orejona, se ubicó en el segundo puesto entre los entrenadores más ganadores, junto a Zinedine Zidane (Real Madrid 2016, 2017 y 2018), el inglés Bob Paisley (Liverpool 1977, 1978 y 1981) y su compatriota Pep Guardiola (Barcelona 2009 y 2011; Manchester City 2023). En lo más alto del podio sigue el italiano Carlo Ancelotti, que se consagró cinco veces (Milan 2003 y 2007; Real Madrid 2014, 2022 y 2024). Más marcas de Luis Enrique: es el primer entrenador español en ganar dos títulos consecutivos de la Copa de Europa/UEFA Champions League desde José Villalonga, quien lo logró con el Real Madrid en las temporadas 1955/56 y 1956/57.

«Son el mejor equipo del mundo por cómo están organizados en el campo y luego por las individuales. Salen de situaciones cerradas con los laterales y sus interiores. Es una cosa que no he visto jamás. Es muy difícil dominarlos», se rindió Mikel Arteta tras la final perdida.

Luis Enrique ya es una celebridad en PSG, por supuesto. Desde que llegó, hace tres temporadas, ganó 12 de los 15 títulos que disputó. Solo cayó en las semifinales de la Champions League 2024, perdió la final del Mundial de Clubes ante Chelsea y fue eliminado en los dieciseisavos de final de la última Copa de Francia. Su palmarés se compone de tres ligas, tres Supercopas de Francia, dos Champions League, dos Copas de Francia, una Supercopa de Europa y una Copa Intercontinental.

«El partido empezó de la mejor manera para ellos, con un gol tempranero. A partir de ahí, saben cómo defenderse. Ha sido muy duro. Estamos acostumbrados a atacar de esa forma, con muchos jugadores detrás del balón, pero ellos son muy fuertes físicamente, es la realidad», explicó Luis Enrique. Y fue más allá, dejando un mensaje para el futuro: «Creo que nos lo merecemos por cómo hemos jugado toda la temporada. Estamos muy contentos y queremos volver a estar ahí el año que viene. ¿Por qué no?».

«¿Leyenda, yo? Eso no me interesa», fue la última corta y contundente respuesta del técnico bicampeón de Europa en el campo de juego. Toda una declaración de principios.

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