«El clima es terminal; está muy complicado». Esas fueron las palabras que utilizó una de las personas que más sabe en Argentina -son muy pocas, en realidad, lamentablemente- cuando se le pidió una definición de la actualidad del alto rendimiento nacional.
«La situación es caótica. Está absolutamente todo desfinanciado y no alcanza al dinero salvo para pagar los sueldos y las becas», agregó la fuente. Desde el Gobierno nacional no hay la más mínima intención de apoyar al deporte.
Se dijo y se recuerda: Javier Milei, en su campaña electoral, minimizó al extremo al deporte cuando en un programa de TV, fibrón negro mediante, tachó el Ministerio que por entonces conducía Matías Lammens y lo sacó de circulación para su próxima gestión.
Pasaron algo menos de tres años de aquella situación y sucede lo que marca la historia, en definitiva. Porque nadie le muerde la mano a quien le da de comer, aunque sean migas. Entonces (casi) nadie protesta. Es que el deporte argentino siempre fue oficialista. Siempre se dejó la ideología de lado con la excusa de “estoy en el deporte y no me meto en política”. En general y salvo algunas excepciones de quienes tienen alguna espalda para bancarse lo que venga, el “no opino y no digo” existió siempre. Existe. Y existirá.
(Casi) nadie reclama que no está la intención política de rehabilitar la ley del Ente Nacional de Alto Redimiento Deportivo (aquel del porcentaje de los celulares destinado al deporte) por múltiples motivos. Y nadie muestra siquiera un poder de reacción. Ni el propio ENARD, ni el Comité Olímpico Argentino. Menos, la subsecretaría de Deporte, aunque en su caso por razones lógicas. «Pasan los años, pasan los deportistas…» (podría cantarse como en una cancha de fútbol) y aunque desde el anonimato muchos sostengan la esperanza y sigan buscando soluciones, la sensación de «nadar en dulce de leche» permanece.
En los últimos días se conocieron dos ejemplos claros del estado de emergencia existente.
Por un lado la Federación Argentina de Tenis de Mesa informó que no organizará el WTT de Buenos Aires previsto para este año «debido a la actual situación que afecta al deporte argentino», según publicó en sus redes sociales.
«El sistema de financiamiento del deporte nacional atraviesa una crisis sin precedentes: el ENARD opera con un presupuesto de emergencia y el apoyo del Estado para eventos internacionales es prácticamente inexistente. A eso se suma que Argentina se ha convertido en uno de los países más costosos del mundo en dólares, lo que hace inviable financieramente la organización de un torneo de esta magnitud», describió el posteo.
Por el otro, la atleta Micaela Levaggi -por mucho, la mejor mediofondista argentina- anunció que rifa la ropa que le da su auspiciante de indumentaria para financiarse su participación en torneos europeos.
Son sólo dos muestras. Hay más…
La política deportiva argentina, aquella que permite desarrollar la iniciativa y el liderazgo de los principales actores interesados en los asuntos fundamentales para el desarrollo del deporte, tuvo un cambio clave cuando en 2009 se pensó en el ENARD. Argentina requería la aparición de un modelo superador, de una herramienta que cambiara la historia y que contribuyera a que sus atletas contaran con las condiciones necesarias para planificar sus carreras sin dificultades ajenas al propio desafío de su actividad.
A partir de ahí también apareció la pregunta: ¿desarrollar el deporte para ganar medallas? Ambos objetivos no son mutuamente excluyentes y pueden conseguirse en una forma independiente. Algunos países escalan en el cuadro de las medallas olímpicas a partir de estrategias de inversiones concentradas en un reducido número de deportes o nacionalizando atletas extranjeros. En contrapartida, otros logran superarse en determinados deportes sin modificar sensiblemente su posición internacional. Está claro que Argentina no apostó por incluirse en el primer grupo. Y tampoco pudo desarrollarse en la segunda opción.
La atleta Micaela Levaggi, un ejemplo de talento y tenacidad.Como la creación del ENARD vino a complementar los fondos de la secretaría de Deporte, a los mismos se los direccionó hacia fines específicos. Entonces fueron derivados a los deportes de equipo, que forman parte de un verdadero desarrollo cultural de nuestro país que va más allá de una política deportiva. Y cuando en un momento no se priorizaron los Juegos Sudamericanos o los deportes por afuera del programa olímpico, esos fondos sirvieron para privilegiar los Juegos Panamericanos y los pocos deportes olímpicos con algún tipo de posibilidades, no sólo en medallas sino también en diplomas.
El mejor rasgo de la política deportiva argentina en los últimos años fue el éxito de los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018 que tuvo un programa de cuatro años para la detección y el desarrollo de los talentos que dio mucho más que la importante cantidad de podios conseguidos. Apenas algunos de esos jóvenes -los que fueron olímpicos y los que se quedaron en la puerta de serlo- hoy están diseminados por el alto rendimiento.
Si bien la máxima responsabilidad en obtener los resultados deseados corre por cuenta de las federaciones nacionales, el desafío que siempre se planteó el ENARD fue, a través de ellas y con su apoyo, conseguir medallas a partir del desarrollo colectivo de las federaciones nacionales que asuman el compromiso de intentarlo. El objetivo del ENARD desde su fundación en cuanto a resultados fue proponerse superar sus logros en cada ciclo olímpico y posicionarse en el percentil 90 del universo competitivo. Por lo dicho más arriba -desfinanciamiento, inacción de los principales actores y, sobe todo, carencia de una política deportiva- está claro que hoy es imposible aspirar a ese propósito.
Hay que tomar los dos deportes más importantes del universo del olimpismo para entender un poco mejor cómo es la situación.
El atletismo, en Sudamérica, cada vez está más lejos. Ni siquiera hay que contar a Brasil y Colombia, que «juegan» en otra liga; Chile, Ecuador, Perú y hasta Venzuela y Uruguay están en una mejor posición. Todos esos países menos Chile sacaron medallas mundialistas últimamente. Argentina estuvo lejos de hacerlo.
En natación también las diferencias son amplias más allá del caso puntual de Agostina Hein. Brasil le sacó a Argentina (y al resto de Sudamérica) una diferencia abismal y su equipo A ya ni siquiera participa del torneo continental. Es más, el foco de los nadadores brasileños está puesto en los grandes campeonatos internacionales y antes de cada cita se suceden las concentraciones en Sierra Nevada para aprovechar la altura. Se preparan para mejorar cada vez más. Y lo hacen
Agostina Hein, una de las deportistas del año gracias a su crecimiento en natación.Pero… No todo es tan oscuro.
Además de Hein -la campeona del mundo junior 2025 en 400 metros libre, que ya fue olímpica en París 2024 con apenas 16 años, es una versión mejorada de Delfina Pignatiello, la última gran nadadora que tuvo Argentina-, hay un grupo de entre 15 y 20 chicos que integran el programa Transición al Alto Rendimiento (TAR) del ENARD a quienes hay que prestarles atención. Un puñado de ellos tienen proyección de clase A con ocho años de trabajo por delante aunque en este punto es donde se complica la cuestión porque todo está empantanado por una gestión a la que no apoya el Estado. ¿Entonces? La salida, como en Brasil o Colombia, por dar dos ejemplos sudamericanos, está en el sector privado.
¿Cuáles son otras figuras para tener en cuenta? A repasar:
Natación. El espaldista Ulises Saravia (también olímpico en París 2024 y medallista en el Mundial junior de 2023 y en los Juegos Panamericanos de Santiago 2023) y la también espaldista Malena Santillán (oro en los Juegos Panamericanos Junior de Asunción 2025 y triple medallistas en los Juegos Panamericanos de la Juventud de Panamá 2026).
El marplatense Ulises Saravia.Atletismo. Juan Manuel Arrieguez (octavo en lanzamiento de bala del Mundial Sub 20 de Cali 2022, oro en los Juegos Sudamericanos Junior de Asunción 2025 y bronce en el Campeonato Sudamericano de Mar del Plata 2025), Giuliana Baigorria (oro en lanzamiento de martillo de los Juegos Sudamericanos de la Juventud de Rosario 2022) y Renata Godoy (bicampeona argentina de heptatlon en 2022 y 2024 y plata en los 400 metros con vallas de los Juegos Sudamericanos de la Juventud de Rosario 2022).
Canotaje slalom. Manuel Tripano (campeón mundial Sub 23 en C1 en Liptovský Mikuláš 2024 y oro en K1 y C1 en el Campeonato Panamericano en Montgomery 2025).
Ciclismo BMX. Thomas Maturano (campeón mundial junior en Glasgow 2023).
Juan Manuel Arrieguez brilló en Asunción 2025. Foto: Prensa COAEsquí náutico. Francisco Giorgis (oro en salto y plata en overall en los Juegos Panamericanos Junior de Asunción 2025, bronce en overall y figuras en el Campeonato Panamericano de Asunción 2025 y número 1 del mundo Sub 17 en overall en 2025).
Gimnasia artística. Isabella Ajalla (ganadora de cinco medallas en los Juegos Sudamericanos de la Juventud de Rosario 2022 y plata en viga en la Copa del Mundo de Jesolo 2026).
Gimnasia trampolín. Santiago Ferrari (campeón en doble mini tramp en la Copa del Mundo de Santarem 2023 y bronce en los Juegos Panamericanos de Santiago 2023).
Zoe Manggia, equilibrio y elegancia sobre ruedas, representante argentina en el patín artístico.Judo. Galo Villavicencio (bronce en los Juegos Sudamericanos de la Juventud de Rosario 2022 y plata en la Copa Panamericana Junior de Santo Domingo 2025).
Patín artístico. Zoe Manggia (11° en el Mundial junior de Pekín 2025).
Pesas. Luz Casadevall (campeona mundial junior en Lima 2024 y bronce en el Mundial junior en El Cairo 2026).
Luz Casadevall viene de lograr una gran actuación en El Cairo 2026.Remo. Santino Menin (sexto en single ligero del Mundial U23 de Poznan 2025).
Francisco Giorgis, presente y futuro en el esquí náutico.Taekwondo. Santino Policelli (doble medallista en los Campeonatos Panamericanos de Río de Janeiro 2024 y 2026).
Hay gente trabajando por estos pibes. Gente que busca el apoyo en el Congreso para que salgan las leyes de mecenezago y de sponsorización que son activamente utilizadas por provincias como Chaco o San Luis por ejemplo, pero que no tienen un alcance nacional.
Son leyes que permiten derivar de los ingresos brutos de los particulares hasta el 5 por ciento a los programas deportivos. La propuesta de hacer una ley nacional de mecenazgo permitiría recaudar dinero para el deporte a través del impuesto a las ganancias pero no hay movimientos con respecto a ello más allá de alguna reunión aislada con Martín Menem o algún otro diputado. La consigna de algunos pocos dirigentes deportivos es: «No nos darán el pescado; les pedimos que nos enseñen a pescar».
Hay también gente que trabaja en profundizar los convenios internacionales, en buscarle la vuelta al asunto para que el deporte argentino salga de su parálisis. No hay tiempo. Y se acaba el poco que queda por delante.










