Poco tiempo despuésde que se conociera la noticia de que la colección Daros de Suiza había adquirido una importante cantidad de las más destacadas piezas de exploraciones cinéticasde Le Parc que aún permanecian en poder del artista, me encontré a con él, de paso por Paris. Almorzando cerca de su taller en Cachan, me cofirmó la noticia. Y, muy entusiasmado me adelantó que esas piezas, que habían estado guardadas por tanto tiempo, se estaban restaurando para la exposición que Daros inauguraría en Zurich en 2005 con el nombre de Le Parc Lumière. Y así fue. La exhibición viajó luego a Río de Janeiro y a Buenos Aires donde la pude ver, primero en la Fundación Daros y luego en el Museo Malba. Luego recorrió varias capitales de Latinoamérica.
Con la importancia de esa noticia recuerdo muy especialmente un detalle lateral de nuestra conversación del 2005. Casi como en secreto me confesó que lo que más valoraba de la operación que había cerrado con Daros es que le permitía remodelar el taller de toda una vida y acondicionarlo como para transformar parte de él en viviendas para sus hijos y para Martha, la madre de sus hijos.
Unos años más tarde, en ese lugar, ya renovado celebró sus 80 años con una gran fiesta rodeado del grupo familiar que tan cerca lo acompaño a lo largo de su extensa vida y los amigos que vinieron de la Argentina y París.
Antes y después de la impactante muestra Le Parc Lumiére continuaron sucendiéndose las invitaciones a participar en diversos espacios europeos, en los Estados Unidos y en Latinoamerica. Le Parc fue una de las figurasmás destacada de la muestra Lo (s) cinético (s) organizada en el MNCARS Museo Reina Sofía en 2007. En 2011 participó de la muestra Erre, variations labyrinthiques en el Centro Pompidou de Metz. Y fue a partir de allí que el director del Palais de Tokyo, lo convocó para una muestra individual que se realizó en 2013. Esa exhibición monográfica que ocupó unos 2000 metros cuadrados de la renovada institución parisina con obras dedistintas etapas de la carrera del artista, contó con la participación activa de su hijo Yamil en la producción.Un año antes, para la Nuit Blanche –versión parisina de la noche de los museos–, Le Parc propuso una proyección luminosa sobre el Obelisco de la Place de la Concorde.
Sin embargo y más allá de todos esos éxitos, a ese punto el artista solía lamentar la falta de reconocimiento en su propio pais, al que siempre volvió y tuvo presente a pesar de la cantidad de años años que pasó afuera.
Pero el reconocimiento tan deseado llegó tras cumplir los 90. Esta vez Julio celebró su novena década en Buenos Aires en la paradisíaca Isla El descanso, en Tigre, gracias al coleccionista y amante de la naturaleza Claudio Stamato quien ofreció a su celebración un marco inolvidable. Allí estuvieron familiares y amigos de toda la vida, Perla Benveniste y Eduardo Rodríguez quien fue uno de sus más cercanos compañeros desde la juventud y lo acompañó en su obra cantidad de veces.
En 2019 la ciudad entera le rindió tributo a través de distintas exhibiciones que tuvieron lugar en cuatro de los espacios de mayor prestigio.
La muestra que le dedicó el Museo Nacional de Bellas Artes hizo foco en una inolvidable selección de obras de sus años de formación en la Escuela de Bellas Artes. Justamente fue una experiencia en ese mismo Museo que estimuló en Le Parc alguno de los rumbos que el artista tomaría después. En 1958 gracias a la gestión de Romero Brest, se exhibieron en el Museo cuarenta y dos obras del artista húngaro Victor Vasarely que le cambiaron la cabeza a muchos de los jóvenes artistas argentinos –entre ellos a Le Parc según él mismo confesó–.Sobre todo por las novedades que el húngaro planteaba con relación a los juegos opticos que los ponian al tanto de las novedades de la Gestalt y las teorias de la psicología de la percepción,
Así la suma de itinerarios sobre la obra de Le Parc que ofreció Buenos Aires durante varios meses en 2019 fueron revelando al público argentino cómo las tempranas obsesiones del artista se fueron convirtiendo en exploraciones radicales de una enorme coherencia del principio al final de su trayectoria
Así también, varias de las salas del (en ese momento conocido como CCK) hicieron lugar a un impactante despliegue de pinturas, instalaciones lúminicas y obras, concebidas entre los años 60 del siglo pasado y la primera década del 2000.De manera que entre una exibición y otra el público pudo calibrar la importancia de los momentos fundacionales frente a las instancias creativasmás conocidas del artista.
Por su parte el Centro Experimental del Teatro Colón se sumó al homenaje con una deslumbrante propuesta de luces y móviles que no hizo más que poner en escena la vigorosa creatividad del artista de 90 años.
Siete años más tarde, uno podia presentir que ese vigor apenas había disminuido ya que se empeñaba en estar en Londres para inaugurar Light. Color. Action, su próxima gran exhibición en la Tate Modern. Pero no, resultó que Julio no era inmortal aunque lo parecia,
Frente a este momento cabe valorar como uno de los mayores logros de la empresa familiar que lo acompañó y asumió la gestión del Atelier Le Parc en la persona de su hijo Yamil, es que mucho de esto podrá tener continuidad.










