En Cuba, despertarse y que haya luz es una noticia. Millones de personas viven pendientes de los apagones, del agua, de si la comida se ha echado a perder en la nevera o de si podrán cocinar ese día. La crisis eléctrica condiciona todas sus rutinas: lavar, cargar el móvil, subir agua al tanque, cocinar algo antes de que vuelva a irse la luz. Además, la cartilla de racionamiento apenas les alcanza a los cubanos para cubrir lo mínimo. La carne, el agua fría o conservar algo en la nevera se han convertido en lujos.
A esa supervivencia diaria se suma una presión política cada vez mayor. Estados Unidos ha imputado por asesinato y conspiración al expresidente Raúl Castro, de 94 años, por el derribo de dos avionetas anticastristas en 1996. En La Habana hubo una manifestación oficial de apoyo al régimen y de rechazo a Washington. Pero en la calle también se escuchan otras voces: cubanos que culpan directamente a su gobierno de la miseria, otros que siguen viendo a Estados Unidos como una amenaza, y algunos que, desde la desesperación, fantasean incluso con una intervención estadounidense sin saber muy bien qué significaría eso.
En este episodio hablamos con Chabeli, de 30 años, y Osniel, de 40. Ambos viven en La Habana y cuentan cómo se vive ese agotamiento desde dentro. Ana Fuentes conversa también con nuestra compañera Silvia Blanco, que acaba de volver de la isla.
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