Gastón y Nicole solían llevar a su sobrina Agostina Vega (14) a tomar un helado o salir a caminar. Pero las salidas con ella nunca eran tranquilas. Sin previo aviso, la adolescente largaba un sapucai tan fuerte que todos los vecinos se daban vuelta. Sus tíos caminaban rápido y fingían que no la conocían. Ella, a pura risa, corría hacia ellos, los abrazaba y, cuando parecía que todo había terminado, hacía otro sapucai.
«Nos hacía pasar una vergüenza bárbara», cuenta entre lágrimas Miguel, su abuelo materno a Clarín. Así era Agostina Vega, divertida, alegre e irreverente. Quería ser psicóloga y le gustaba ir a la escuela. Este sábado 30, su cuerpo fue encontrado desmembrado en un descampado de 240 hectáreas en el barrio Ampliación Ferreyra en Córdoba, tras una semana de búsqueda.
Tenía sueños, gente que la quería y toda una vida por delante. Su abuelo cuenta que era muy inteligente y que tenía facilidad para imitar voces y tonadas. “Un día aparecía de golpe: ‘Qué haces tío’, entraba y hablaba como española y nos hacía reír a toda la familia”, agrega el abuelo.
Tras el asesinato de la nena, en la casa de los Heredia hay un vacío enorme. No hay risas, ni gritos sapucai, ni tonadas. La cama de Agostina está tendida, con su almohada favorita y su pijama rosa, como la dejó la joven antes de irse aquel sábado 23 por la noche cuando salió engañada de su casa por Claudio Gabriel Barrelier (33), el único detenido e imputado por el crimen.
La familia le agregó unos ramos de flores. Chingunguña, el gato de Agostina, también siente su ausencia. Entra al cuarto, se sube a la cama y se acuesta sobre su pijama durante horas. «Todavía la espera», dice su tío Franco.
Este lunes se conocieron datos relevantes de la autopsia de la adolescente. Oficialmente, fuentes judiciales informaron que la menor sufrió «un daño severo en vísceras» y aclararon que «la pérdida de integridad de órganos dificultaron» la realización del estudio. Además, señalaron que no se pudieron tomar muestras de hisopados «tradicionales» para detectar signos de abuso y la zona pélvica, debido a que las partes estaban muy dañadas por el desmembramiento.
Miguel asegura a Clarín que muchas de las versiones que circularon sobre el crimen de su nieta no son ciertas. Sostiene que Agostina sufrió una muerte «horrible», pero prefiere no dar detalles.
Lo hace para proteger su memoria y también la de su familia que todavía convive con el dolor. Más su hija Melisa, mamá de Agostina, que recién este lunes salió de terapia intensiva tras una descompensación y ahora está en sala común. Se espera que le den el alta este martes.
«Hoy le dieron la noticia a mi mamá, la bisabuela de Agostina, que ya venía sospechando. Estuvo apoyada por dos psicólogas que estaban ahí para poder explicarle, lloró y ¿sabes qué le dijo ella a mi hermana? Que estaba preocupada por mí. No deja de ser mamá».
En medio de la tragedia, asegura que su mujer lo sostiene en estos momentos tan díficiles. Hace un año tuvo un infarto y, en los últimos días, sufrió mucho estrés y angustia por la muerte de su querida nieta. «Hoy me quebré, me largué a llorar», admite. Fue entonces cuando su esposa le apretó el brazo y le pidió que se calmara. Tiene miedo de que a él también le pase algo.
Sin embargo, Miguel encontró una razón para seguir adelante. Su nieta es ahora la fuerza que lo mantiene vivo para pedir justicia. «A mí no me va a pasar nada. Mi corazón va a aguantar hasta el momento que yo cumpla con mi nieta. Si no tuve una meta en todos estos años, mi meta es que se haga justicia. Y no voy a parar hasta que el último hijo de puta que haya tenido que ver algo con la muerte de mi nieta esté preso», dice entre lágrimas.
«Buelo»
Miguel Heredia todavía sonríe cuando recuerda cómo Agostina lo llamaba cuando era apenas una nena. «No era abuelo, ni nono, ni tata, era Buelo«, cuenta. Cada mañana, después de dejar a una de sus hijas en el colegio, Miguel y su esposa pasaban a visitar a Agostina, que en ese entonces tenía dos años.
«No voy a parar hasta que el último hijo de puta que haya tenido que ver algo con la muerte de mi nieta esté preso», dice entre lágrimas. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial. Compartían unos mates con Melisa, jugaban un rato con su nieta y, cuando llegaba el momento de irse, Agostina se ponía a llorar. «Nos veía subir al auto y se largaba a llorar porque quería venir con nosotros», confiesa. Para calmarla, un día la subieron al auto y dieron una vuelta a la manzana antes de regresar a la casa. Y funcionó, Agostina estaba feliz.
«Mi señora la llamó ‘la vuelta del perro’. Cada vez que nos preparabamos para irnos, aparecía y nos decía: ‘Buelo, vuelta pesho’. Y ahí teníamos que subirla al auto y dar una vuelta a la manzana. Ella se quedaba chocha», cuenta Miguel.
Son algunos de los recuerdos que su abuelo no puede dejar de repasar en su cabeza. «Yo estoy fuerte y voy a seguir fuerte. Para mi mujer era el amor de su vida. La primera y única nieta mujer, tengo otro nieto varón», repite.
«Quería ser psicóloga»
El asesinato de Agostina también golpeó a sus amigos, compañeros de curso y docentes. “Tenía una sonrisa hermosa. A principio de año, el profesor de música le hizo unas preguntas y ella dijo que quería ser psicóloga», confiesa a Clarín una de las maestras de Agostina.
La preceptora y docente de Agostina Vega. «Tenía una sonrisa hermosa». Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial. La joven puso que su comida favorita era el asado y que le gustaba ir a la escuela. Como todo adolescente lo que más disfrutaba eran los recreos.
Sus maestras no pueden creer lo que le pasó a Agostina. «Tenemos que estar atentos a los riesgos a los que están expuestos niños y adolescentes». Por eso, convocan a vecinos, docentes y alumnos a participar de la marcha que se realizará este miércoles a las 17 en la esquina de Colón y General Paz.
«Hoy es Agostina, pero todos los días nos llegan fotos de chicas que no aparecen», advierte una de las docentes. Y agrega: «Tenemos que cuidar mucho a las infancias y adolescencias. Tenemos que ser miles en esa marcha».
Córdoba. Enviada especial










