Murió «de tristeza» la ilustradora y cineasta Marjane Satrapi, autora de ‘Persepolis’

Murió «de tristeza» la ilustradora y cineasta Marjane Satrapi, autora de ‘Persepolis’


Había algo de natural estupor en la mirada de su personaje, que se llamaba Marjane como ella y que no comprendía el sinsentido de la política extremista de su Irán natal, que no extraña esa fórmula que está recorriendo por estas horas el mundo y que dice que la artista franco-iraní Marjane Satrapi «murió de tristeza» este jueves a los 56 años. Aunque no hubo mayores precisiones, la declaración de su familia, la referencia a su reciente viudez, el destino del planeta… quién sabe cuánto más le fue insoportable a una «inmensa artista que transformó una infancia iraní en una fábula universal», como la definió hace minutos el presidente francés Emmanuel Macron.

Muchos artistas de todo el mundo recordaron la huella que aquel trabajo inicial de Satrapi dejó en ellos, mientras que Macron recordó en un comunicado oficial la obra más famosa de la artista, la tetralogía autobiográfica Persépolis, a la que definió como «un inmenso éxito popular. Con su mirada infantil, su ironía, su ternura y sus demonios interiores, la autora creó un mundo conmovedor con el que los lectores se identificaban«, señaló el mandatario.

Publicada en francés por L’Association, esa novela gráfica de cuatro tomos que recorre su infancia en un Irán moderno y progresista, su adolescencia a la sombra de la revolución teocrática y su exilio en Europa, la dio a conocer al mundo a principios de la década de 2000.

Pero, desde entonces, Satrapi se animó a experimentar en otras disciplinas artísticas. Por un lado, dirigió varios largometrajes, entre ellos Radioactive, que se estrenó en Francia en marzo y que narra la vida de la científica Marie Curie. Pero además, y hasta el 28 de noviembre, sus pinturas seguirán expuestas en una galería de París.

Las mujeres, el mundo femenino, las complicidades y los sometimientos (tanto en Irán como en la Europa del primer mundo) recorrieron toda su obra. Tenía una mirada feminista que se construyó entre su madre y su abuela, dos influencias en su vida.

n octubre de 2020, le dijo al diario francés Le Monde: «No habría llegado hasta aquí si no fuera la hija de mi madre, esa mujer nacida en 1945, dotada de un enorme potencial, llena de sueños, pero a quien la sociedad iraní no dejó de frenar. Me viene a la mente una expresión persa cuando pienso en su destino: «¡Qué nadador tan fantástico! ¡Lástima que solo tuviera una bañera!». Pues eso. Así es mi madre, frenada, oprimida, obstaculizada por una época que veía con muy malos ojos que las mujeres trabajaran. Eso se le quedó atragantado».

La pena de Marjane

«Marjane Satrapi murió de pena poco más de un año después de la muerte de Mattias Ripa, su marido y el amor de su vida«, expresaron sus familiares y allegados este jueves en un comunicado enviado a la Agencia France-Presse. Mattias Ripa, productor, actor y guionista, falleció el 8 de abril de 2025.

Ella había nacido en Irán y creció en una familia de intelectuales que le legaron un capital cultural rico. Llegó a Francia en 1994, pero ese origen nunca la abandonó, ya que los recuerdos de infancia y la cultura iraní recorren toda su obra.

Había viajado a Europa a estudiar artes en la Escuela Superior de Artes Decorativas de Estrasburgo, pero sobre todo había escapado de un régimen que no tenía otro lugar para las mujeres que el del sometimiento total. En Europa fue donde publicó en 2007 Persépolis.

Con un trazo simple, apelando solo al blanco y al negro, Satrapi fue capaz de desnudar la gran complejidad de la sociedad iraní con la potencia del discurso claro, casi pedagógico, y la belleza dura y poética de sus personajes, cada vez más asfixiados y anulados por la llegada al poder del ayatolá Jomeini en 1979.

Persépolis, de Marjane Satrapi. Archivo Clarín.

Satrapi pensaba que nadie querría editar su libro en Europa. “Cuando era estudiante tenía clara una cosa: iba a ser pobre. Viviría en una buhardilla, comería siempre pasta y nunca iría de viaje, pero trabajaría en lo que me gustara. Con Persépolis, ni siquiera pensaba que encontraría un editor”, le dijo hace tiempo al diario español El País.

La historieta fue adaptada al cine, a cuatro manos con Vincent Paronnaud, y se presentó en 2007 en el Festival de Cannes, donde ganó el Gran Premio del Jurado.

Sin embargo, Persépolis no fue su primer trabajo. En 2003 ya había publicado la novela gráfica Bordados, que recorría distintas experiencias femeninas en Irán y, en 2005, otro de sus álbumes ambientado en Irán, Pollo con ciruelas, por el que le entregaron el Premio al Mejor Álbum en Angulema.

Un acto de libertad

Satrapi no solo era una artista y da cuenta de ello la pluralidad de mensajes de condolencias publicados en las últimas horas. Además de sus colegas de disciplina y del presidente francés, la titular del Parlamento de Francia (la Asamblea Nacional), Yaël Braun-Pivet, afirmó que Satrapi «había convertido su obra en un acto de libertad. Con Persépolis, le había dado un rostro y una voz a la revolución iraní, enarbolando la lucha por la libertad y la dignidad de las mujeres. Francia pierde a una artista inmensa».

Persépolis, de Marjane Satrapi. Archivo Clarín.

«Con Persépolis y toda su obra, permitió que millones de personas descubrieran las realidades vividas por el pueblo iraní, por las mujeres y los jóvenes que se enfrentan al fundamentalismo religioso», afirmó por su parte el líder del Partido Comunista francés, Fabien Roussel.

“Marjane era una artista extraordinaria y una mujer entrañable que encarnaba la alegría de la creación y la tristeza del exilio y los recuerdos dolorosos. La lloramos esta mañana”, declaró Thierry Frémaux, delegado general del Festival de Cannes, en unas declaraciones a la AFP.

Cuando en enero de 2025 Francia quiso condecorarla con la Legión de Honor, la artista rechazó la distinción, dijo, debido a sus “principios” y a su “apego a su patria natal”. Explicó en la ocasión: “No puedo ignorar lo que percibo como una actitud hipócrita de Francia hacia Irán”, mientras su país de origen sufría una nueva ola de represión. De todos modos, reconoció que era una “muestra de solidaridad con los iraníes, sobre todo con las mujeres y con la juventud iraní, pero también con sus compatriotas franceses retenidos como rehenes en Irán”.

Aceptó, sí, el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2024. El jurado la consideró “un símbolo del compromiso cívico liderado por las mujeres, una de las personas más influyentes en el diálogo entre culturas y generaciones” y recordó que en Persépolis plasma ejemplarmente la búsqueda de un mundo más justo e integrador. No viajó a retirarlo, pero en una conferencia de prensa por videollamada, dedicó el galardón a la lucha por la libertad en su país y al rapero Toomaj Salehi, condenado a muerte días atrás: “Es la voz de todo el país”.

Pero estaba lejos de sentirse orgullosa: “Vendí millones y no sé cuántos centenares de conferencias di. ¿Cambié algo? Qué sé yo. ¿Desperté la curiosidad de la gente? Sí. Contribuí un poquito. Solo un poquito, aunque solo así se cambia el mundo”, reflexionaba en diálogo con El País.

Tras la muerte de su marido, la artista reformuló sus redes sociales para dejar en ellas apenas unas pocas fotografías que los mostraban juntos y compartir el dolor que le causó la pérdida de su marido en 2025. Repartido en varias publicaciones, un mensaje decía así: “I Lost the love of my life” (Perdí al amor de mi vida).

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