El gobierno norteamericano oficializó, ayer, la decisión del presidente estadounidense Donald Trump de incluir en el listado de organizaciones terroristas a las mafias brasileñas del narcotráfico, Comando Vermelho (CV) y Primer Comando de la Capital (PCC). La medida, adoptada el 29 de mayo, tiene notorias consecuencias para Brasil en el terreno legal, económico y militar. La justificación de Estados Unidos es que esta resolución representará un avance en la lucha contra el “crimen organizado”, ya que “fortalecerá” el combate a grupos delictivos. Pero las autoridades brasileñas ven un “riesgo”: esa resolución puede atentar contra la soberanía nacional.
El dictamen americano entró en vigencia días después de que el candidato opositor de extrema derecha, Flavio Bolsonaro, hijo del ex presidente preso Jair, visitará a Trump en Washington. Aunque estuvo reunido poco tiempo con el jefe de la Casa Blanca, fue suficiente para que el senador ofrezca su “total acuerdo”, y el de su familia, con este fallo. En su visión, las reglas que regirán en adelante para el país sirven para impedir la “financiación” de los “grupos narco terroristas”, que “ahora podrán ser combatidos como lo fue Bin Laden en su momento”, el líder de Al Qaeda asesinado en 2011 por la Marina estadounidense.
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En Estados Unidos, la lucha contra estos grupos delictivos brasileños deja de ser un caso de investigación policial y pasa a la órbita de la CIA y el Pentágono. La medida convierte en un delito federal proporcionar cualquier tipo de «apoyo material» a estas bandas, ya sea dinero, armas y logística. Además, si bien habilita a las autoridades americanas a compartir con Brasil los resultados de las investigaciones, los datos recogidos pueden ser considerados «secretos» o «ultrasecretos», lo que reduce a cero el intercambio de información.
Esta decisión de Trump podría tener consecuencias financieras, ya que prevé el bloqueo de activos financieros y propiedades en territorio americano de individuos presuntamente “vinculados” al narcotráfico. Además, serán prohibidos de operar en el sistema bancario estadounidense aquellas instituciones brasileñas sospechosas de mover recursos de estas bandas delictivas.
En un comunicado, el gobierno de Lula da Silva afirmó que la lucha contra el crimen organizado es una prioridad, pero subrayó que la cooperación internacional debe “respetar la soberanía nacional”. Funcionarios del Ministerio de Justicia concordaron que la cooperación jurídica internacional es una herramienta esencial para la represión del crimen organizado, pero recordaron que Brasil ya tiene acuerdos con varios países en esta área. Lo que preocupa en Brasilia es el modelo adoptado contra las entidades financieras: en el caso de México, fueron sancionados bancos a los que se acusó de facilitar operaciones de blanqueo de capitales por los cárteles de la droga. Un diplomático resumió la alarma con esta frase: “Tenemos miedo de qué tipo de acciones esta decisión puede autorizar en el futuro».
El director general de la Policía Federal de Brasil, Andreia Rodrigues, sostuvo que “la definición de estas organizaciones como terroristas es un error, dado que la estrategia de combate a unos y otros están bien diferenciadas”. Las mafias como el Comando Rojo y el PCC «buscan el beneficio, el lucro»; en tanto «las organizaciones terroristas tienen motivos ideológicos o religiosos, es decir, objetivos bien diferentes a los del crimen organizado», señaló.
Por esta razón, según afirma el gobierno brasileño, las autoridades están intensificando el diálogo con los funcionarios estadounidenses; el objetivo, dicen, es buscar canales de diálogo para entender cuáles serán los efectos concretos de la medida.
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«Tenemos una serie de preguntas técnicas que buscamos resolver pero, al mismo tiempo, queremos dejar muy claro que esta definición de Estados Unidos no cambia el rigor y la firmeza de nuestra acción contra el crimen organizado” subrayó el jefe de la Federal. Todavía no “hay cambios” indicó para completar: “No hay ningún diálogo que haya señalado un cambio inmediato en la cooperación ya existente. Debemos esperar para saber cuál será la política de Estados Unidos y si habrá algo diferente», afirmó.
* Desde San Pablo.









