Desde enero, Cuba ha visto cómo Washington cortaba su acceso al petróleo, forzaba a empresas extranjeras a abandonar la isla bajo amenaza de sanción y asediaba las últimas vías por las que entran las divisas que sostienen a 11 millones de personas. Por supuesto, hablamos del cubano de a pie, pues sus élites tienen, por ahora, medios y formas para seguir viviendo cómodamente. Esta asfixia deliberada se ha decidido y calculado con el fin de doblegar a un país entero sin disparar un tiro, aunque todo está por ver. Detrás de los números (un PIB que los economistas ven caer un 15% este año y una pobreza que alcanzaría a casi la mitad de la población) hay casas a oscuras, gasolineras secas, hospitales desabastecidos, farmacias vacías.










