Fernando Fagnani convierte la enfermedad en una reflexión sobre la lectura y la escritura

Fernando Fagnani convierte la enfermedad en una reflexión sobre la lectura y la escritura


El tiempo suspendido de la enfermedad se parece a otra forma de escritura. El protagonista hace de su pensamiento un relato absolutamente íntimo. Nadie consigue acompañar ese discurso, ser su interlocutor; sólo nosotros, como lectores. La lectura es una manifestación de la soledad que lo lleva a extremar ciertas condiciones, a exigirles exactitud a las palabras. Pensar y leer se convierten en una totalidad para el personaje narrador de Ventana magnética, de Fernando Fagnani, y, de algún modo, la novela se comienza a parecer demasiado a un ensayo.

El estilo casi confesional nos lleva a pensar en una identificación absoluta entre el personaje narrador y el autor. La preparación de una novela que el narrador quiere escribir pero que ha abandonado, es decir, un material que se escribe mientras no se escribe, el tiempo en el que no se concreta el verdadero proyecto de escritura, es un dato de la enunciación y de la estructura misma de este texto publicado por Edhasa, la editorial donde Fagnani se desempeña como director.

Un efecto diletante

La primera persona produce un efecto diletante. El diagnóstico de la enfermedad funciona como el drama que detiene su vida. El narrador se convierte en alguien casi ausente en el plano de la anécdota, pero sumamente presente en cierto fluir del pensamiento, como si observara la vida y reflexionara, pero casi no pudiera hablar. De hecho, en un pasaje de la novela su hija le señala que hace días que permanece en silencio.

La preocupación por las palabras que utilizan los médicos al momento de diagnosticar su enfermedad, la disposición del espacio en las clínicas donde debe atenderse, constituyen un lenguaje que él decodifica y analiza. La manera en que observa el armado arquitectónico, el uso de los objetos, el modo en que el ambiente interviene sobre el estado emocional del paciente, establece la confianza o el rechazo hacia una institución médica.

La configuración espacial tanto de las calles como de las casas va a ser un elemento determinante en Ventana magnética que define la mirada del personaje como escritor. Saber descifrar un espacio es otro modo de leer y de contar. También es una manera de entender el diseño escénico que tiene a la enfermedad y la muerte como entidades incómodas con las que los médicos y pacientes deben lidiar con recursos elegantes o lastimosos.

Leer es la tarea más importante de la novela y lo que señala la escritura de Fagnani es que un lector es alguien que lee todo el tiempo, sin la obligación de estar frente a un libro. El protagonista busca en la lectura ese diálogo que no puede establecer con nadie a su alrededor, más allá de que reciba el amor de su familia.

El problema no son los otros, sino el estado en que la enfermedad lo envuelve, como si ya fuera un ser ajeno al mundo. Hay algo de la percepción temporal que lo desconecta y le permite entrar en el trance sigiloso de los libros. Su pensamiento es diáfano y exigente. Discute con Susan Sontag a partir del libro La enfermedad y sus metáforas y, de algún modo, la novela es una respuesta al ensayo de la autora norteamericana.

Observador dedicado

El narrador es un observador dedicado que intenta encontrar un sentido en la disposición de las cosas, en las imágenes que presenta un lugar, una casa, una clínica, un hotel como el espacio que más se acerca a su condición física y su dolencia.

Puede que nadie esté pensando estratégicamente en el modo de ubicar los sillones o decidir la ausencia de plantas en una clínica privada, pero él se empecina en darle una explicación a esos pormenores que nunca van a ser aclarados. Ese pedirles a las cosas un sentido y un relato genera una suerte de dislocación o violencia imperceptible hacia el entorno, como un modo de contar la ansiedad o la impotencia del protagonista.

El estilo de Fagnani es distante, aunque se sostiene en una voz interior, ya que el protagonista quiere quitarle todo sentimentalismo a su drama y transitar por la enfermedad de la forma más aséptica posible, casi como si no quisiera sentir lo que le está pasando.

Le gusta de su médico (el actual y el que recuerda haber tenido en la infancia) la mesura y la propiedad para seleccionar las palabras. Podríamos pensar que su médico actúa como los buenos escritores que saben cuándo detenerse, qué palabras quitar de un diálogo para evitar ser demasiado explícitos o redundantes, para eludir cualquier efecto melodramático o alguna sinceridad demasiado cruel.

El protagonista no quiere saber más que aquello que le permita abordar su enfermedad con cierta calma y sin demasiadas especulaciones, y encuentra en el médico a alguien que comprende y acompaña su decisión.

El ejercicio de hacer una lectura crítica sobre la arquitectura hospitalaria y sobre los discursos médicos es una estrategia narrativa que permite presentar al personaje sin explicaciones y entrar en esa lentitud, en esa capacidad para mirar lo que en cualquier otra instancia no merecería mayor atención, que le otorga la enfermedad.

Entrevista con el escritor Fernando Fagnani. Foto Juano Tesone.

Ese tiempo que abarca la dolencia lo condiciona, la enfermedad lo convierte en un personaje, lo lleva a ser otro. Es esa dimensión la que el autor y el narrador quieren descubrir. Por eso es tan necesario establecer un punto de vista que se enfoque hacia el afuera, pero desde esa particularidad insondable que no encuentra otro lenguaje que el de la escritura.

Un significante nulo

El cáncer es para el narrador un significante nulo que no se deja atrapar por la metáfora, como propone Sontag; es casi un vacío que al protagonista de esta novela lo lleva a establecer un dispositivo de la mirada, un lugar de enunciación, más que un sentido.

En un momento el protagonista reconoce que ya no puede leer; imagina que es el tumor el que lo está leyendo a él y esta imagen crea otra idea de la enfermedad, como si el verdadero sujeto fuera ese cáncer que se instaló en su cuerpo y él se transformara en un ser visto por él, que debe responder como un subalterno porque es el tumor quien dicta el orden de las cosas.

En esa enfermedad a la que sobrevive se encierra una filosofía que el propio narrador no se anima a desarrollar, solo la comparte como pensamientos dispersos. El formato ensayístico que le gana espacio a la novela es una trama silenciosa que hace de la permanencia en la enfermedad un testimonio. Encontrar el idioma de la enfermedad, un lenguaje singular, desafiar las suposiciones sobre el lugar del enfermo, sobre su palabra y su escritura, son el fundamento de esta novela, que resulta atrapante aunque en apariencia nada sucede.

El trabajo que implica una enfermedad, el modo en que deviene una instancia existencial y física, hacen a la peripecia de esta historia. En la capacidad de encontrar las formas de apropiarse, de ser el dueño de su enfermedad y de no dejarse contar por otros discursos y otras miradas, surge la particularidad de un conflicto tan inmenso que se manifiesta en acciones mínimas.

Ventana magnética, de Fernando Fagnani (Edhasa).

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