¿Cómo un estadounidense que sirvió en el Ejército apostado en Corea del Sur como observador meteorológico, con una profunda cultura católica, que tomaba clases de historia del arte de manera informal y que llegó a ser guía del MoMA se convirtió en uno de los mayores exponentes del arte minimalista? El Malba inauguró Dan Flavin. Luz, color y espacio, una aproximación al artista que combinó tres materialidades que rozan la abstracción, para crear una idea nueva de obra de arte que no tuviera que ver con el objeto, sino con la percepción, con las condiciones espaciales, arquitectónicas, y con la subjetividad del espectador.
La muestra se creó en conjunto con la Dia Art Foundation, una institución que estuvo en boca del mundo artístico porteño en las últimas semanas porque también están detrás de la exhibición Penumbra que se puede recorrer ahora en Fundación PROA. La institución, con distintas sedes en Nueva York, se enfoca en el arte de la segunda mitad del siglo XX y en impulsar proyectos de gran escala.
La historia de Flavin es la de un artista completamente atravesado por sus orígenes y experiencias. Nacido en una familia católica, el arte renacentista de retablos, vírgenes y alegorías donde el dorado a la hoja jerarquizaba a los santos y vírgenes representados fueron fuente de inspiración para que siglos después Flavin encontrase un punto de conexión con sus esculturas e instalaciones hechas con tubos fluorescentes.
Dan Flavin. Luz, color y espacio, se puede visitar hasta el 17 de agosto en el Malba. Foto: gentileza.Observador meteorológico
Por otra parte, fue su trabajo como observador meteorológico del Ejército apostado en Corea del Sur lo que le agudizó la mirada sobre la luz y sus efectos. Fue por esta época que intentó formalizar su afición al dibujo, que tuvo desde muy chico, tomando clases por correo de Historia del Arte. Ya de regreso en Estados Unidos intentó estudiar de manera formal en varias instituciones, pero duraba poco en todas.
Humberto Moro, curador mexicano y director de programación de Dia Art Foundation, lo explicó así: “Él, durante mucho tiempo, trató de metabolizar todas estas influencias católicas a través del arte y de la historia del arte y en algún momento incluso quiso ser historiador del arte. Es un artista que, a diferencia de otros, se aproxima a la obra desde el hacer más que el saber”.
Una tercera experiencia que influyó en su carrera fue su trabajo como ascensorista y guardia de seguridad en el Museum of Modern Art de Nueva York durante la década de 1960. A partir de sus largas y contemplativas estancias observó, como antes lo había hecho con la luz, que la arquitectura de los espacios podía ser un elemento más de la obra.
“Este acceso al tras bambalina de los museos también le dio otra conciencia muy elevada acerca de las instituciones y fue en las instituciones que su obra floreció. Muchas de las instalaciones permanentes que Dan Flavin hizo, que son ahora icónicas en Alemania, en Nueva York, tenían esta instalación muy específica con la arquitectura que es irrepetible, no se puede reproducir en otro momento”, aportó el curador.
Dan Flavin. Luz, color y espacio, se puede visitar hasta el 17 de agosto en el Malba. Foto: Clarín.Con todo este bagaje encima, y luego de pasar por el expresionismo abstracto, en 1961 Flavin tuvo la idea de incorporar bombitas de luz a sus obras. Tenía en mente los retratos de vírgenes y santos del periodo gótico y las aureolas, muchas veces pintadas con hoja de oro, que los dotaban de una luz especial. Ese destello reprodujo en su serie Íconos, pinturas y objetos tridimensionales monocromáticos a los que por primera vez les incorpora un tubo de luz.
Para 1963, su interés se había volcado de lleno al potencial visual, conceptual y compositiva de los tubos fluorescentes. Los elementos formales de su obra se limitaron así a tubos de cuatro tamaños, en ocho colores más tres tipos de blancos. Son reflejo de una época, mitad del siglo XX, cuando la ambientación de oficinas y espacios corporativos se inclinaba hacia la homogenización de la luz.
Dan Flavin. Foto: gentileza.“Era un objeto totalmente industrializado, comercializado, doméstico, disponible y casi sin importancia. Era un objeto que era parte de la vida cotidiana de las personas. Ahora, es una tecnología extinta, arcaica, que no existe más, que, además, es increíblemente difícil de conseguir, de usar”, explicó Moro.
Y agregó: «Nosotros (Dia Art Foundation) tenemos un solo proveedor en el mundo que sigue haciendo luces fluorescentes y, eventualmente, es una tecnología que se va a extinguir; los gases que se necesitan para sacar el color son más difíciles de conseguir y hay colores que son mucho más difíciles de hacer que otros». En el futuro, analiza, la obra de Flavin podría convertirse en una obra efímera.
La exhibición en Malba, curada por Jessica Morgan y Min Sun Jeon de Dia Art Foundation, reúne obras producidas entre las décadas de 1960 y la de 1970.
La muestra incluye algunas de las que remiten a los monumentos, como sus trabajos en homenaje al constructivista ruso Vladimir Tatlin y sus obras en homenaje a las víctimas de guerra, como Monument 4 for Those Who Have Been Killed in Ambush (to P.K. Who Reminded Me About Death), una instalación realizada a partir de cuatro tubos fluorescentes rojos, entrecruzados, colocados de manera suspendida a la altura del nivel de los ojos, en el ángulo de dos paredes perpendiculares.
Dan Flavin. Luz, color y espacio, se puede visitar hasta el 17 de agosto en el Malba. Foto: Clarín.La serie Untitled (to Thordis and Heiner), –Flavin tenía como costumbre dedicar las obras pese a que a veces no les ponía nombre– se compone de obras cada una de cuatro tubos que forman un cuadrado colocados a corta distancia de una pared. Realizadas cada una de un color, resultan así marcos iluminados, escenarios que encuadran un fondo blanco que pertenece a la arquitectura del lugar.
Desafío a la percepción
En una punta de la sala, una obra de la serie de las barreras que hizo el artista, la pieza que más desafía la percepción del espectador de entre las que se exhiben en Malba. La única indicación específica cada vez que se reproduce es que debe bloquear el paso de una parte del espacio.
En el museo se muestra una barrera realizada en tubos verdes, pero si el visitante se detiene unos segundos de más frente a ésta opera ya la percepción y el verde parece transformarse en blanco.
Dan Flavin. Luz, color y espacio, se puede visitar hasta el 17 de agosto en el Malba. Foto: gentileza.Por último, la serie de leaners, tubos inclinados apoyados sobre el ángulo de una pared. Son tubos de dos metros de un color que en su parte trasera tienen adosados otro de medio metro de otro color, generando un efecto de luz que rebota sobre la pared donde se apoyan. Depende dónde se coloque el visitante podrá ver los dos tubos o solo uno y el halo del otro.
Marita García, curadora en jefe del Malba y Soledad Álvarez Campos, jefa de comunicación del museo, presentan la exposición junto a Humberto Moro, de Dia Art Foundation y la curadora Min Sun Jeon. Foto: gentileza.Lejos de los ready made que para la época en que el artista irrumpe con sus tubos ya habían alcanzado la madurez, la obra de Flavin no se circunscribe al objeto, sino que se expande para transformar el espacio a partir de los juegos de luces y la ambigüedad visual, donde lo que se ve depende enteramente de dónde se para uno.
Dan Flavin. Luz, color y espacio, se puede visitar hasta el 17 de agosto en el Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415) de jueves a lunes de 12 a 20 y miércoles de 11 a 20.









