Simeón Atz Tzutuj, agricultor de 76 años, perdió a sus tres hijas y a su esposa embarazada en un asalto del Ejército guatemalteco en Chimaltenango, una comunidad maya kakchiquel localizada a 67 kilómetros al occidente de la capital. “Llegó el soldado a mi casa y mi esposa salió. ‘¡Párate, María hija de la gran puta!’, decía. Fue en 1982. Yo lo vi de lejos. Ella salió de la casa. Aquí le dieron el balazo», dice señalando su frente. Atz Tzutuj es uno de los familiares que llegó a la inhumación al cementerio general de Pacoj, de San Martín Jilotepeque, donde el lunes fueron inhumadas 68 víctimas del conflicto armado interno que fueron asesinadas entre 1981 y 1982 en esa región.












