Erling Haaland interrumpió su aislamiento, su inactividad, su larga peregrinación en tierra de nadie, para definir a un toque, meter el gol decisivo, y destruir la hermosa obra que Costa de Marfil se esmeró en culminar a base de toques y más toques de dulce trama futbolística en Dallas. Fue una estocada. Tan punzante y letal, tan oportuna a falta de cuatro minutos para el pitido final, que le valió a Noruega un triunfo histórico. Fue el quinto gol del punta del City en la Copa del Mundo y le valió a su equipo la primera victoria en fase de eliminatorias. Noruega se medirá a Brasil en octavos.










