Francia también sabe ganar al trote, que era a lo que obligaba el abrasador aire caliente que soplaba a las cinco de la tarde en el estadio MetLife de Nueva Jersey/Nueva York. Una calorina con un sol reluciente a la que había que adaptarse una vez que los futbolistas no han logrado establecer los horarios más salubres que ya reclamó Maradona en México 86. Para jugar e imponerse andando hay que tener futbolistas capaces de acelerar o inventar en el momento justo y Francia tiene a uno que cuando tiene que correr, vuela, y cuando juega con pausa parece que flota. Olise, su amplio repertorio y su manejo de los tiempos y los espacios reinaron en un partido cadencioso por obligación. Fue Mbappé el que empezó a liquidar a Suecia con una arrolladora bicicleta, pero el extremo del Bayern fue un diez en toda regla, aunque a la espada luzca el dorsal 17. Los pases a Barcola en el segundo gol y a Mbappé en el tercero fueron otra clase magistral de aunar la técnica con los tiempos. Por ser, Olise fue hasta un nueve y medio por una chilena cruzada que estampó en el poste y un par de roscas rasas que rozaron el gol.










