La novela que se presenta como una sucesión de cuentos con temas y personajes comunes “es una forma primitiva” de la narración “pero bastante linda”, según la cita de Rodolfo Walsh que encabeza los epígrafes de La organización vence al tiempo. Ganadora del Premio Clarín Novela 2008, Raquel Robles recurre a esa forma para contar historias protagonizadas por presos políticos, con el sentido de rendir homenaje a quienes dieron “una batalla durísima” por “conservar la dignidad, el amor fraternal y el deseo de seguir luchando por un mundo justo”.
El libro está conformado por seis relatos e integra ficción y testimonio en un registro que excede a ambos géneros. “Lo construí con los relatos de muchos de estos hombres que pasaron su juventud entre rejas. No escribí sobre las mujeres presas porque me dolía demasiado”, apunta Robles en una breve nota preliminar.
Los presos son los personajes y también los narradores. Robles reelabora sus voces para recuperar la experiencia y con el mismo procedimiento presenta uno de los principales recursos para la supervivencia detrás de las rejas: el acto de compartir historias como una forma de sellar la comunidad, según demuestra el Ruso, un detenido que es capaz de contar una y otra vez la misma película con una forma distinta en cada ocasión.
Si bien las historias remiten a la última dictadura cívico–militar, las circunstancias de tiempo y lugar parecen deliberadamente omitidas. Esa falta de referencias sugiere que los personajes representan al conjunto de los presos políticos entre 1974 y 1989. Pero no se trata de figuras alegóricas sino del relato de una experiencia colectiva, la del modo en que los prisioneros sobrevivieron a un régimen concebido para la destrucción de sus personalidades y de sus visiones del mundo.
Una frase recurrente
“La organización vence al tiempo” es una frase recurrente en discursos de Juan Domingo Perón a propósito de la preservación del movimiento político. Robles resignifica la consigna para dar cuenta de la solidaridad y el compañerismo entre los presos ante la violencia carcelaria.
Donde se impone el poder surge una resistencia: “Cada cosa que hago acá adentro, por ejemplo, es una decisión que me puede llevar a vencer o a no vencer. Yo elijo (…) y cada cosa que elijo me pone en un camino o en otro camino”, reflexiona un preso que se encuentra en celda de aislamiento en “Rubia”, el primer relato del libro.
En la cárcel de la dictadura está prohibido reír, silbar, cantar, hablar en voz alta, abrazarse, leer y escribir, según el Decreto 780/79 que Luis Franganillo, ex preso político en la cárcel de Rawson, leyó en la presentación de La organización vence al tiempo.
Tampoco se permite la actividad física y compartir elementos, incluso cigarrillos o el mate, es arriesgar la propia vida. Pero los presos desafían el orden cada vez que rompen el aislamiento, como se cuenta en “Desgracia con suerte”, donde un veterano asiste a otro novato que viene de una sesión de tortura y le enseña “cómo desarmar” el dolor.
Raquel Robles alude también a discusiones que fueron frecuentes en la militancia política, como la actitud de los presos ante la tortura, y desarticula los estereotipos: “Cantar en la tortura no es reprochable. Mejor es aguantar, pero si aguantás no sos un héroe y si aflojás no sos un traidor”, dice el preso que, en la celda de aislamiento, dirige un largo monólogo a una araña que teje y desteje su tela.
Otro se sobrepone al tormento con una reflexión impensable fuera de la cárcel: “Hay que agradecer tener un cuerpo para sentir todo esto (…), mejor tener un cuerpo que no tenerlo”.
Raquel Robles, hija de desaparecidos en la ultima dictadura y ganadora del Premio Clarín Novela. Foto: Matias Martin Campaya.Lo que prevalece es “la moral”, entendida como aquello que cohesiona al grupo. “En la cárcel, sobrevivir es vencer al enemigo”, comprenden los presos, pero no a cualquier precio ni simplemente por conservar la vida sino a través del pensamiento y las emociones para seguir pensando que “los buenos van a triunfar y la Tierra será el paraíso de la humanidad”.
Para los presos no existe medida del tiempo; el día y la noche se distinguen por los ruidos antes que por la luz. No es posible saber la hora, porque en la cárcel no hay relojes. El encarcelamiento no tiene un término previsto y pensar en el futuro solo puede provocar melancolía y ansiedad, aunque desde el exterior llegan signos alentadores como la visita al país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979. El sostén contra la incertidumbre es lo que los presos llaman esperanza.
Un estado de ánimo
La esperanza no define solo cierta expectativa sino un estado de ánimo que reafirma valores: un preso escribirá “venceremos” en su celda para que “el que venga después de mí sepa que el que estuvo antes tenía la esperanza intacta”; otro comprende que “nuestra carrera no es por llegar más rápido, es una carrera de resistencia, de aguante” y esa deseo confiere “una razón muy importante” para mantenerse en pie; un gato aparece en una celda y a partir de ese momento “la vida es también la esperanza de que vuelva, de que se quede”.
“La nieve y el mar”, en el cierre de La organización vence al tiempo, prefigura el final del encierro. El texto cuenta la primera salida transitoria de un preso, cuando vuelve por unas horas a su casa.
Como en una caja china, el relato contiene otra historia: el preso detalla los pormenores del reencuentro con su familia y los vecinos ante el ávido auditorio que forman sus compañeros y también cuenta paso a paso la película que fue a ver al cine, Dersu Usala, de Akira Kurosawa.
Raquel Robles, hija de desaparecidos en la ultima dictadura y ganadora del Premio Clarín Novela. Foto: Matias Martin Campaya.“Del otro lado de la reja está la realidad, de/ este lado de la reja también está/ la realidad; la única irreal es la reja”, escribió Francisco Urondo en Cuentos de batalla, sobre la experiencia de la cárcel previa al golpe del 24 de marzo de 1976.
Los libros colectivos Nosotras presas políticas (2020) y Detrás de la mirilla (2004) recuperaron testimonios de sobrevivientes de la última dictadura. Raquel Robles reconoce los antecedentes, pero los relatos se inscriben más bien en las coordenadas de una obra propia en torno a la literatura y la memoria y en la tradición de la narrativa de Rodolfo Walsh, donde ficción y testimonio no se excluyen.
La organización vence al tiempo encuentra su sentido final en el presente. “Este es un libro que quisiera expresar una gratitud –dijo Robles, en la presentación–. No hubiéramos podido resistir, si otros no hubieran resistido antes”.
La organización vence al tiempo, de Raquel Robles (Fondo de Cultura Económica).










