el buzo color fluo y la rama de perejil que no convencieron al jurado

el buzo color fluo y la rama de perejil que no convencieron al jurado


Matías Gil (31) apareció con un buzo naranja. Tenía manchas, estaba sucio. Dijo que su mamá «lo tiró por ahí» y que «nunca lo lavó». Era el mismo que usó la noche del 18 de julio de 2023 y decidió ponérselo para declarar frente al jurado un día antes del veredicto. “Yo les pregunto, si alguien va a cometer un delito ¿se pone este buzo color fluo que se ve de cualquier lado?”, les preguntó.

El hombre llegó a juicio acusado de homicidio triplemente agravado, al igual que su jefe, Maximiliano Pilepich (48), y Nahuel Vargas (46).

La fiscal Marcela Dimundo los acusó de haber realizado un plan coordinado para matar a Fernando Pérez Algaba (41) en el predio «Renacer» de General Rodríguez, trasladar su cuerpo, descuartizarlo y hacer desaparecer sus restos, que finalmente fueron encontrados entre el 20 y el 23 de julio en el cauce del Arroyo del Rey, en Lomas de Zamora.

Lo curioso de la acusación contra Gil fue que el propio Rodolfo Pérez Algaba (62), hermano de la víctima, declaró a favor del empleado de Pilepich. Dijo que era un «che pibe«, un «empleado» y que «no debía estar ahí», sentado en el banquillo de los acusados.

Fernando "Lechuga" Pérez Algaba (41) fue asesinado y descuartizado.

Por lo que pareció un acuerdo previo, Pilepich también lo sacó de la escena de los hechos. Dijo que era su «amigo», un «empleado» y que estaba allí «porque estuvo en el lugar equivocado en el momento equivocado».

Vargas, a su turno, también lo desligó y lo señaló como un trabajador que «cumplía órdenes».

Yamil Castro Bianchi es abogado y fue el defensor de Gil. En su alegato de cierre, le pidió al jurado que considere que su representado era «no culpable» del delito que se le imputaba.

Fernando Pérez Algaba, junto a Nahuel Vargas.

Mostró, con gracia, una rama verde. «¿Saben qué es esto? Esto es un perejil, igual que mi defendido. Matías Gil es un perejil, a la fiscalía le sirve que esté acá para que le cierre el cuentito», argumentó.

Y concluyó: «Este pibe no hizo nada y quiero que se vaya con su familia, cuando estén decidiendo piensen que les puede pasar a cualquiera. Ustedes tienen que juzgar un homicidio, Matías no lo mató a Fernando y eso es lo que tienen que tener en la cabeza, el resto es porque fueron influenciados. Me quiero ir temprano, Matías Gil es no culpable, es un perejil».

El jurado tardó una hora y 20 minutos en deliberar. Los nervios en la sala eran evidentes. Incluso el presidente del jurado sostenía, tembloroso, el papel en el que leía el la decisión unánime de sus compañeros, que durante ocho días presenciaron más de 35 declaraciones de testigos.

Encontraron descuartizado dentro de una valija en Ingeniero Budge, partido de Lomas de Zamora a Fernando Pérez Algaba era empresario de 41 años y le decían “Lechuga”.

Patricia y Mauro Gil no se perdieron una sola audiencia. Son los padres de Matías y lloraron tanto que hasta Rodolfo Pérez Algaba y su pareja les ofrecieron consuelo. «No hay que perder la fe«, les dijo el hermano de «Lechuga» antes de entrar a la sala este lunes.

Mauro cumplió 50 años y pudo apenas, con permiso de los agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), darle un abrazo a su hijo. «Ya vamos a poder festejar», aclaró Patricia, que trabaja como docente, entristecida por el contexto.

El hombre trabaja instalando cartelería junto a su hermano, una empresa familiar en la que Matías Gil dio sus primeros pasos y gracias a lo que pudo, antes de la pandemia, comprarse su primera moto.

Matías Gil fue condenado por el crimen de Fernando "Lechuga" Pérez Algaba.

Después, gracias a un préstamo de su abuela, compró otra con la que empezó a hacer mensajería y así inició su vínculo con Pilepich.

«Cuando termina la pandemia empiezo a trabajar con Maxi, lo conozco desde 2012 porque era amigo de mi tío. Lo conocí en unas vacaciones como un empresario de Hurlingham, que tenía un estilo de vida que yo nunca había tenido. Camionetas, moto, parador, yo siempre fui a Miramar con sombrilla en la espalda, fueron un impacto esas vacaciones, en un punto fue admiración lo que sentí ¿Esta gente cómo llega a tener este estilo de vida?», declaró.

Respecto del día del crimen no dio detalles. No acusó, no señaló, ni siquiera explicó qué hacía el 18 de julio entre las 20.05, cuando las cámaras de seguridad lo tomaron ingresando al predio de General Rodríguez, y la madrugada, cuando salió.

Tres claves y tres dudas de la acusación

De acuerdo a las pericias y a la acusación fiscal, Pérez Algaba fue asesinado de dos disparos por la espalda alrededor de las 18 del 18 de julio de 2023. Podría, de acuerdo a la declaración de los peritos, haber tenido una sobrevida de 90 minutos.

Periodo en el cual Pilepich y Vargas, que se reconocieron en el lugar pero que se acusaron mutuamente de disparar. Las cámaras ubicaron a Gil en allí a las 20.05. Para la fiscal Dimundo, «estuvo ahí mientras la víctima agonizaba y no hizo nada«.

Encontraron descuartizado dentro de una valija en Ingeniero Budge, partido de Lomas de Zamora a Fernando Pérez Algaba era empresario de 41 años y le decían “Lechuga”.

Otra clave de la acusación fue el celular. Según las declaraciones, Gil jugaba al paddle a la hora en la que se cometió el crimen y se encontró en una estación de servicio de Puente Gnecco, en Moreno, por orden de Pilepich.

Allí estuvieron unos minutos, según la declaración de Gil, su jefe le exigió el teléfono que se apagó y nunca más volvió a encenderse. Al menos eso determinaron los peritos que declararon en el juicio.

Si, como dijo, nunca se enteró del homicidio ¿por qué accedió a entregar el teléfono y no intentó recuperarlo?

La Land Rover Evoque que usaba Pérez Algaba antes del crimen.

La tercera clave que quedó expuesta en el debate fue la documentación y su rol en las empresas de Pilepich. Los días previos al crimen, Pérez Algaba había regresado desde España para poder cobrar 50 mil dólares que le debía Pilepich.

El 14 de julio se reunieron en una escribanía en la que firmaron un reconocimiento de deuda y acordaron la entrega de dos departamentos a cambio de un pago de 20 mil dólares en efectivo y tres cuotas de 10 mil dólares, además de 17 lotes del proyecto de barrio cerrado «Renacer».

Esa documentación, que acreditaba la deuda de «Lechuga» y la que podría haber usado para reclamar los pagos, fue retirada por Gil el día del crimen, algo que -supuestamente- Pérez Algaba sabía pero que entendió como un engaño.

«Me cagaron, se llevaron todos los papeles«, mandó en un audio, desesperado, mientras buscaba a Pilepich que no le contestaba.

Buscándolo es que llegó a «Renacer» y finalmente se cometió el crimen. Los papeles estaban en manos de Gil. También era parte de las sociedades de Pilepich por lo que la fiscal destacó el interés de acusado para que salga en libertad y poder administrar propiedades de la empresa.

La víctima.

Pero las dudas también se acumularon: ¿Puede ser imputado por homicidio si llegó al lugar después de que otros dispararan? ¿Es igual de responsable del homicidio por haber dejado una alfombra de su auto y que hallaran restos de su sangre en una oficina? Por ser empleado de Pilepich, ¿sabía de su plan y fue parte? ¿Es un perejil?

Esas dudas planteadas por Gil y su defensa no fueron suficientes: para el jurado fue culpable del homicidio.

Su defensa anticipó que, luego de la audiencia de cesura en la que se confirmarán las penas (no cabe otra que la perpetua), recurrirá al fallo con la esperanza de que sea revertido en la Cámara de Casación.

star111 login

betturkey giris

https://vsetut.uz

lottostar

https://slotcoinvolcano.com

lottostar

super hot slot

hollywoodbets mobile

pusulabet giris

yesplay bet login

limitless casino

betturkey guncel giris

playcity app

sun of egypt 4

moonwin

aviamasters

jeetwin

winnerz

lukki

croco casino

playuzu casino

spinrise

discord boost shop

fairplay

betsson

boocasino

strendus casino

sun of egypt 2 casino

gbets login

playwise365

amon casino

betmaster mx

verde casino

winexch

prizmabet

solar queen

quatro casino login

springbok