En 2025, sólo 8 de los 35 países de la región de las Américas se quedaron atrás en la meta de que al menos una de sus vacunas de calendario pediátrico alcanzara al 90% de los chicos. Argentina, el país que hasta poco podía jactarse de su eficiente programa de inmunización, es uno de esos países. También se desluce en otro dato de salud pública demoledor, y es que sólo 4 países de la región concentran la mitad de los casi 600.000 niños “cero dosis”, los que jamás recibieron una vacuna en su vida. Argentina es uno de ellos.
Los datos, que provienen de Unicef y la Organización Mundial de la Salud (OMS, el organismo de referencia internacional en salud al que, para muchos de manera caprichosa, Argentina le dio la espalda hace poco), son resultado de proyecciones para 2025 basadas en los registros de vacunación -país por país- de 2024. Aun con un obvio margen de error, su “frescura” (hace sólo meses fue 2025) contrasta con los tiempos informativos de vacunación a nivel local.
En noviembre de 2025, el Ministerio de Salud de la Nación presentó un avanzado tablero que permitiría a los técnicos del área apreciar el progreso de la vacunación local en tiempo real y por provincia. En virtud de esa novedad, hace un mes y medio se vienen solicitando datos preliminares salidos de esa suerte de «semáforo», con datos del año pasado o incluso más recientes (acaso una captura de pantalla del propio tablero, entonces presentado frente a un grupo de periodistas, entre los que estuvo Clarín). Sin embargo, desde la cartera que conduce Mario Lugones explicaron varias veces que la información del año pasado se está terminando de consolidar. Prometen hace algunas semanas -y lo reiteraron al cierre de esta nota- que estará lista en breve.
Lo que no es breve es el tiempo que lleva la Argentina con la vacunación pediátrica en niveles complicados. La OMS calcula que en Argentina hay 101.000 “cero dosis”, los chicos que no recibieron ninguna dosis de ninguna vacuna, jamás. Entre ellas están varias de las que mantienen estable (según el caso, sin circulación, casi sin circulación o, por lo menos, sin cuadros de gravedad) el tránsito de algunos de los microorganismos que provocan infecciones o tremendamente contagiosas o que importan porque sostienen un alto potencial de gravedad.
Una de las anchas grillas, tipo “mapa de calor” que el organismo publicó este miércoles, en el marco del reporte WUENIC, la sigla en inglés de WHO/UNICEF Estimates of National Immunization Coverage (“Estimaciones de la OMS/UNICEF sobre la cobertura nacional de inmunización”) se puede entender como una una suerte de bosque que, desde abajo, es consumido por el fuego. Cruza cada uno de los 35 países de la región. Y para cada uno, se informan 15 vacunas.
Los países en las primeras líneas de la grilla, tienden al color verde. Los de abajo, al rojo. Los primeros cinco son Cuba, Guyana, Chile, El Salvador y Uruguay. Los últimos cinco, o sea, los que tienen peores coberturas en vacunación pediátrica, son Argentina, Surinam, Bolivia, Haití y Venezuela.
Cuatro vacunas centinela
Todo el reporte parte de la preocupación de las autoridades de la OMS. Algún que otro indicador (por ejemplo, la vacuna por el virus de papiloma humano, en el caso de las nenas) está ligeramente mejor que en los años inmediatamente posteriores a la pandemia, pero las cifras regionales no son buenas, en especial con miras a los Objetivos Sostenibles de Desarrollo 2030, que pretenden llegar a coberturas superiores al 90%.
Quiere decir que, de cada 10 chicos, 9 hayan recibido las dosis principales, como para minimizar la ventana de riesgo de que algún “bicho” circulante se replique anárquicamente en la población. Sería lo más parecido a, por ejemplo, minimizar el número de veces que uno sale de su casa sin cerrar la puerta adecuadamente. ¿Qué grado de riesgo está uno dispuesto a asumir frente a la idea de que un intruso se meta en el hogar?
Sin embargo, la tendencia general es que los esquemas no se completen, en especial si (para funcionar realmente y dar inmunidad duradera) incluyen más de una dosis, lo que exige llevar a los chicos más de una vez al vacunatorio. Esto se ve con claridad en un resumen de cuatro dosis que el organismo considera cruciales: la tercera del esquema de la triple bacteriana (difteria, tétanos y tos ferina o pertusis), la última de la llamada “neumococo conjugado”, la segunda dosis de la triple viral (sarampión, rubéola y paperas) y la última de las dos dosis contra que las nenas reciben contra el VPH.
La triple bacteriana tenía una cobertura regional del 90% 2000 y ahora, luego de una brutal caída, ronda el 86%. La segunda dosis de la triple viral, en 78%, lejos de los objetivos para 2030. La última dosis de la que combate el neumococo, en 80%. Y la más baja es la segunda dosis de VPH, que alcanza al 64% de la población objetivo.
Aun cuando habrá que conocer los datos consolidados del Ministerio de Salud (con la esperanza de que sean más auspiciosos que las duras proyecciones de la OMS para 2025), ¿cómo se manifiestan estas mismas cifras en Argentina?
Los chicos “cero dosis” y la vacunación en Argentina
Partimos de una base dura, y es que en la región sólo cuatro países (de 35) condensan la mitad de los chicos que no recibieron ninguna vacuna en toda su vida. El total de chicos “cero dosis” no es informado por la OMS porque en muchos países los datos son aproximaciones, pero rondarían los 593.000 niños. Remarcan, eso sí, que entre 2024 y 2025, unos 266.000 se habrían sumado al espectro de los no vacunados nunca.
De los países en los que sí hay datos más o menos precisos no sale nada muy bueno. En Argentina, 101.000 nenes no fueron vacunados jamás. Sólo México (con 218.000) y Venezuela (con 185.000) nos superan. Abajo nuestro está Bolivia (con 89.000 no vacunados), y así se completa el escenario de los cuatro que se llevan la mitad del total.
Es evidente que las cifras, dado que son números absolutos, están en proporción al tamaño de las distintas poblaciones. Sin embargo, resalta informativamente que Argentina contabilizara 63.000 chicos “cero dosis” en 2021 y que, en lugar de mejorar, la predicción para 2025 supere los 100.000. El alza de chicos con su derecho a la salud vulnerado es del 60%.
En cuanto a las cuatro vacunas suerte de “centinela” que reporta la OMS a nivel regional, las cifras en Argentina vienen en modo “batalla”. O sea, con la ventana de ingreso bastante abierta, en comparación a lo recomendado desde los organismos internacionales.
En Argentina, la tercera dosis de la triple bacteriana -que a nivel regional rondaba el 86%- tuvo en 2025 una cobertura aproximada del 75%. Significa que un cuarto de los chicos del país no recibe ese refuerzo.
La segunda dosis de la triple viral (que en “las Américas”, como dice la OMS rondaba el 78%) está representada por un porcentaje especialmente preocupante: 46%. Más de la mitad de los chicos, por ejemplo los que estén viajando ahora a Estados Unidos al Mundial, son susceptibles de contraer y transmitir a terceros, entre otras enfermedades, sarampión.
En cuanto al último refuerzo de la vacuna antineumocócica conjugada -en las Américas en 80%-, en Argentina tiene una cobertura más baja: 79%. Por fin, la última dosis que deberían recibir todas las preadolescentes para prevenir el virus de papiloma humano (un tipo de virus que puede derivar en cáncer), a nivel regional alcanza al 64% de la población objetivo. En Argentina, sea por falta de confianza en las vacunas como por la falta de campañas informativas, la cuestión está peor, con el 61% de cobertura. Casi el 40% de las nenas no reciben la segunda dosis contra el VPH.









