una testigo clave en el juicio por el crimen de «Lechuga» Pérez Algaba fue encontrada muerta

una testigo clave en el juicio por el crimen de «Lechuga» Pérez Algaba fue encontrada muerta


«Elegí mal, tuve un novio asesino, por ahí tengo un trauma, no sé, me equivoqué pero digo la verdad», declaró Ariana Yanel González (36) el 30 de junio pasado en el juicio contra Maximiliano Pilepich (48), Nahuel Vargas (46) y Matías Gil (31).

Este lunes, esa misma mujer fue encontrada sin vida en su departamento de Lomas del Mirador, en La Matanza. La Justicia investiga si se trató de un suicidio o si pudo haber participación de terceras personas.

Fuentes judiciales confirmaron a Clarín que «estaba en su casa, contra una ventana, ahorcada con un cable, sujeto a una ventana».

La mujer habría enviado mensajes a los familiares por WhatsApp y la autopsia determinó que la causa de la muerte fue por «ahorcadura».

«Hasta ahora es un suicidio«, anticiparon.

El teléfono de Ariana estaba en su casa, fue secuestrado y será sometido a pericias para determinar las conversaciones previas y los mensajes enviados a sus familiares. Si bien hasta el momento no hay indicios de criminalidad, no descartan ninguna hipótesis e investigan las circunstancias previas al suicidio.

Ariana Yanel González (36), testigo clave en el juicio por el crimen de Fernando Pérez Algaba. Foto Primer Plano.

Es que Ariana no es una víctima más de la crisis de salud mental que ya afectó a 5.209 personas en 2025, un 21,6% más respecto del año pasado. En Argentina, el suicidio es la primera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 34 años y, según datos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, crecieron un 44% en lo que va del año.

Pero, en este caso, la investigación se afina porque Ariana fue una testigo clave en el juicio que se realizó desde el 29 de junio y hasta el 6 de julio en los Tribunales de Lomas de Zamora.

El debate terminó cuando el jurado popular consideró culpables a los acusados del crimen de Fernando Pérez Algaba (41), el empresario asesinado y descuartizado.

Fernando Pérez Algaba, junto a Nahuel Vargas.

Maximiliano Pilepich (48), Matías Gil (31) y Nahuel Vargas (46) fueron considerados culpables de homicidio agravado por codicia, premeditación y por la participación de dos o más personas.

La declaración

Ariana fue una más de las 35 testigos que desfilaron por la sala principal de los tribunales durante la semana completa que duró el debate, dirigido por el juez Juan Manuel Rial, del Tribunal Oral en lo Criminal N° 9 de Lomas de Zamora.

Declaró el 30 de junio en el segundo día del debate y fue citada por un punto clave para la acusación. Ella vivió en el predio Renacer, de General Rodríguez, en el mismo lugar en el que, según se probó en el juicio, fue asesinado Fernando Pérez Algaba entre el 18 y el 19 de julio de 2023.

De acuerdo a su testimonio, después de separarse de su ex pareja, decidió cerrar su comercio y buscar trabajo. Fue así que la entrevistaron Pilepich y Vargas como vendedora de lotes en el predio. Después de un tiempo trabajando, dijo, empezó un vínculo «sexoafectivo» con Pilepich.

«El emprendimiento se trataba de una venta de lotes, como venía del rubro gastronómico y quería cambiar de rubro, me servía. Tuve la entrevista con Nahuel y con Maxi, me fui, al rato me mandó un mensaje Maxi y me dijo que quedé», recordó la mujer que, además, después de separarse, vivió en el predio.

«Como yo trabajaba en el predio y no tenía dónde ir después de separarme, Maxi me dejó vivir en ‘la casa’, una construcción que estaba en el campo», recordó. Habitó esa propiedad entre abril y mayo del 2023. Meses después, sería demolida y, según la acusación, fue la escena del crimen.

Hubo dos puntos clave en su declaración, además de decir que tuvo «un novio asesino»: contradijo la imagen de padre de familia y trabajador que buscó imponer Pilepich en sus cuatro declaraciones. Es que reconoció que eran amantes, aunque él se ocupó de aclarar que había sido durante un impasse con su esposa y madre de sus tres hijos.

La detención de Maximiliano Pilepich.

«Yo sentía que era una pareja, estábamos de vez en cuando, pero él nunca me prometió nada», aclaró la joven.

Pero, al ser consultada sobre sus antecedentes penales por el abogado de la querella, Sebastián Queijeiro, la mujer se mostró claramente nerviosa. Dijo estar sobreseída, algo que rápidamente cuestionó el abogado Yamil Castro Bianchi, defensor de Matías Gil, porque está imputada en otra causa, en la que él representa al damnificado, por extorsión.

Ante esa contradicción, la joven buscó defenderse y dijo: «Por ahí elegí mal, tuve parejas que no… tuve un novio asesino, por ahí tengo un trauma, no sé, me equivoqué muchas veces, pero digo la verdad. Nada de eso quiere decir que yo mienta acá», argumentó.

Maximiliano Pilepich, uno de los condenados por el crimen de Fernando Pérez Algaba.

Y esa frase que calificó a Pilepich como «un novio asesino» fue usada tanto por la fiscal Marcela Dimundo como por Queijeiro y los defensores de Gil y Vargas, Mauro Da Silva, en sus alegatos.

Otro punto clave fue su descripción de la propiedad. Es que, al ser demolida, no se pudo constatar ninguna evidencia en las pericias. Pero tanto Pilepich como Vargas reconocieron que esa fue la escena del crimen.

En sus declaraciones, durante la instrucción y durante el debate, ambos dijeron que Pérez Algaba estaba «cambiando una lamparita» porque era el más alto mientras uno «estaba afuera abriendo una ventana» que se abría desde el exterior y el otro disparaba. Dependiendo quién declarara, el tirador era Pilepich o Vargas, que se acusaban mutuamente.

Matías Gil fue condenado por el crimen de Fernando "Lechuga" Pérez Algaba.

Lo cierto es que Ariana, que vivió en esa propiedad, sostuvo: «Las ventanas eran como cualquier ventana y se abrían desde adentro. No conozco ninguna casa en la que se abran desde afuera. Eran normales».

Con esa simple descripción tiró por borda la versión de los imputados que querían colocarse fuera de la casa al momento del crimen.

Finalmente el jurado no les creyó y los consideró a los tres responsables del homicidio. Hubo un veredicto condenatorio y, según lo establece la ley, las partes deberán participar de una audiencia de cesura en la que definirán la pena. En este caso, parece ser apenas una formalidad porque la única pena posible es prisión perpetua.

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