«El juego de la literatura es no saber adónde va una historia»

«El juego de la literatura es no saber adónde va una historia»


Desde Borges a Cortázar, el cuento ha sido una marca registrada dentro de la literatura argentina. Leer una pieza de narrativa breve puede tener que ver con un mecanismo de relojería, con el quehacer de un orfebre o, también con un giro inesperado. Un salto al vacío. Eso ocurre al leer un cuento de Sergio Bizzio.

De grandes comienzos como el de “¡Magia!”, en donde se lee: “Yo leo el pensamiento, dijo Julián”. Inicios sorpresivos en donde el lector no sabe donde terminará. Su narrativa parecería estar compuesta por pequeñas fisuras en escenarios reales por donde se cuela lo fantástico o al revés: grietas realistas dentro de escenarios sobrenaturales. Parecería ser que al interior de su literatura todo es posible. “Una vez que escribí la primera línea, todo mi procedimiento se basa en escribir la segunda, y así sucesivamente. Y nunca sé qué es lo que va a pasar”, explica en diálogo con Clarín.

Como una suerte de ratificación de su vigencia acaba de reunir más de tres décadas de narrativa breve en Relatos reunidos (Interzona) y de publicar un nuevo volumen de cuentos: La primera vez que escuché reggae (Random House). Aquí vuelve a exhibir algunas de las marcas más reconocibles de su literatura: el gusto por el desvío, el humor, lo extraño y los personajes que se transforman mientras avanzan por la historia.

En esta conversación, el oriundo de Ramallo habla de los saltos y contrastes que atraviesan su obra, de una escritura guiada más por la intuición que por los planes previos, de su rechazo a la literatura excesivamente calculada y de esa búsqueda constante que entiende como el verdadero juego de la ficción.

–Acaba de publicarse Relatos reunidos. Al ver tantos años de escritura reunidos en un solo volumen, ¿encontraste una continuidad secreta entre esos cuentos o te sorprendieron más sus diferencias?

–No, lo único que hice fue mezclarlos en un orden nuevo, discontinuando las épocas en las que fueron escritos. Me gustan las diferencias y los saltos.

–Al mismo tiempo también acaba de publicarse La primera vez que escuché reggae, donde hay cuentos como “Paranoia”, “Un barco a punto de hundirse” o “La deriva de Yusuke”, en los que los personajes parecen convertirse en otra persona sin proponérselo. ¿Te interesa pensar la identidad como algo mucho más frágil y cambiante de lo que solemos creer?

–A este conjunto de cuentos lo veo como si fuera un disco. Pero no como esos discos de los que escuchás un solo tema y es como si ya hubieras escuchado el disco entero. Acá hay de todo. Hay temas clásicos, temas absurdos, comienzos cerrados y finales abiertos, cambios de voz en mitad del trayecto, hay un trabajo sobre “La rama dorada” de Frazer, hay un tema fantástico que suena razonable y que de pronto se disloca y genera en la obra una zona medio loca, de nonsense, diría de “ruidismo”, y termina con un tema largo, muy pero muy sencillo, y que no tiene nada que ver con todo lo demás. El estilo es lo único que mantiene la unidad. Los solos, o sea los apuntes reflexivos, las descripciones (los solos de guitarra), son armónicos, sin ningún piripipí. Esos saltos son lo que entiendo como juego, el juego de la literatura, el juego de la vida. Como decía Bowie, yo soy un agente libre.

El escritor Sergio Bizzio posa para una foto en Buenos Aires en 2024. Foto: Mariana Nedelcu.

–Dijiste alguna vez que hacés muy pocas cosas de manera deliberada. ¿Cómo reconocés que un relato encontró su forma? ¿Trabajás desde la intuición o hay procedimientos —como el cut-up— que siguen funcionando como disparadores?

–Una vez que escribí la primera línea, todo mi procedimiento se basa en escribir la segunda, y así sucesivamente. Y nunca sé qué es lo que va a pasar. A veces aparece un cuento y a veces una novela, a veces una historia limpia y clara, y a veces ruido.

–En tus cuentos lo extraordinario nunca rompe del todo la realidad: lo extraordinario parece crecer desde adentro de ella. ¿Cómo construís ese equilibrio entre lo cotidiano y lo imposible?

–No sé, pero no lo veo como una construcción. El término construcción me hace pensar en cálculos y estudios de peso y contrapeso. “Me convendría pasar esta escena de la página 3 a la página 5”, y cosas por el estilo. Eso es literatura pragmática. Es decir, una literatura práctica, funcional, utilitaria y resolutiva. No hay nada que me interese menos. En todo caso, la mía es una ingeniería blanda y ondulante. Siempre hay un momento a partir del cual son las cosas las que me llevan a mí. Y lo mejor de todo es que nunca sé adónde. Los cuentos “El desprecio” y “La deriva de Yusuke” son un buen ejemplo de esto. El primero empieza con la historia de un perro y desemboca en la relación tenebrosa de dos pueblerinos que se odian. El segundo empieza en primera persona con una chica que ve literalmente una idea en el aire, y de pronto pasa a la tercera persona y narra la desdicha de un japonés que no puede vivir ni morir.

–Alguna vez dijiste que cuanto más dramático escribís, más cómico termina resultando. ¿Sentís que el humor es una forma de mirar la realidad o una consecuencia involuntaria de llevar las situaciones hasta el límite?

–La técnica que aplico es la del humor con que me levanto a la mañana. Así que puedo ser serio o disparatado, cómico o dramático. Claro que toda la personalidad de uno tiende a concentrarse en un punto, pero siempre me gusta jugar y experimentar, que es lo mismo. A veces la experimentación es un relato completo, a veces es nada más que una línea o dos, pero eso es lo que me anima.

–El deseo, la sexualidad y la vida de pareja aparecen una y otra vez en tu obra, muchas veces como fuerzas capaces de alterar por completo una vida. ¿Qué te sigue interesando explorar en ese territorio?

–Creo que ya nada más.

–En muchos de tus relatos hay personajes que dejan de encajar en el mundo: se vuelven invisibles, se aíslan o descubren que ya no pertenecen a ningún lugar. ¿Es una forma de hablar de la soledad contemporánea?

–Algún lector podría pensar que sí, y está bien, pero la verdad es que yo tengo muy pocos intereses de los que agarrarme a la hora de escribir. Para mí funciona al revés: lo interesante aparece porque escribo, nunca antes. No tengo un tema previo, no tengo un andamio temático en el que pararme. Y con la historia pasa lo mismo, porque no se trata solamente de tener una historia, sino también de un juego. Yo no voy a pararme frente a una historia para sacarle una foto, no soy el encargado de prensa de la historia. Yo voy a explorar. ¿Por dónde, de qué manera? De cualquiera, y por todas partes. No me importa solamente lo que sucede, también me interesan las posibilidades narrativas que me ofrece. Y lo hago a mi manera, desde ya. En cuanto a lo demás, trato de ser claro y de no perder legibilidad, pero no mucho más que eso.

–Después de más de treinta libros, y ahora con la publicación de los nuevos cuentos de La primera vez que escuché reggae ¿qué le pedirías al lector?

–Nada. Pero si tuviera que pedirle algo sería que consiga el libro, que lo sostenga en las manos, que lo mire, que se de cuenta de que en ese momento están solos los dos, que él es el único lector y ese es el único libro, y que se olvide de lo que sabe o cree saber y lo abra y lo escuche.

Sergio Bizzio básico

  • Publicó las colecciones de poemas Gran salón con piano, Mínimo figurado, El abanico matamoscas, Paraguay y Te desafío a correr como un idiota por el jardín.
El escritor Sergio Bizzio posa para una foto en Buenos Aires en 2024. Foto: Mariana Nedelcu.
  • También las novelas El divino convertible, Planet, En esa época (Premio Emecé), Rabia (Premio Internacional de la Diversidad, España), Era el cielo, Realidad, Aiwa, El escritor comido, Un amor para toda la vida, Borgestein, Mi vida en Huel, Diez días en Re, Perdidos, Un lugar precioso, y los libros de cuentos Chicos, En el bosque del sonambulismo sexual, Dos fantasías espaciales, La pirámide, Tres marcianos, La conquista, Iris y Construcción, Bongo Fury y el inclasificable Sabemos lo que pasa por las noches, caracol.
  • En su último libro Relatos reunidos reúnen cuentos seleccionados de sus libros de relatos Chicos, En el bosque del sonambulismo sexual, Dos fantasías espaciales, La pirámide, Tres marcianos, La conquista, Iris y Construcción y Bongo Fury.
  • Varios de sus relatos y novelas fueron adaptados para el cine en la Argentina, Brasil y España. Ha sido traducido al inglés, francés, italiano, árabe, portugués, hebreo, búlgaro, bengalí, holandés, mandarín, cantonés, chino simplificado, ruso y alemán. En 1996 obtuvo el Premio Municipal de Literatura, y en 2023 el Premio Nacional.

Relatos reunidos (Interzona) y La primera vez que escuché reggae (Random House), de Sergio Bizzio.

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