El fervor mundialista se come todo, pero la excepcionalidad argentina también generó en los canales de streaming una novedad mediática mundial que tiene a una de sus principales figuras en la mira. Rebord, ¿barrido por la mano oculta del Gobierno libertario o líder de un movimiento cultural y digital que resiste a su «hora más oscura»?
El camino de Rebord
En 2018 Tomás Rebord hacía el primer programa en una radio online llamada Radio Colmena junto a Femigangsta, una cantante y activista popular en internet. Ese primer episodio colapsó los servidores del sitio. Siete años después, el 1° de diciembre de 2025 estaba haciendo un editorial o, como él mismo lo llama, edibordial en un Movistar Arena lleno, hablando sobre su vida cotidiana, la política y el futuro de la humanidad.
Ese mismo fenómeno que generó el hagoverismo, una singular comunidad de internet basada en su persona, capaz de romper todos los récords, esté en su encrucijada, incluso, como el propio Rebord admite, con serias posibilidades de dejar de existir. ¿Cómo surgió este fenómeno? ¿Por qué puede terminar? Y más importante aún: ¿qué implicancias tiene su supervivencia o el fin de un fandom que se debate entre ser una moda pasajera y la cristalización de una generación que busca madurar mientras intenta comprender un mundo en plena transformación?
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
La dinámica de las redes sociales trajo a un personaje que antes era parte del público: el comentador. Debajo de cada posteo, en el propio perfil o en los videos de reacción, un nuevo protagonista tomó la discusión pública. Ya no es solo el protagonista del hecho, sino quien reacciona, lo comenta y lo explica con más humor, elocuencia y originalidad. El comentario de lo ocurrido pasó a ser un hecho casi tan importante como lo ocurrido mismo. Rebord transformó ese formato surgido de las redes en una marca personal, como si fuera un súper comentador que todo el mundo quiere escuchar: «¿Qué tendrá Rebord para decir de todo esto?», dice él mismo que todo el mundo dice antes de cada edibordial. ¿Cómo funciona la autoparodiada megalomanía de Rebord en su público? ¿Se quiere saber «qué tiene para decir de todo esto» a pesar o gracias a esa megalomanía?
Autoparodia y megalomanía: Rebord, el profeta millennials
Para entender de qué estamos hablando, hay que analizar el principal público de Rebord: los millennials. Es decir, las personas que nacieron desde principios de los ochenta a la segunda mitad de los noventa. Esta generación creció con el mandato de ser feliz y con la creencia de que todo era posible, pero las sucesivas crisis económicas y la caída de instituciones sólidas como el empleo de toda la vida, la educación superior como garantía de movilidad social ascendente y la familia tradicional, generaron un fuerte sentimiento de fracaso que se acentuó con el estallido de las redes sociales, en las que se permite la permanente comparación con la vida de los demás.
Los protagonistas de las series y películas aclamadas por los millennials son antihéroes que se ríen de sí mismos. Rebord pasa por encima de ese sentimiento de autoindulgencia con afirmaciones totalmente desproporcionadas y autoparódicas: «Me volví famoso por mis poderes proféticos», y lo hace con las referencias de la cultura pop y lenguaje antisolemne de internet que todo millennial siente como propio. En resumidas cuentas, el millennial, sintiéndose un fracaso, ve a Rebord como el que llegó a ser quien quería sin dejar de tener las mismas frustraciones y problemas que el resto, un representante distinguido pero cabal de los millennials.
Rebord se transformó en uno de los comentaristas del mundo para una generación que trata de madurar mientras trata de pagar el alquiler e intenta proyectar un futuro sin poder agarrarse de ninguna certeza. De este segmento etario surgen los hagoveros. La palabra viene de «hacer grande a Argentina otra vez», MAGA, uno de los programas de streaming de Rebord que consistía en una editorial de él por semana hablando a la cámara durante una hora y que aludía satíricamente (y no tanto) al eslogan trumpista.
De publicar hilos en Twitter, a hacer videos en TikTok, pasando por programas de radio, festejar el triunfo del peronismo en el búnker de Macri, fingir su propia detención, hacer una serie de entrevistas de dos horas de duración en promedio hasta Hay Algo Ahí en Blender, su camino fue ascendente, meteórico, pero Rebord no deja de ser un famoso de esta época de fragmentación. Es decir, su contenido llega a cientos de miles, sus eventos son de miles o de decenas de miles. Lo que define a su comunidad es la intensidad más que la masividad.
Rebord y los desilusionados del peronismo
Rebord además es hijo de la crisis del peronismo. Entonces, no solo se dedica a explicarle el mundo a una generación, sino que es un profeta de los desilusionados del kirchnerismo que intentaron entender los esquivos zigzagueos de la jefa, luego sus límites y ahora habitan hastiados una interna interminable y que en parte aborrecen.
Desencantados de un futuro brillante que se volvió presente de apenas subsistencia precaria de una clase media venida abajo, no hubo liberación kirchnerista más allá de que estaban los pibes con «Cristina corazón», ¿qué más queda? Rebord propone una vuelta a los valores cristianos clásicos desde un lugar no conservador. La vocación por algo, la familia, la religión y la patria.

Frente a la caída del relato kirchnerista que copó la juventud durante más de una década, el hagoverismo, de forma satírica y real al mismo tiempo, se opone al libertarianismo y al futuro tecnoautoritario que propone Peter Thiel y se adscribe en la vuelta al humanismo de Francisco y León.
Toda esta densidad conceptual hizo que el personaje Rebord tocara una fibra sensible en un sector de una generación, y es al mismo tiempo lo que hace que el hagoverismo pueda quedar como una moda pasajera: no por agotamiento propio, sino porque quien le paga el sueldo al equipo con el que hacía su programa parece tener otros dueños a los que responder.
Augusto Marini, Misiones, los despidos en Blender y el Gobierno
Augusto Marini se define como «un joven que quiere hacer negocios en la economía real», dueño de un holding con presencia en trenes, energía, salud, medios y alimento para mascotas. Pero también es el nombre que aparece cada vez que alguien intenta entender por qué dos canales de streaming con líneas editoriales opuestas —Blender, del paladar kirchnerista, y Carajo, del mileísta— tienen el mismo dueño, o por qué ese dueño maneja un contrato de salud pública en Misiones que nadie audita, ahora es socio del Canal de la Ciudad y encima ganó una contratación millonaria con Trenes Argentinos. Todo antes de cumplir los 31 años.
A Rodis Recalt, en una excelente nota para la Revista Noticias, le dijo que con la familia Rovira —el clan que gobierna Misiones hace veinticinco años— no tiene «un vínculo personal», y que a Ramiro Rovira lo conoció recién en 2021, cuando su empresa de telemedicina ya trabajaba en la provincia. Distintas fuentes consultadas por La Nación y elDiarioAR cuentan la historia al revés: la amistad viene de los veranos en Punta del Este, de mucho antes que cualquier contrato, y fue esa cercanía la que abrió la puerta a un negocio que hoy le paga a Marini más de tres millones de dólares al año con fondos que ningún organismo de control audita.
Ese statu quo empezó a resquebrajarse cuando Passalacqua, gobernador y primo político de Rovira, le empezó a sacar poder pieza por pieza y puso en la mira ese mismo contrato. Y ahí aparece la coincidencia que no cierra del todo: apenas semanas después, el 25 de junio, el día que el propio Rebord bautizó como el «Día de la Traición», Blender echó de un día para el otro a todo el equipo de «Hay Algo Ahí». Marini lo explicó como una cuestión de contratos vencidos; los despedidos hablan de otra cosa.
¿Fue la billetera de Misiones la que se secó, o hubo alguien en Buenos Aires pidiendo la cabeza de Rebord como precio de entrada, algo parecido a lo que ya les pasó, con distinta suerte, a periodistas como Longobardi o Alconada Mon? No hay una respuesta comprobada, solo una certeza incómoda: al hagoverismo lo puede matar la política, no el cansancio de su propio público.
Las razones para las suspicacias se multiplican porque, luego de los problemas financieros que llegan desde Misiones para el grupo de Marini, el Gobierno le otorgó contratos millonarios con Ferrocarriles Argentinos, poco más de un mes antes de que prácticamente se levantara el programa de Rebord. ¿Estamos siendo muy malpensados o estamos ante otro ataque del poder político a un comunicador que les resulta molesto?
¿Los libertarios están perdiendo la batalla cultural en el streaming?
Probablemente Milei no tolere que Rebord lo haya puesto en ridículo en su principal arena: las redes sociales. Desde el comienzo de Hay Algo Ahí, las edibordiales fueron espacios en los que el conductor del ciclo ironizaba fuertemente contra el Presidente y tuvieron mucho impacto en redes. El contraste con Carajo y La Misa del Gordo Dan era abrumador. Durante este año, el programa de Rebord tuvo un promedio de entre 25 mil y 30 mil espectadores en vivo. Esto se completaba con promedios de 200 mil reproducciones on demand. La Misa del Gordo Dan tuvo un promedio de 10 mil personas en vivo y 80 mil reproducciones on demand. Para los libertarios esto es un problema grave. Empezaron a perder terreno de la batalla cultural, justamente en el medio en el que se movían como pez en el agua.
Esto llevó primero a Milei a acusar en X a Blender y a Rebord de «comprar bots», es decir, utilizar una tecnología basada en usuarios falsos para que figuren como audiencia. Rebord le contestó con un ratio y esto dejó muy mal parado a Milei. Un ratio es cuando la respuesta a un comentario crítico tiene más likes que el posteo original. Es como si en un debate alguien hace una crítica a su oponente y la réplica genera más fervor y adhesión entre los espectadores, pero situado en el terreno de las redes.

Rebord contestó el mensaje de Milei con un meme. En la imagen aparece su cara con el pelo de Regina George (de la película Chicas Pesadas) diciendo «Why are you so obsessed with me?». Ese meme de Rebord tuvo 25 mil likes contra los 9 mil del Presidente y la interacción total tuvo más de un millón de vistas, lo que generó que se replique en otras redes y llegara a los medios de comunicación.
Para una figura como Milei que construye su imagen como disruptivo, alguien que se ríe del statu quo que construyó el progresismo, ser puesto en ridículo es hacerle perder esa fuerza en su imagen, es mucho más que tener mejores argumentos que él, es desangelarlo.
Milei además impulsó una denuncia por antisemitismo contra Rebord. El conductor de Hay Algo Ahí había criticado los numerosos viajes a Israel por parte del Presidente mientras se desatendían problemas importantes en el país y literalmente dijo: «Me gusta la religión y la teosofía, pero ¿cuántas veces podés emocionarte con una pared?», en referencia al Muro de los Lamentos. La Justicia desestimó la denuncia y esto fue tomado por Rebord como material para otras edibordiales en las que también se ridiculizó a Milei, inclusive usando sus propias referencias al sexo anal como derrota.
Ahora Hay Algo Ahí no existe más. Rebord pide fondos para ayudar económicamente a su equipo y lanzó un nuevo evento en el Movistar Arena para probar la fidelidad de su público. Él mismo plantea que ahora se verá si sigue vivo el hagoverismo, ese fenómeno comunicacional y cultural que supo ayudar a un sector de una generación a procesar y entender el mundo. ¿Lo sigue siendo?
La pregunta clave, entonces, termina siendo el título mismo del programa cancelado, vuelto interrogación. Frente a la baja del pulgar del poder, ¿hay algo ahí?
ML









