Cuando Helena Moreno (Xalapa, México, 48 años) llegó a la alcaldía de Nueva Orleans, la ciudad se encontraba bajo el acecho de la maquinaria antiinmigrante de Donald Trump. A finales del año pasado, el Gobierno del republicano puso la mira en esta ciudad del sur del país, conocida como la cuna del jazz, y lanzó en el Estado de Luisiana lo que llamó la operación Catahoula Crunch, un nombre inspirado por “la tenacidad y el coraje” de una raza de perro típica de la región, el catahoula. Crunch significa aplastar, por lo que el objetivo del operativo antiinmigrante no dejaba lugar a dudas. En ese contexto, Moreno tomó posesión como la primera alcaldesa latina de una ciudad donde la comunidad migrante es relativamente pequeña, pero significativa.
“Cuando fuimos objeto de la llamada operación Catahoula Crunch, me reuní con la comunidad empresarial y con líderes religiosos para decirles: ‘Abran los ojos. ¿Por qué esto sería realmente bueno para alguien?”, recuerda Moreno durante la entrevista. “Porque, al final, lo que estaba ocurriendo estaba generando consecuencias económicas para la ciudad de Nueva Orleans. También estaba creando problemas de seguridad pública, ya que muchas personas tenían miedo de llamar a la policía incluso cuando eran víctimas de un delito o resultaban heridas”.
El operativo contra la inmigración puesto en marcha en Nueva Orleans por el Gobierno de Trump entre diciembre de 2025 y febrero de este año fue parte de la estrategia emprendida por el presidente en el primer año de su mandato, en el que envió miles de agentes federales a ciudades gobernadas por los demócratas para perseguir, detener y deportar a migrantes.
El despliegue en Luisiana se dio alrededor del mismo tiempo que el de Minnesota, donde agentes migratorios mataron a tiros a dos ciudadanos estadounidenses en medio de protestas masivas contra la política migratoria de Trump. Tras las dos muertes que conmovieron a todo el país, Minneapolis fue la última ciudad que cayó víctima del presidente, en lo que ha supuesto un giro de estrategia desde los despliegues urbanos de gran visibilidad hacia operativos menos llamativos y más específicos.
Pero mientras todos los ojos estaban puestos en la ciudad del Medio Oeste, Nueva Orleans, a orillas del imponente río Misisipi, lidiaba con las consecuencias de un operativo que, aunque se saldó con un número de detenciones muy inferior al previsto inicialmente —menos de 600 personas, frente al objetivo anunciado de 5.000—, instaló el pánico en la comunidad migrante local.
Muchos de los restaurantes y otros negocios más frecuentados de Nueva Orleans clausuraron durante semanas por miedo. Sectores que dependen de la mano de obra migrante, como la construcción y servicios, se vieron afectados de inmediato por la ausencia de trabajadores aterrados. Aquí, los migrantes representan aproximadamente el 9% de la población y contribuyen a impulsar el sector turístico de la ciudad. Los hondureños son históricamente los más numerosos, pero también hay migrantes mexicanos o nicaragüenses, grupos que llegaron sobre todo después del devastador huracán Katrina en 2005 para trabajar en la reconstrucción tras la tormenta.
Durante la operación Catahoula Crunch, que fue celebrada por el gobernador del Estado, el republicano Jeff Landry, Moreno exigió transparencia y denunció que los arrestos de migrantes en la ciudad estaban motivados por discriminación racial. “Apoyo sacar de nuestras calles a asesinos, tiradores, violadores y delincuentes violentos, pero desde el inicio de la operación Catahoula Crunch quedó muy claro que el modo de operar consistía en que los agentes encontraran y tomaran como objetivo a grupos de personas predominantemente hispanas”, señaló a finales de enero.
Una “estrella” latina y bilingüe
“Estos son tiempos realmente difíciles. Lo veo y lo siento constantemente por la manera en que hay personas que quieren silenciar a los demás. Hay quienes simplemente buscan intimidar a determinadas comunidades. Y mi responsabilidad como alcaldesa es hacer todo lo que esté a mi alcance para defenderlas y protegerlas”, la alcaldesa reflexiona ahora.
Tras sus primeros seis meses en el cargo, la demócrata opina que su identidad le ha permitido conectar con una comunidad que durante mucho tiempo no tuvo en el poder a una persona con la que se pudiera identificar. “Como latina y bilingüe, puedo acercarme a la comunidad y mantener un diálogo directo con ella para que entienda lo que realmente está ocurriendo. Porque también circula muchísima desinformación. Puedo intervenir y decir: ‘Esperen, esto no es cierto’, ‘No pueden hacer esto’ o ‘Tengan cuidado con esto’, precisamente porque puedo comunicarme con ellos en su idioma y porque confían en mí como otra mujer latina”, señala.
Moreno conversa con EL PAÍS en la conferencia anual de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), que tuvo lugar esta semana en su ciudad y donde ella participó en una ceremonia de entrega de premios. En su discurso de apertura, la alcaldesa recordó que ella misma fue periodista antes de pasar a la política.
Nacida en el Estado mexicano de Veracruz, Moreno no pertenece a los círculos de poder de Luisiana ni a las familias que han dominado durante años la política local. Es hija de un empresario mexicano y una poeta estadounidense, y en su niñez era llamada “güerita”, por su piel clara y su cabello rubio. A sus ocho años, su familia se mudó del país vecino a Texas, donde luego se formó como periodista. Llegó a Nueva Orleans para trabajar como reportera de la filial de la NBC de la ciudad, y unos años después ganó un premio Emmy por su cobertura del Katrina.
En 2008, decidió dejar la profesión para dedicarse a la política, algo que ahora recuerda que no fue nada fácil, particularmente en un Estado conservador como Luisiana, aunque Nueva Orleans es un bastión demócrata. Dos años después, fue elegida miembro de la Cámara de Representantes de Luisiana por el Distrito 93, y en 2017 obtuvo un escaño en el Concejo Municipal.
Moreno se presentó como candidata para la alcaldía de Nueva Orleans un mes antes de que Trump ganara las elecciones generales de 2024. Tras la victoria aplastante del republicano, su campaña, junto a varias otras demócratas a lo largo del país, como la del ahora alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, cobró especial relevancia, pues era vista como una respuesta al ascenso por segunda vez del magnate. Antes de las elecciones de noviembre de 2025, la exvicepresidenta y antigua candidata demócrata a la presidencia Kamala Harris llamó a Moreno una “estrella”. En enero de 2026, Harris le tomó juramento como alcaldesa.
Medio año después, Moreno tiene un índice de aprobación del 78,6%, según un sondeo publicado a mediados de julio por su campaña. Desde el Ayuntamiento, Moreno se ha enfrentado en numerosas ocasiones con el gobernador republicano Jeff Landry, aliado de Trump —fue en mayo su enviado especial para Groenlandia, la isla ártica que el presidente tanto quiere adquirir— y la fiscal general del Estado, la también republicana Liz Murrill, en torno a cuestiones como el control local, la inmigración y la autoridad de Nueva Orleans. Esas tensiones se han convertido en una constante de su mandato.
Ella se ha mantenido firme en sus convicciones frente a la presión estatal y federal. “Ese siempre va a ser mi deber y mi postura: proteger y defender a las personas que viven en la ciudad de Nueva Orleans”, sostiene la alcaldesa. En su discurso en la conferencia de la NAHJ, señaló que, en un principio, se dedicó al periodismo para marcar la diferencia en la vida de los demás. Con el tiempo, esto la llevó a dejar la redacción para dedicarse a la política local.










