La posibilidad de repetir el examen de admisión a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), una de las soluciones que cobra fuerza para sortear la crisis provocada ante la sospecha de trampas en la prueba en línea, implica, en caso de darse, un gran reto logístico tanto para la institución como para los candidatos. La decisión conlleva movilizar a cientos de miles de aspirantes, sus familias, y trabajadores universitarios, acondicionar decenas de sedes y reorganizar el calendario académico. Todo ello, además, con la presión de más de 186.000 alumnos encima, y a pocos días del inicio del semestre. La universidad más grande de Iberoamérica enfrenta una de las decisiones más complejas de su historia reciente. Desde el viernes, una comisión de 16 expertos analiza a puerta cerrada cómo responder a las irregularidades detectadas en los resultados del proceso de admisión a licenciatura, después de que un número atípico de calificaciones sobresalientes despertara sospechas sobre posibles trampas en la prueba.
Más de un millón de personas necesarias y 198 toneladas de basura: la logística detrás del examen presencial de la UNAM










