El Instituto Duayén, un colegio de gestión privada en Villa Ortúzar con al menos tres décadas de trayectoria en su barrio, atraviesa una crisis que podría terminar en su cierre definitivo. Fundado por un grupo de docentes, el colegio pasó a manos de familiares y, hace aproximadamente un año y medio, fue vendido a una empresa inversora dedicada a la educación. Desde entonces, según relatan varias familias, comenzó un deterioro que derivó en la salida de la inmensa mayoría del alumnado y en fuertes sospechas de un vaciamiento.
La institución, laica, con jardín, primaria y secundaria, y con un valor de cuota de entre 650.000 y 700.000 pesos —considerado medio-alto para la zona—, llegó a tener grados con dos cursos completos. Hoy, según coinciden los testimonios reunidos por Clarín, apenas rondan los 15 alumnos en toda la escuela.
Sueldos impagos y una seguidilla de renuncias
Ana, madre de una alumna que asistió al colegio desde sala de dos y que este año debió cambiarla de institución, fue una de las voces consultadas. Según su relato, la nueva gestión empresarial impulsó algunos cambios cosméticos —como el uniforme— pero, hace apenas un par de meses, las familias se enteraron de que a los docentes no se les pagaba el sueldo desde octubre o noviembre del año pasado. Ana explicó que, a su entender, el detonante de esta crisis pareciera autoinfligido, aunque aclaró que se trata de una lectura personal.
El año pasado, cuando los sueldos dejaron de pagarse, las docentes realizaron una medida de fuerza y el conflicto pareció resolverse, al menos discursivamente, con una promesa de pago en cuotas que, según los testimonios, nunca se regularizó del todo. La situación escaló con fuerza entre abril y mayo de este año, y a principios de junio comenzaron a circular rumores de cierre.
Cristina, otra madre consultada, relató que uno de sus hijos tuvo una maestra hasta mayo, que renunció por falta de pago; la reemplazó otra docente que, un mes después, también dejó el cargo por el mismo motivo. El área de inglés directamente dejó de funcionar por la misma razón. «El dueño eligió qué hacer con esa plata y no pagarle a los docentes», afirmó Cristina, quien remarcó que muchas familias, incluida la suya, pagaban la cuota en tiempo y forma. Ante la falta de maestros de grado, fueron la directora, la secretaria y algunos profesores de larga trayectoria quienes sostuvieron las clases «al hombro», incluso sin cobrar.
A esa seguidilla de renuncias se sumó, el 14 de julio, la de una profesora de inglés, quien envió un mail a las familias en el que pedía disculpas «por mi silencio durante este tiempo» y anunciaba: «Finalmente he tomado la decisión de no continuar en la institución por motivos que ya todos conocemos». En el mensaje agradeció el acompañamiento de esos meses y les deseó lo mejor a las familias para la segunda parte del año.
Reuniones, versiones cruzadas y el embargo
Según el relato de las familias, cuando reclamaron explicaciones, el dueño y representante legal del colegio no se presentó a las reuniones convocadas; sí lo hizo el equipo docente, que atribuyó la falta de pago a un embargo sobre las cuentas del colegio. De acuerdo con esa versión, cada vez que las familias abonaban la cuota por transferencia, el organismo recaudador retenía el dinero, por lo que se les propuso a los padres pagar en efectivo para garantizar la continuidad de las clases y destinar esos fondos a los sueldos docentes.
Ariadna, otra de las madres, aportó una explicación adicional: según le informaron desde el colegio, existían juicios previos por falta de pago de cargas sociales, con una moratoria que se venía cumpliendo hasta que la gestión anterior fue reemplazada por los actuales dueños, quienes discontinuaron esos pagos. Eso derivó en el embargo de la cuenta del colegio. Por ese motivo, se ofreció a las familias la posibilidad de pagar en efectivo —con comprobante y libre de deuda incluidos— para que ese dinero fuera directamente a los docentes, o bien transferir sabiendo que ese monto sería retenido en su totalidad para afrontar los juicios.
Pese a haber pagado en efectivo casi la totalidad de las familias durante julio, según relató Ana, la situación de los docentes seguía sin regularizarse al llegar las vacaciones de invierno.
Sin directivos
El deterioro institucional no se limitó a lo salarial. Según los testimonios, en el jardín de infantes renunciaron tanto la asesora pedagógica histórica como la directora, ambas antes o durante el receso invernal. En la primaria, la directora se encuentra con licencia psiquiátrica y no concurre al colegio, mientras que la vicedirectora había renunciado a comienzos de año. Nadia, otra madre consultada, agregó que también la vicedirección del jardín quedó vacante.
Como señal adicional de la crisis, esta semana retiraron de la puerta del edificio el cartel con el nombre de la institución, en lo que las familias interpretan como un intento de cambiar la identidad del colegio.
Un curso entero que se fue completo
El impacto en la matrícula fue determinante. Nadia relató que un séptimo grado completo abandonó el colegio, al punto de que el profesor a cargo se quedó sin alumnos y debió pasar a colaborar con sexto grado. Según su testimonio, en la primaria quedaron apenas 16 alumnos y en la secundaria, 20. Las familias que aún permanecen, dijo, esperan llegar hasta fin de año antes de decidir un cambio de colegio.
Ariadna fue una de las que debió mudar a sus hijas a otra institución de la zona, a pocas cuadras del Duayén. Contó que en años anteriores ya habían atravesado situaciones similares de recambio docente, sin mayores consecuencias, pero que esta vez el pánico generalizado entre las familias derivó en una salida masiva y simultánea que terminó de quebrar la viabilidad de los cursos, muchos de los cuales tenían apenas 20 o 22 alumnos. «Quedamos presos de la mayoría», lamentó, y remarcó el buen nivel académico que, a su juicio, tenía el colegio en comparación con otras instituciones de la zona, con intensificación en inglés, deportes y natación.
Ana, por su parte, contactó al Gobierno de la Ciudad —el colegio recibe un subsidio estatal cercano al 10%— y le informaron que estaban al tanto de la situación, pero que la escuela aseguraba que no iba a cerrar y que resolvería su situación financiera. La búsqueda de vacantes en otras instituciones de la zona se vio además dificultada por el cierre, el año pasado, de otro colegio cercano, lo que había saturado varias escuelas de Belgrano R.
La versión del colegio y las reuniones con las autoridades
A lo largo del año, según coinciden los testimonios, hubo distintas reuniones entre las familias y las autoridades del colegio, en las que estas últimas negaron reiteradamente que existieran problemas de pago a los docentes, e insistieron en que la institución no cerraría. Al momento de publicarse esta nota, Clarín no pudo obtener una respuesta de ningún directivo del Instituto Duayén. Todos los teléfonos que figuran del colegio están fuera de servicio. Y las madres aseguran que funcionaban hasta las vacaciones de invierno.










