Las hazañas de los héroes siempre nos son cercanas. Christopher Nolan revive la epopeya del héroe Odiseo. El cine se alimenta de la vida y de las grandes obras literarias. La interpretación de Nolan convive con otras tantas lecturas del texto homérico en la historia: desde Dante hasta Borges, y desde la Escuela de Fráncfort hasta Joyce.
Emily Wilson, la traductora de la primera versión en inglés de la Odisea realizada por una mujer –versión a la que se atuvo el cineasta–, no encuentra ninguna grandeza en la visión de Nolan, salvo el estímulo para volver a la obra homérica.
Para quienes creen que el rol del cine es la dócil adaptación de un original, todo desvío de la prístina letra es una traición. Los que solo busquen la estricta fidelidad pueden ir a la fuente y leer el original. El cine no obstruye; por el contrario, estimula el regreso a lecturas que enriquecen.
Luego de diez años de infructuoso asedio a Troya, la ciudad solo cae por el famoso artilugio de Odiseo: el caballo de Troya. Odiseo es símbolo de la osadía y la astucia. Una de sus enseñanzas es que el ingenio es más poderoso que la violencia. Luego de doblegar a los troyanos, Odiseo, llamado Ulises por los romanos, quiere volver a casa, a Ítaca, para reencontrarse con su esposa Penélope (Anne Hathaway) y su hijo Telémaco (Tom Holland).
El viaje de regreso es amor por el hogar; atravesar la inmensidad marina para recuperar la propia identidad. Pero esa identidad es simbólica. Para los pensadores de Fráncfort, Adorno y Horkheimer, en su célebre Dialéctica de la Ilustración, Odiseo es el anticipo de la racionalidad instrumental que constituye al mundo moderno occidental.
Encuentro con las sirenas
En el canto XII de la Odisea se produce el encuentro con las sirenas. Escuchar su canto es ser arrebatado por una fuerza divina y letal. Ulises lo sabe. No quiere someterse al llamado del mundo mítico. Ya es un moderno que quiere emanciparse de los dioses y sus aires de superioridad. Entonces, ordena a sus hombres que se tapen los oídos con cera y que a él lo aten al mástil. Otra astucia: Odiseo escuchará a las sirenas, pero sin ser gobernado por ellas. Vence al llamado de lo divino y atraviesa la prueba.
Su razón calculadora crea a un individuo que se da su propia ley. Es la gestación de la autonomía individual y de la razón instrumental que gobierna la modernidad.
Pero el Odiseo de Nolan, protagonizado por Matt Damon, es también la mirada del hombre moderno que se cuestiona a sí mismo y no solo a los dioses. La autocrítica del sujeto moderno.
Odiseo lidia con peligros continuos, una diferencia crucial con nuestra vida cotidiana, que busca seguridad y estabilidad. Y entre pantallas nada queremos saber de la muerte; sin embargo, Odiseo se acerca al mundo de Hades, de los muertos, para obtener una guía en su camino. Los vivos y los muertos respiran con un mismo par de pulmones.
En la isla de los Cíclopes enfrenta al primer gran monstruo de un solo ojo. Odiseo y sus hombres lo ciegan y así escapan de su cueva. En el original de la Odisea, el héroe de Ítaca dice al cíclope que su nombre es «Nadie».
Después de la fuga, otros cíclopes le preguntan a su par quién lo dejó ciego, y su respuesta es: «Nadie». Así, queda abierto el camino hacia el escape final. La inteligencia de Odiseo como astucia, no como sabiduría.
En una isla, Odiseo encuentra a Circe, la mujer maga. Es lo femenino con el poder de transformar a los hombres en cerdos. Metamorfosis que los desnuda y muestra tal como son.
En la isla de Calipso, Odiseo vive en un idilio; se le ofrece la inmortalidad, pero él quiere volver, ser, amar y no renunciar a lo que es y puede ser. La aventura heroica es vencer pruebas. El valor ante el mal y los monstruos, los cíclopes, los lestrigones, Escila, Caribdis.
Odisea – Homero. Foto: Shutterstock.En el mundo del Odiseo de Nolan, los dioses se retiran, casi por completo: solo la diosa Atenea acompaña al héroe. Queda la isla de Helios, que pertenece al dios del sol. Su fauna es sagrada; quien la coma será castigado.
El humano se siente libre cuando viola las prohibiciones. Ser libre es desobedecer. El placer de elegir libremente expone al castigo en forma de avalancha del orden. Por esa punición, los marinos de Odiseo son engullidos por el mar de Poseidón.
Culpa y crítica
La modernidad de Odiseo es culpa y crítica. Lo perturba el engaño del caballo de Troya. Ganar en la guerra por el ardid reemplaza la pura fuerza épica por el rastrero cálculo. Reflejo de nuestro mundo calculado, algorítmico y sin épica.
Y culpa por la violencia, la sangre y la ejecución de una sacerdotisa en la Troya invadida. Un resquemor ausente en el mundo homérico.
A veces, se vuelve al hogar con una gran soledad a cuestas. En Ítaca, Odiseo se oculta como un mendigo anciano que se reencuentra con su perro Argos, que esperó su llegada para morir. En la dura epopeya hay lugar para no olvidar la nobleza del animal.
La crítica más eficaz es la inesperada. Telémaco y Penélope hablan de los Pueblos del Mar. Entre los siglos XIII y XII a. C., estos pueblos asolan con ferocidad el Mediterráneo oriental. Poco se sabe de ellos, de dónde vienen o qué los impulsa en su expansión violenta, que marca el fin de la Edad de Bronce.
Para los griegos representaban a los bárbaros. Pero cuando el Odiseo de Nolan vuelve a Ítaca, todavía sin mostrar quién es, le narra a Penélope todo lo que vivió como si fuera un compañero de su esposo ausente.
Recuerda los horrores y engaños en la conquista de Troya. Una Penélope sorprendida, entonces, deduce de ese relato que los griegos son los Pueblos del Mar. Es decir, tras la apariencia de civilización siempre se repliega lo bárbaro.
Odiseo, el moderno, ya no solo es el sujeto de la crítica a la violencia y el de la poca atención a los fastos divinos. Ahora comprende que los griegos también son parte de la locura bárbara. La hibridez de la civilización y la barbarie en la trama fundacional de Occidente perturbado.
Los dioses de débil presencia hacen que Odiseo represente al humano que debe hacerse cargo de sí mismo. Y es también el que tiene que explorar el mundo con los dioses en retirada. Cuando los humanos estamos solos, debemos buscar lo mejor de nosotros mismos sin padres ni grandes autoridades que den guía y seguridad.
Al volver a Ítaca, Odiseo recupera su libertad. El héroe lo es en el sentido pensado por Joseph Campbell, el gran mitólogo: el héroe parte de su hogar, hace un viaje circular que vuelve al punto de partida, pero transformado en un iniciado, un nuevo hombre, luego de superar múltiples pruebas.
Y su conquista de la libertad en Ítaca es quebrar la repetición. Lo repetido sería que, luego de matar a los pretendientes de Penélope, se contentara con ser un satisfecho hombre de poder. Pero la libertad plena es ser de otra manera. Elige, entonces, seguir la aventura del viaje. Por el viaje, el héroe se encuentra a sí mismo y se realiza.
En el octavo círculo del Infierno
El Odiseo de Nolan recuerda al Odiseo de Dante, alojado en el octavo círculo del Infierno de su Divina Comedia por la arrogancia de proseguir el viaje y pretender conocer lo que no está permitido a los mortales.
Vista de la tablilla de arcilla con una inscripción grabada descubierta tras tres años de excavaciones en el yacimiento arqueológico de la antigua Olimpia que preserva trece versos de La Odisea de Homero.EFE/ Ministerio de Cultura De GreciaEl mundo de Homero es un mundo perdido. A esa desvanecida latitud histórica, Nolan se acerca más por el sonido que por la imagen. Siguiendo sus instrucciones, el músico sueco Ludwig Göransson recupera instrumentos de la época y construye un tejido sonoro que nos devuelve a una época lejana, extraña y, efectivamente, perdida.
La modernidad del Odiseo de Nolan nos interpela, nos propone la continuidad del viaje como épica hacia nuestra mejor autoconstrucción.
Por eso, en el film, el viaje de Odiseo debe continuar. Y así, el héroe vuelve a surcar el mar; de nuevo hacia el horizonte de bruma y azul, con la luz de un sol joven. El renovado viaje para ver más, ser más.










