La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) vive sus horas más bajas, con cientos de cuestionamientos sobre sus mecanismos de control tras el fiasco de los últimos exámenes de admisión. El salto a la modalidad en línea y a distancia, que arrojó resultados tan excelentes que resultaron inverosímiles, ha obligado a mirar con lupa el proceso en busca de la trampa masiva. Las aristas de esta crisis sin precedentes, sin embargo, siguen multiplicándose con el paso de los días, y a la discusión sobre los límites de la tecnología se suma un debate mucho más profundo sobre el sistema de educación superior en México. La ministra Lenia Batres criticó el mecanismo selectivo de la UNAM por neoliberal y la presidenta, Claudia Sheinbaum, ofreció abrir las puertas de la Universidad Rosario Castellanos a quienes fueran rechazados por el centro de estudios, una alternativa que inundó las redes de burlas, pero también de preguntas sobre las opciones reales de los estudiantes mexicanos. “Este episodio es relevante para la institución, pero más aún porque exhibe el problema de oportunidades educativas de todo el sistema. Ilustra las preferencias vocacionales y las limitaciones de espacios”, sintetiza Alejandro Canales, experto en políticas educativas de la UNAM.
El escándalo de la UNAM exhibe las grietas del sistema de educación superior de México









