La desaceleración de la inflación es presentada por Javier Milei como uno de los mayores logros de su programa económico de ajuste, tras asumir en 2023 con una inflación interanual del 211%. El presidente argentino ha perseguido ese objetivo obsesivamente, incluso desoyendo las advertencias de voces amigas que le llaman la atención sobre la caída de la actividad y la merma de los ingresos de la población que derivan del apretón fiscal y monetario. Pero, aun con ese sacrificio, el proceso impulsado por el ultra no logra consolidarse. En julio, el indicador marcó 2,1%, dando un paso atrás respecto de los tres meses previos en los que se había desacelerado.
El repunte generalizado de precios se explica, en parte, por el aumento de los servicios de turismo vinculados a las vacaciones de invierno en Argentina: el rubro de recreación y cultura aumentó 5% en el mes, mientras que la división restaurantes y hoteles se encareció 2,8%. En el otro extremo, los precios del sector de prendas de vestir y calzado —uno de los sectores más golpeados por la reducción de la actividad— cayeron -1,3%.
“Estamos cada día más cerca de que la inflación sea poco más que un mal recuerdo”, dijo Milei en diciembre de 2024, cuando se cumplió el primer aniversario de su presidencia. En ese momento, todavía era posible el optimismo. Los registros mensuales de inflación comenzaron a bajar durante su mandato hasta llegar a su nivel mínimo en mayo de 2025, cuando marcaron 1,5%, punto desde el cual retomaron una escalada lenta pero sostenida. En marzo pasado, el índice de precios al consumidor alcanzó el 3,4% mensual —uno de los registros más altos de la gestión libertaria— e inició desde ese pico una nueva senda descendente, que ahora se ve interrumpida.
Si bien los números son considerablemente más bajos si se los compara con los de la gestión del gobierno de Alberto Fernández (2019-2023), están lejos de ser lo que el libertario prometió. Ya está descartada la posibilidad de llegar a agosto con un índice que empiece con el número cero, como había anticipado, y tampoco será posible cumplir con la inflación anual proyectada en el Presupuesto 2026, de 10,1%. Ya en los primeros siete meses del año los precios acumularon una suba de 19,3%. En la comparación interanual, la inflación es del 33,8%.
El dato que informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) este jueves es incluso levemente superior al anticipado por el mercado. De acuerdo con el promedio de las estimaciones privadas que elabora el Banco Central, se preveía una inflación del 2% para julio. Las proyecciones anticipan un proceso de desaceleración hacia adelante, aunque a un ritmo lento y no exento de altibajos.
Horas antes de que se conociera el nuevo reporte oficial, el ministro de Economía, Luis Caputo, había intentado amortiguar la noticia. “Lo importante es que nosotros seguimos profundizando el proceso de desinflación. Nos sentimos cómodos con la política fiscal y monetaria que estamos llevando a cabo e inevitablemente vamos a converger a una inflación internacional. Hay que mantener el rumbo”, dijo en una disertación en la Bolsa de Comercio de Córdoba.
Créditos en dólares para empresas
El ministro Caputo también anunció este jueves una modificación en el marco regulatorio que permitirá a los bancos ofrecer préstamos en dólares para empresas, con el objetivo de fomentar la inversión privada y darle impulso a la economía. Las entidades podrán prestar hasta un 15% de sus depósitos en dólares y deberán tener criterios más exigentes respecto de otras financiaciones, para resguardar “la solvencia y la liquidez del sistema financiero” y limitar los riesgos asociados al potencial descalce de moneda de los tomadores de crédito, que operan en un mercado pesificado.
Caputo vinculó la iniciativa al proyecto de “inocencia fiscal”, enviado al Congreso por el Ejecutivo, que busca que las personas ingresen al sistema bancario ahorros informales. “El objetivo es que haya mayor crédito. Los ahorros [que son la contracara del crédito] ya están, pero están debajo del colchón de la gente”, precisó el ministro. Según su lógica, a partir de la posibilidad de prestar los dólares, los bancos ofrecerán mejores tasas a los depositantes, lo que fomentará el blanqueo de sus tenencias.









