Desde el viernes, se puede ver por Netflix la nueva serie titulada Moria de ocho capítulos. Es una ficción inspirada, aprobada y también protagonizada por la misma Moria Casán, quien forma parte casi como una titiritera de su propia historia. Va desde sus inicios en el mundo del teatro de revista hasta la actualidad con sus flamantes ochenta años que cumplirá el 16 de este mes. Son tres las actrices que la encarnan en los distintos tiempos cronológicos: Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth.
Creada y dirigida por Javier Van de Couter, fue realizada por About Entertainment, productora argentina liderada por Mercedes Reincke y Armando Bo. El período que le tocó interpretar a Griselda Siciliani es desde los cuarenta hasta cerca de los sesenta años, cuando Moria pasa a ser conductora de talk show (Entre Moria y vos, año 2001) y decide escribir su propia autobiografía (Me Moria, 2012).
—Ya habías encarando a una mujer real en Menem cuando hiciste de Zulema Yoma, ahora Moria: ¿Cuál es tu secreto para encontrar y trasmitir esos espíritus?
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
—Primero soy muy trabajadora, estudio mucho. Cuando tengo material como me pasó con Zulema y más aún con Moria siento que son una gran ayuda. A diferencia de cuando debo crear a Vicky en Envidiosa que la tengo que imaginar desde la nada. Me parece que el trabajo del actor es tomar un camino y decisiones. Son personajes que me quedan muy lejos, tanto Zulema como Moria, física y expresivamente.
—¿Cuál sentiste que era la esencia de Moria?
—Moria Casán está siempre expuesta. No creo que sea una persona que esté cuidándose, ni teniendo una estrategia, sino que está haciendo y siendo. Pensé que tenía que encararla así como actriz, más allá que es una característica mía también, abordar bastante en carne viva a los personajes. Pero dije: “Aquí tengo que mandarme a que no me importe nada.”
—¿Cómo se estudia un personaje? ¿Habías leído su autobiografía?
—Estudiarlo es mirar videos como una desquiciada. Analizar su forma de hablar, de moverse, cómo dice, piensa y tratar de entender cómo es su sistema de pensamiento para poder improvisar en el caso que tenga que hacerlo. Puedo acercarme mucho desde el juego de roles, pero después quiero tener un backup por si tengo que improvisar como Moria y me pregunto: ¿qué contestaría? o ¿qué pensaría? Es el trabajo del actor: imaginar. Sí leí su libro, porque además me toca esa época, Interpreto el momento en el que ella lo escribe. Fue lo primero que hice cuando todavía no me daban los guiones de la serie. Estaba ansiosa y quería empezar a prepararme, no tenía mucho tiempo, estaba grabando la cuarta temporada de Envidiosa, después filmaría Felicidades, la película de Alex de la Iglesia y estaba haciendo la obra de teatro.
—En los capítulos que interpretás aparecen dos temas: el paso del tiempo y no perder su vigencia…
—Ella reformula siempre sus carencias, es alguien que está atravesando algo que le incomoda y después lo transforma. Me parece que con lo que le duele o no le gusta, ella lo transforma en singularidad, en Moria Casán. Es como si esto que me está doliendo lo voy a transmutar en acción. No es nostálgica, no se queda agarrada del pasado. Siempre va hacia adelante, incluso en el dolor, en la frustración o en la herida.
—¿Aprendiste algo encarnándola?
—Pienso en todas esas cosas que piensa Moria y que pensamos todos los seres humanos, porque la serie atraviesa un montón de cuestiones universales, como la maternidad, el trabajo, la vigencia, más allá que tenemos vidas muy diferentes, con Moria somos distintas, aunque las dos venimos de la danza. Y eso es algo que tuve a favor al momento de interpretarla y lo hablé con las otras Morias. A me resultaba cercano pararme en su cuerpo. Cuando me colocaron las tetas, los tacos, la peluca, la ropa y el maquillaje sentí que mi cuerpo adquiría una manera de moverse a lo Moria. Siempre abordo los personajes primero desde el cuerpo, porque es mi formación y eso me viene de la danza. Para mí le da confianza a tu cuerpo en el espacio. Después traté de robarle todo el amor por sí misma que Moria siente, tiene una mirada benévola con respecto a ella misma.
—¿Estuvo muy presente en el rodaje?
—En el rodaje no. Fue muy respetuosa y cariñosa, todo el tiempo agradecida. Nos decía “gracias por habitarme, por aceptar”. A mí me pareció un honor interpretarla y un desafío. Es un ícono demasiado importante de la cultura popular. Tuve miedo de no estar a la altura de la propuesta y es lo que me empujó a decir que sí.
—¿Cómo te sentiste frente al tema de la droga?
Está todo en la serie, es cero careta. Ella no ocultó nada de su forma de vida. Está lo que dijo y sus peleas mediáticas. A mí me tocó el período en que se inicia como conductora de talk show, los vi todos y noté que era muy diferente cuando empezó. Debuta con trajecitos sastres y después cada vez es más Moria Casán, ahí dice esa frase: “Si querés llorar, llorá”. Ella se da cuenta lo que funciona y entiende lo mediático, algo que es tan difícil. Soy todo lo contrario a Moria. Escuché mentiras horribles sobre mí, pero prefiero que se digan antes que ser parte de ese tipo de comunicación. Mi sentimiento ante lo público es casi el opuesto al que tiene Moria. Ella tiene una facilidad y una inteligencia para entender ese movimiento de los medios que me parece admirable. Por eso creo que es icónica porque ella marcó momentos estéticos.
—¿Qué te dejó filmar con Alex de la Iglesia?
—Por suerte era un personaje que conocía del teatro y había hecho cientos de funciones, pero estudié el guión mientras filmaba la serie. También fue un rodaje intensísimo que ya vendrá en Netflix. Fue muy divertido y tiene mucho de ciencia ficción porque todas estas cuestiones que pasaban en el teatro de manera artesanal a nivel cinematográfico tienen otra belleza. Hay más personajes, porque la historia es un poco diferente. Nunca había trabajado con Peter Capusotto y nos reíamos mucho. Encontramos entre los dos una química muy genial. Lo adoro, a veces me manda mensajes, audios que me hacen llorar de la risa.
—Ahora estás actuando en Boîte, en La Trastienda y hay momentos en que pareces Vicky de Envidiosa…
— Sí, hay una parte que es un monólogo que hacíamos en Sptza en el 2016, mucho antes de Vicky y se lo regalé a Envidiosa. Lo conversé con Carlos (Casella) y le pareció bien reflotarlo. Aunque Vicky no era tan desaforada pero tiene un poco de ese color que me gustaba para el show. Empezamos por un mes y ahora nos extenderemos hasta septiembre.
—¿Seguís palpando la popularidad Envidiosa?
—Sí, no sólo aquí sino también en el resto del mundo, incluso en otros idiomas. En Italia ahora están haciendo su propia versión que se llamará Tropo envidiosa. En toda América es furor. En Madrid cuando caminaba por la calle me decían Vicky. Es un orgullo porque es una serie tan nuestra, tan argentina. Tiene nuestro modo de hacer comedia y nuestro humor.
—¿Nos quedan las plataformas?
—Tengo la esperanza de que algo pase y que se puedan hacer más películas porque tiene que haber diversidad. Los directores jóvenes, que quieran filmar su ópera prima, deben tener el espacio y el apoyo del estado para crear. Porque así la cultura se enriquece. Tiene que haber lugar para la idiosincrasia de cada lugar, no todo debe ser universal y transversal. Tenemos que tener espacio para las singularidades de cada artista de nuestro país, sobre todo que los nuevos tengan el apoyo del estado.









