El memorando de entendimiento suscrito entre Estados Unidos e Irán el 17 de junio para tratar de poner fin a la guerra ha expirado este lunes al cumplir dos meses, entre nuevas recriminaciones mutuas de los dos enemigos y mucha incertidumbre sobre cuándo y cómo pueda continuar un conflicto que comenzó el 28 de febrero y que no tiene ningún viso de acabar. El presidente Donald Trump ha amenazado este lunes con extender sus ataques a Omán, antiguo país mediador y aliado estadounidense, si no cede a sus exigencias sobre el estrecho de Ormuz y se abstiene de acordar con la República Islámica algún tipo de peaje en ese paso marítimo estratégico, clave en el conflicto.
“Si [Omán] se interpone en nuestro camino, les bombardearemos sin piedad”, ha declarado Trump, en una entrevista telefónica con un reportero de su cadena de televisión predilecta, Fox News, según ha contado el propio periodista, Trey Yingst, corresponsal en Tel Aviv. Las amenazas del presidente estadounidense llegan apenas diez días después de que las autoridades iraníes y omaníes anunciaran que estaban muy cerca de cerrar un pacto para gestionar el tráfico marítimo en Ormuz, sobre el que pesa el doble bloqueo de Irán y de Estados Unidos.
No es la primera vez que Trump amenaza a Omán, un país que participó en las negociaciones de paz previas a la guerra y que se había barajado como sede de las conversaciones que habían estado previstas en el memorando de entendimiento que expiró este lunes. El republicano ya había arremetido contra su aliado árabe en mayo, cuando Irán amenazaba con imponer peajes permanentes en el estrecho y contactaba con su vecino de enfrente para crear un mecanismo conjunto.
Pero sí es la primera vez en que el presidente estadounidense se refiere a Omán de esta manera desde que él y su homólogo iraní, Masud Pezeshkián, firmaron el memorando por el que establecían una tregua de 60 días, un plazo en el que debían desarrollarse conversaciones para una paz permanente y, sobre todo, decidir el futuro del estrecho de Ormuz, fundamental para el sector energético mundial y la marcha de la economía global.
También es la primera vez que lo hace cuando los contactos entre Omán e Irán en torno a Ormuz parecen entrar en la recta final. Las autoridades iraníes han insistido este lunes en que el acuerdo para gestionar el tránsito marítimo en el estrecho es inminente, y han apuntado a que hay un entendimiento con su vecino respecto a las rutas. Pero también que trabajan en finalizar un pacto más detallado con medidas y una declaración conjunta.
“Hay un entendimiento sobre el mapa de rutas de tráfico, pero estamos y vamos a finalizar el entendimiento en forma de un ‘paquete’. Esto es, el mapa más una declaración conjunta”, según ha afirmado el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, en rueda de prensa.
La expiración del memorando no cambia la situación sobre el terreno. Las provisiones del acuerdo también estipulaban que ambas partes podían extender el plazo si lo deseaban.
Un documento ambiguo
Tanto Washington como Teherán han declarado durante semanas que el documento de 14 puntos que tanta expectación suscitó en su momento no era más que papel mojado, y se reprochaban mutuamente la responsabilidad del fracaso.
Un fracaso que quedó claro casi desde el primer momento. La precipitación para llegar a algún tipo de pacto, la impaciencia de Trump por anunciar una solución a una guerra que le aburre y le lastra en las encuestas, las enormes diferencias en las posturas de los gobiernos enemigos y la esperanza de que todo se podría arreglar en la fase de conversaciones detalladas arrojó un documento muy corto y muy ambiguo.
Esa imprecisión hizo que se multiplicaran los desacuerdos: sobre lo que debía aplicarse y, sobre todo, cómo debía ponerse en práctica. Desde el levantamiento de sanciones y pago de un fondo de reconstrucción a Irán por un mínimo de 300.000 millones de dólares (unos 260.000 millones de euros), al fin de las hostilidades en el sur de Líbano ocupado por Israel. Pasando por el compromiso de Irán a no fabricar armamento nuclear.
Para sorpresa de nadie, el escollo definitivo sigue siendo el estrecho de Ormuz: el presidente estadounidense lo declaraba abierto incondicionalmente; Irán sostenía que el control final de ese cuello de botella era cuestión suya y que el punto 5º del memorando se lo reconoce. Por tanto, considera que los barcos que lo atraviesen deben plegarse a las rutas que la República Islámica considere apropiadas. Las fuerzas iraníes han atacado a buques mercantes que no lo han hecho. A su vez, las tropas estadounidenses han respondido con bombardeos sobre objetivos iraníes, que Teherán devolvió con golpes a bases estadounidenses en países árabes vecinos.
La semana pasada, las fuerzas estadounidenses abrieron fuego contra un carguero de bandera panameña que intentaba esquivar el bloqueo impuesto por Washington. Era un nuevo paso en un ciclo de ataques y represalias que se viene repitiendo casi semanalmente, que suele empezar con un acto hostil de alguno de los dos ejércitos y acabar en un comentario de Trump en redes sociales —seguido de la declaración de algún portavoz iraní en Teherán—, en el que se alternan las amenazas de bombardeos y de uso de la fuerza con el mensaje de que los contactos diplomáticos avanzan y un acuerdo está al alcance de la mano.
El viernes, Scott Bessent, el secretario del Tesoro de Trump, aseguraba que impondrá nuevas medidas para castigar económicamente a Irán, aunque no está claro si pueda aumentar esa presión de manera significativa: el régimen ya se encuentra cargado de sanciones económicas, la relación comercial es inexistente y Teherán ha demostrado a lo largo de seis meses de guerra que está más que dispuesto a absorber penalidades económicas y no doblarse ante su enemigo. Por su parte, el republicano amenazaba con declarar el estrecho de Ormuz como territorio estadounidense. Casi en paralelo, el jefe del ejército iraní, el general Amir Hatamí, ha anunciado una recompensa de 30.000 dólares por la muerte o captura de soldados estadounidenses.
El presidente estadounidense asegura que él no tiene prisa alguna e insiste en declarar derrotado al país rival. Y que su objetivo es garantizar que Irán nunca podrá desarrollar un arma nuclear. “La meta número uno es, y siempre será, que Irán no pueda tener un arma nuclear de ninguna manera, modo o forma”, ha escrito este lunes en un mensaje en Truth, su red social.
En sus declaraciones al periodista de Fox, el mandatario ha asegurado que, en su opinión, Irán “debe ondear la bandera blanca de la rendición”.










