Las pinturas de Andrew Scott (35) sorprenden y atrapan. Sus creaciones -que cuentan con millones de visualizaciones online-, se salen de los márgenes y el marco pasa a formar parte de la propia obra, o ésta termina plasmada en una nueva pared fuera del cuadro.
En los escenarios que construye este artista estadounidense –con dos millones de seguidores, sólo en Instagram-, puede que un niño dispare una honda y la piedra rompa el vidrio o el marco. O que una chica y un chico descalzos tiren de los extremos de una cuerda, al punto que él quede fuera del encuadre y apoye su pie en el armazón para tomar fuerza. O que un personaje se deslice al ladear el marco, que se convierte en un tobogán.
Scott desafía las convenciones artísticas. Al romperles un pedazo o quemarlos y echar abajo la “cuarta pared” de una obra, reconfigura los marcos. En paralelo, las escenas que compone -con lápices pastel, grafito, carboncillo y técnicas digitales-, establecen una conexión directa con el espectador y lo impulsan a la reflexión.
De cierto modo, trata a sus pinturas como esculturas, ya que destroza los cristales, machaca las monturas, y usa martillos o sopletes, entre otras herramientas.
“Es un desafío definir mi arte. Yo lo llamo ‘experimentos con marcos’, porque cada pieza es una especie de experimento: no sé si va a funcionar o no, pero podría considerarse escultural, pues el marco posee un aspecto físico y hay algo dimensional. Es una combinación de cosas”, le dice Scott a Viva por Zoom, desde su estudio en Rochester, ciudad de 207 mil habitantes ubicada en la parte oeste del estado de Nueva York, en la que se crió.
Hijo de un padre ingeniero y una madre enfermera, Andrew es el menor de dos hermanos. Su amor por el dibujo nació como una especie de refugio, ya que era un niño tímido e introvertido. “Dibujaba todo el día”, cuenta. Como a los 13 o 14 años cambió el dibujo por los deportes -practicaba atletismo y carrera a campo traviesa- que le brindaron un “espacio seguro”, cuando era “un adolescente ansioso”.
Luego de estudiar publicidad en el Instituto Tecnológico de Rochester, trabajó durante diez años como redactor en algunas agencias de su ciudad para cuentas que iban desde alimentos hasta bienestar, y del área B2B.
Scott desarrolla sus “experimentos con marcos” en su estudio de Rochester. Foto: gentileza A. Scott“Pude dar rienda suelta a mi creatividad, pero nunca fue el lugar correcto para mí… Aunque yo no estaba dibujando, mi habilidad conceptual se fortaleció, porque se me ocurrían un montón de ideas. Esa mezcla, de ideas y del deseo de regresar a algo que amaba, forjaron mi escape de una caja en la que me sentí atrapado por mucho tiempo. El arte fue mi salida de la insatisfacción. Y los personajes escapándose (del marco) surgieron como una metáfora de cómo me sentía”, detalla.
En 2020, Andrew decidió volver al arte, luego de darle vueltas al asunto. Entonces, venía saliendo de un matrimonio que no funcionó. Fue a terapia y le mostró sus bosquejos al terapeuta. “Él me ayudó a ver que lo que yo estaba creando era lo que realmente quería hacer. Hace cuatro años que me dedico a esto por mi cuenta.”
Hoy, sus obras integran colecciones en diferentes partes del mundo y personalidades de su país, como la decoradora Joanna Gaines (conductora de Fixer Upper, junto con su marido Chip) y la actriz Kaley Cuoco (la azafata de Flight Attendant), adornan sus casas con ellas.
También colaboró con el Manchester City F.C, con una imagen de Phil Foden, que pateaba un balón cuyo impacto quebraba el vidrio. Esto, a propósito de un post del equipo británico que festejaba al mediocampista como “el jugador más joven en alcanzar las 50 participaciones en goles de la Premier League con el City, en 2023”.
Al comienzo de su carrera en solitario, Scott hizo ilustraciones editoriales sobre temas políticos -algo de eso queda, ahora mismo está leyendo una historia de los Estados Unidos, desde la perspectiva de los oprimidos-. Luego optó por la salud mental y la experiencia humana -le fascina la psicología-.
El arte fue mi salida de la insatisfacción. Y los personajes escapándose (del marco) surgieron como una metáfora de cómo me sentía.
Scott combina grafito, carboncillo, pastel y técnicas digitales. Foto: gentileza A. Scott“Dejé de hacer arte político para hacer arte humano, que tiene que ver con las emociones. Creo que los marcos y los personajes saliéndose de estos, también son una metáfora de la vida y, por eso, me interesa capturar todos los aspectos de ser humano: sentirse atrapado, escapar, arreglar cosas que están rotas, etcétera. Y el aspecto juguetón, la conexión con lo creativo. Hay muchas metáforas que pueden resonar en la gente.”
Con reminiscencias a Banksy, el diseñador explora temas como la curiosidad, el escapismo, la soledad. También apela a la nostalgia. En sus imágenes se distinguen el marrón, el rojo, el blanco y el negro.
“Cuando era más chico dibujaba con grafito. Nunca fui a una escuela de artes ni estudié teoría del color. Supongo que me sentía más cómodo con la escala de grises. Después, quise agregar un toque de color y usé el rojo. Comencé a hacer ilustraciones con un ‘giro argumental visual’. Uno de mis favoritos de esa época era un hacha clavada en un tocón. Del mango salía una flor roja. Pero tiene que ver con un tema estético, no hay una intención, una historia detrás. De todos modos, me gusta que la gente se pregunte cosas y haga sus propias interpretaciones, no decirles lo que tienen que pensar. Eso es lo divertido del arte. Además, parte de lo que el arte es, es lo que la gente ve.”
Sobre su conexión con Banksy, dice que las comparaciones le parecen “curiosas”, si bien el misterioso artista británico es uno de sus creadores favoritos.
“Definitivamente, hay una inspiración desde el punto de vista estético. Muchos dibujos que hago llevan bastante negro, puede que, de alguna manera, luzcan como esténciles, pero dicho esto, lo de él es, específicamente, arte callejero, y yo no estoy haciendo eso en un cuadro. Un punto en común es que su arte y el mío interactúan con elementos físicos. Creo que él es súper creativo e ingenioso, y respeto lo que ha hecho en una forma no tradicional. Ha roto los moldes.”
El rojo destaca entre los tonos que predominan en sus composiciones. Foto: gentileza A. ScottComo primera inspiración artística nombra a Pejac, un dibujante y pintor español, que también hace trabajo callejero…
“Es genial (despliega imágenes, en apariencia simples, que el observador puede leer entrelíneas o completar con su imaginación). Vi cosas de él cuando tenía 20 años y comenzó a entusiasmarme el papel del arte, aunque no perseguí una carrera de este tipo hasta que estuve próximo a los 30. Siempre amé la comunicación visual y la idea de expresar cosas sin decir palabras, que es algo que me encanta hacer.”
Un regreso a lo palpable
Los niños están muy presentes en la obra de Scott. “Cuando comencé con mis ‘experimentos con marcos’, una de mis primeras piezas fueron un par de autorretratos saliéndose del marco. Luego capturé recuerdos de la niñez. Retratar la infancia me pareció más significativo que los autorretratos o los adultos. Dibujar a un niño, que simboliza algo muy diferente de lo que simboliza un adulto, aporta otra sensación. Creo que, de algún modo, funciona porque los nenes no conocen sus límites. Pueden explorar nuevos territorios, cosas que, por lo general, los adultos tienen miedo de hacer.”
De hecho, hay que conservar el espíritu de la infancia para entrar en su mundo. “Mi trabajo del último año y medio tiene que ver mucho con el asombro y la curiosidad infantil, y con el juego. Por esas razones, los niños encajan en mi estilo”, dice.
En su infancia, como chico curioso e introspectivo, el propio Andrew “experimentaba” las cosas en su cabeza. “El marco es una representación de eso: vivir en tu pequeño mundo. Parte de eso debe venir de ahí, aunque no necesariamente son decisiones conscientes. Creo que el subconsciente y las emociones tienen mucho que ver con el arte. Lo que está ahí (pensamientos, recuerdos, vivencias) toma formas físicas.”
La infancia, el juego y la curiosidad atraviesan su obra. Foto: gentileza A. ScottActualmente, en la era de la IA y los robots, otro atractivo para el público es que lo que él hace podría considerarse contracultural, porque vuelve a lo manual, al toque del hombre, a las emociones primarias.
¿Es una especie de declaración, tipo “Al final, somos humanos”? “No, no tomo una posición contra las tecnologías o las ‘formas de arte’, si uno quiere llamarlas así. Trato de explorar ideas que le llegan a la gente y me llegan a mí. Me gusta ser creativo y ganarme la vida con ello. No me interesa hacer una declaración, sino divertirme, y hacer que la gente sonría o que se sienta inspirada por lo que hago. Pero creo que hay quienes aprecian el ámbito físico de un marco, una vuelta a lo palpable, la conexión con lo básico de lo que somos, más allá de que esté esa discusión de si las máquinas nos pueden reemplazar o no.”
No me interesa hacer una declaración, sino divertirme, y hacer que la gente sonría o que se sienta inspirada por lo que hago.
De Londres a Corea del Sur
Desde 2023, el artista pone a la venta sus series, de la mano de la galería británica Stowe. El año pasado, en Londres, exhibió Parallel Worlds Collection, en una tienda pop up del coqueto barrio de Kensington.
Los protagonistas eran niños: por ejemplo, uno que corría el lienzo del cuadro como si fuera una cortina, u otro que caminaba sobre la parte inferior del marco, roto en algunos tramos, como si fuera una cuerda floja.
“Había muchos nenes en la apertura de la muestra, aunque los niños no van normalmente a ver shows de arte. Fue lindo ver que generaciones más jóvenes comprendieran y apreciaran mi trabajo. Y que se expusieran al arte, a través de él. Gente de mi edad y más grande pareciera entender lo que hago también, porque es accesible, fácil, rápido de entender y divertido. Muchas personas se entusiasman con esto: relacionan sus experiencias, se ven reflejados y se ven como niños”, enumera Andrew.
Sus obras dejan espacio para que el público construya sus propias historias. Foto: gentileza A. ScottEn estos días, está ocupado en preparar material para una gran muestra que se montará en Corea del Sur, en 2027 o 2028. “Es una iniciativa buenísima. Voy a exponer trabajos antiguos y nuevos”, adelanta Scott, quien está focalizado en recrear los juegos de la infancia y en cranear cómo incorporarlos en el marco para que los niños puedan interactuar con él y sientan como que están jugando.
También le gustaría exhibir su trabajo en los Estados Unidos. Vive a seis horas de la Gran Manzana, pero dice que Nueva York no es su onda y que todo el bullicio lo agota.
Prefiere la tranquilidad de Rochester. “En general, no he viajado mucho. Espero hacerlo en el futuro y exponer en otras partes.”









