En el mundo de los videojuegos se conoce como ballenas a los grandes gastadores: jugadores dispuestos a desembolsar cantidades importantes de dinero real en compras dentro de un juego, desde cofres y personajes hasta otros contenidos digitales. Pese a que se promocionan como gratuitos, estos elementos de pago son una pieza importante del modelo de negocio, basado en mantener los ingresos a través de microtransacciones. Hasta ahora, sin embargo, no estaba claro hasta qué punto el gasto estaba concentrado en estos jugadores. Un estudio publicado este viernes en la revista digital Frontiers in Public Health indica que el patrón de gastos de esta industria tiene analogía con otra: la de apuestas.
Así vampirizan los videojuegos gratuitos a quienes están dispuestos a pagar por avanzar









