La chilena Gabriela Strahalm tenía 18 años, en 2008, cuando consultó el tarot por primera vez. Su madre, cuenta, tenía problemas con el alcohol y ya habían hablado con un psiquiatra sobre internarla. Gabriela debía decidir si se quedaba en Santiago, la capital, o se iba a vivir con su abuela. Recurrió a la tía de su mejor amiga, que leía las cartas, y le preguntó cómo estaría su madre si ella se iba.
Los jóvenes chilenos no creen en la Iglesia: tarot, reiki y astrología crean una nueva espiritualidad










