Cae la noche en Capital Federal. Y en un edificio a pocas cuadras del Obelisco hay un espacio llamado Microcentro donde ocurren varias cosas: reuniones, lecturas, exposiciones, talleres, entre otras actividades. Acá se encuentran la poeta, traductora y tallerista Cecilia Pavón y la artista plástica, poeta y narradora Fernanda Laguna para hablar del libro que acaban de sacar: Belleza y Felicidad, autobiografía de una amistad (Reservoir Books).
En rigor, se puede decir que es un epistolario entre dos amigas que recuerdan lo que hicieron entre los años 1999 y 2001, cuando la Argentina se aproximaba a una de sus peores crisis económica, política y social.
¿Qué hicieron estas chicas en esa época? Abrieron una galería de arte que fue mucho más que una galería de arte, ya que este territorio estético-existencial renovador del arte argentino se volvió un punto de referencia histórica para pensar la independencia, el poder de los lazos afectivos y cómo generar zonas de inclusión por fuera de las instituciones establecidas por el poder.
Entonces, ese epistolario desborda su cerco genérico para devenir en un libro encantador sobre la historia reciente sobre ese precipicio entre el siglo XX y el XXI.
Pero no hay que ponerse demasiado serios. Estas mujeres, esta noche, están distendidas, accesibles y escapan a la solemnidad. Mantienen la frescura y viven en el presente. Por eso, Fernanda Laguna arranca diciendo: “No soy dark, soy intensa, y así éramos entonces: intensas y darks”.
Pavón agrega: “Éramos feministas sin saber que éramos feministas, por entonces no existía el concepto en la Argentina. Y, además, estaba mal visto porque decían que ser feminista era de resentida”.
Ahora que pasó mucha agua debajo del puente, encuentros y desencuentros y los almanaques corrieron sin pausa, estas mujeres decidieron que era un buen momento para contar esa historia luminosa de Belleza y Felicidad de la que fueron artífices y protagonistas en una época en la que no era nada sencillo que dos chicas jóvenes lleven adelante esa aventura.
Fernanda Laguna y Cecilia Pavón presentaron Belleza y felicidad. Autobiografía de una amistad (Reservoir) en el Auditorio del Museo Malba. Foto: gentileza Malba.Recuerda Laguna: “En el momento no nos dábamos cuenta de que era algo histórico, pero sí comprendíamos que estaba pasando algo distinto, estalló. Nos sorprendió eso”. Pavón explica lo siguiente: “Creo que teníamos una ambición, muy de hacer la nuestra y no nos importaba nada más. Éramos ambiciosas, y eso logra que las artistas se sostengan. Hay que ser ambiciosos e insistir”.
–En el libro se transmite una militancia por la potencia creativa de los vínculos.
–Cecilia Pavón: Todo lo nuestro en Belleza y Felicidad tenía que ver con las relaciones, con la amistad. Todo el pensamiento que generamos está atravesado por las relaciones personales, esa es nuestra estética de que el arte y la poesía es una sola cosa con las emociones y los vínculos. También queríamos unir parejas, venían amigos y hacían muestras juntos. Es parte de lo que era Belleza, esa idea. De poder contar la realidad de la vida.
–¿Y en qué estado se encontraba la amistad de ustedes cuando surge la idea?
–Fernanda Laguna: Nosotras tenemos mucha identidad artística, así que volvimos a estar juntas y todo empezó a funcionar como siempre.
–Cecilia Pavón: El libro lo empezamos a escribir a fines del 2024. Volver a ser amigas es nuestra victoria contra la enemistad que a veces hay entre las mujeres. Lamento un montón todo lo que estuvimos peleadas. Lo bueno es que se pudo sanar a través del arte.
–Fernanda Laguna: Muchas veces son los varones los que enemistan a las mujeres. Es un clásico del patriarcado.
–¿Qué recuerdan de los 90?
–Cecilia Pavón: En el mundo de la cultura, hasta hace muy poco, todo lo manejaban los hombres. Nosotras empezamos a escribir y a hacer arte en los 90 y, en la poesía los varones te autorizaban a ser poeta.
En el mundo de la cultura, hasta hace muy poco, todo lo manejaban los hombres.
–Fernanda Laguna: Es que los queers son los que integraban a las mujeres. En la Di Tella, los varones gays también integraban a las mujeres, pero había mucho machismo en los 90 y nosotras éramos los bichos raros.
–Cecilia Pavón: No éramos las típicas chicas ni tampoco LGBT ni totalmente hetero ni bi.
–Fernanda Laguna: Y las bancas para las mujeres eran muy pocas, entonces lo que le queda a la mujer es una competencia total.
Fernanda Laguna y Cecilia Pavón presentaron Belleza y felicidad. Autobiografía de una amistad (Reservoir) en el Auditorio del Museo Malba. Foto: gentileza Malba.–¿Qué significó empezar a mirar lo que hicieron en Belleza y Felicidad?
–Fernanda Laguna: Para mí fue fue re lindo porque era memorizar entre las dos, es más fácil.
–Cecilia Pavón: No queríamos que fuera algo nostálgico porque esas ideas las seguimos teniendo.
–Fernanda Laguna: Funcionamos como una célula, no es algo muy común en la poesía de escribir juntas. Como si fuéramos Cecifer. No es Ceci y Fer, sino Cecifer todo junto. Todas las cosas que creamos en Belleza eran en conjunto: una empezaba con una cosa y la otra seguía con la otra. Entonces, en ese sentido, nuestra relación era muy intensa porque creativamente éramos como un cuerpo.
–Cecilia Pavón: Eso también es lo experimental, no solo el espacio, sino que fue una forma de hacer arte que es transpersonal.
–En el libro se van entretejiendo muchas realidades: la galería, las relaciones, pero también la realidad del país y de la economía argentina de fin de siglo. ¿Cómo lo fueron armando?
–Fernanda Laguna: En el momento en que nosotros abrimos Belleza y Felicidad fue algo realmente intuitivo porque no había muchos espacios referentes. Casi no había espacios independientes. Eran todos espacios institucionales. Las muestras que se hacían fueron algo hecho sobre la marcha, y el libro también tiene eso de ir recordando día a día, texto a texto, no había un plan.
Nos costaba mucho defender lo que hacíamos porque no había palabras que acudieran a nuestra ayuda.
–Cecilia Pavón: En los 90 no había conceptos como micropolítica o feminismo. Nosotras escribimos un fanzine que se llamaba “Fan de Buenos Aires” donde reivindicamos Argentina y Latinoamérica en un momento donde todo el mundo miraba para Europa. A eso hoy le podrían decir poscolonialismo. Lo nuestro fue intuitivo y después hubo conceptos.
–Fernanda Laguna: Por eso también fue tan criticado y a nosotras nos costaba mucho defender lo que hacíamos porque no había un montón de palabras que acudieran a nuestra ayuda.
–Cecilia Pavón: Nosotras éramos dos chicas que nos teníamos que defender de todo lo que nos atacaba. Ahí creo que fue un nacimiento para las dos como artista y de seguir evolucionando desde ahí.
–Fernanda Laguna: Es como que continuamos, todo fue una continuación.
Fernanda Laguna y Cecilia Pavón presentaron Belleza y felicidad. Autobiografía de una amistad (Reservoir) en el Auditorio del Museo Malba. Foto: gentileza Malba.–¿Dónde sentían más resistencia al proyecto de Belleza y Felicidad?
–Cecilia Pavón: La cosa de hablar desde la voz femenina, desde el yo. No existían los conceptos de literatura del yo ni autoficción ni giro autobiográfico, nada. Y todo lo que nosotras hacíamos era un giro autobiográfico, pero nos decían que estaba mal y después vino ese término.
–El proyecto editorial de Belleza y Felicidad ocupó un lugar importante para la edición independiente.
–Fernanda Laguna: El proyecto de editorial me parece hermoso. Fue una popularización de la poesía porque no sólo hacíamos las fotocopias, después íbamos a la noche a venderlas a los bares. Por eso le poníamos títulos muy gancheros y simples a los libritos. Era hablar de cosas populares en el sentido de que cualquiera lo pueda entender.
–Cecilia Pavón: Era un tiempo en que nadie te publicaba. O para publicar en las editoriales de poesía tenías que pagar un montón, había una cosa económica importante. Decíamos “no queremos que la gente tenga que pagar”, entonces lo publicábamos en fotocopia y le dábamos el 10% a los autores. Queríamos salir de esa hipocresía de que había muchas editoriales que cobraban para publicarte pero después los libros no circulaban. Decíamos: “bueno, mejor en fotocopia que es barato, se puede comprar y circula entre los lectores”. Porque también, para nosotras, siempre todo se trató de crear una audiencia, una escena. Nosotras íbamos a buscar la gente para que leyera nuestros libritos.
–Fernanda Laguna: Y empezó a pasar que bandas de rock como Victoria Mill leían El mendigo Chupapijas de Pablo Pérez. Empezaba a leer poesía otro público que era más de la discoteca, de la noche o del arte, y no era la poesía para los poetas. Abrir un espacio es convocar, empezar a formar un público. Una escena tiene eso de lo colectivo que es muy interesante.
–Cecilia Pavón: La autopublicación tenía que ver con liberarse de la mirada del ser elegido, romper con la autorización. Para nosotras, la autopublicación era emancipatorio.
–Hay mucho trabajo físico detrás de Belleza y Felicidad.
–Cecilia Pavón: Trabajábamos 12 horas, y después vendíamos materiales para artistas. Cerrábamos el local, íbamos a hacer un reparto o teníamos que ir a un evento, a llevar los flyers, teníamos que ir a hacer todo: limpiar, pintar las paredes, la contabilidad, ir a comprar los productos, todo.
–Fernanda Laguna: La colectivización me parece que fue muy importante frente al neoliberalismo que habla de la individualidad. Y en ese momento fue armar una resistencia cultural, y la gente colaboraba. Por eso, mucha gente se siente parte de Belleza y Felicidad. Era un lugar donde recurrir frente al dolor.
–Cecilia Pavón: Lo que pasa es que, con los años, es re difícil para una mujer todo lo personal, lo social y lo romántico. Porque nosotros buscábamos el amor, pero no queríamos adaptarnos, fue una década de cambio los 90. No queríamos adaptarnos al modelo romántico.
Belleza y Felicidad. Archivo Clarín.–Fernanda Laguna: Después no te querían por loquita, querían a una chica formal y nosotras éramos liberadas y espontáneas.
–Cecilia Pavón: Nosotras estábamos con el local a la calle y venían chabones que nos acosaban. Éramos dos chicas de 26 años en ese momento que no había ninguna conciencia de lo que se puede hacer o no hacer, era difícil. Fue una década que cambió un poco ese modelo de ser artista y tomar la palabra. Hoy parece que fácil para una mujer, pero hace poco que una mujer puede tomar la palabra.
–¿En qué siente que se contaminaron para bien?
–Fernanda Laguna: Teníamos la idea de que todas las artes se podían juntar y generar algo transdisciplinario.
–Cecilia Pavón: En el fondo no importaba tanto la perfección de la obra, sino que estuviera viva. Eso nos importaba en Belleza y Felicidad: la relación con lo vivo. No si era poesía o qué, era dar lugar a un arte en movimiento. Fue sacar al arte del lugar académico y a la vez hacer un arte vanguardista con objetos cotidianos. Buscamos eso y lo mezclamos todo. Era preguntarnos qué era el arte. Le abríamos la puerta a la gente que no fue a la universidad.
–Fernanda Laguna: Nosotras queríamos ir más allá del arte. El arte era la puerta de entrada a la felicidad.
Belleza y felicidad. Autobiografía de una amistad, de Fernanda Laguna y Cecilia Pavón (Reservoir).










