Solo tres semanas después de arrancar su mandato, el presidente Abelardo de la Espriella ha organizado en su primer gran evento en una plaza pública, la Plaza de Bolívar, en el centro de Bogotá: convocó a un evento de oración. “El presidente entregó la nación a Cristo”, anunció allí un miembro de la iglesia católica, mientras que el jefe de Estado coronaba una estatua de la Virgen de Fátima, la misma que estuvo en su posesión presidencial. El presidente, un antiguo ateo convertido al catolicismo, no logró movilizar a miles a la plaza principal del país en la noche del viernes, que se llenó a un poco menos de la mitad. Pero convocó al evento justo cuando, desde varias esquinas, ―liberales, ateas y desde otras religiones― lo señalan de querer imponer sus creencias católicas, en un Estado que se define como laico y multicultural.










