Los billetes con el rostro de Benjamin Franklin se fueron apilando, uno sobre otro, hasta sumar 1,2 millones de dólares. El efectivo se contó sobre una mesa para comprar una lujosa residencia en un exclusivo vecindario de la zona metropolitana de Los Ángeles, California. Desde el principio, el propietario y el agente inmobiliario sospecharon que detrás de aquella montaña de dinero podía estar un narcotraficante. Aun así, cerraron la transacción. No se equivocaban: la mansión se convirtió en el escondite de dos personajes ligados al Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Ahora, la vivienda está en el centro de una disputa legal entre el Gobierno de Estados Unidos, que la decomisó, y víctimas de una masacre en México que buscan una indemnización por lo que han sufrido.










