Un equipo de investigadores suizos enterró el pasado año más de mil calzoncillos de algodón en campos y jardines para medir, dos meses después, cuánto se había descompuesto la tela: la conclusión es que, cuanto más se deshace la tela, más sano es el suelo. Otro grupo, en Singapur, descubrió que una cucaracha fabrica un cristal de proteína para alimentar a sus crías que tiene más energía por gramo que la leche de cualquier otro animal, incluida la vaca. Ninguno de los dos hallazgos cambiará el mundo mañana, pero ambos, junto a otros ocho igual de insólitos, han recogido este jueves el Ig Nobel, el galardón que desde 1991 premia investigaciones capaces de “hacer reír primero y pensar después”.
Calzoncillos enterrados para medir la salud del suelo y cucarachas ‘lecheras’: los Ig Nobel premian los estudios más insólitos del año










