Era común que bolsitas con medio gramo de cocaína pasaran de mano en mano durante las fiestas de dos fraternidades de la Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State). Quienes aspiraban a ingresar a Delta Upsilon y Sigma Chi debían participar en la preparación de la droga: cortaban y empaquetaban el polvo blanco en las casas de las cofradías, ubicadas fuera del campus. El que pretendía ser un rito de iniciación terminó convirtiendo a varios novatos en cómplices y a su líder, el estudiante Agostino Abbatiello, en el mayor capo que ha pisado Penn State, una de las instituciones académicas más prestigiosas de Estados Unidos. El joven llegó a tener proveedores en Filadelfia y Nueva York que le vendían “grandes cantidades” de droga y varios narcomenudistas a su servicio. Durante dos años la red operó a la vista de todos, hasta que la Policía logró desmantelarla.
Estudiantes convertidos en narcos: cómo algunas fraternidades universitarias de EE UU entraron al negocio de las drogas









