Habrá un antes y un después tras el estreno de Pepita, La Pistolera para la actriz Luisana Lopilato. Luego de la película Mensaje en una botella de Gabriel Nesci, en el 2025, este año se conoció La caja azul de Martín Hodara pero desde el pasado jueves septiembre se la puede ver en el cine en esta última dirección Lucía Puenzo. El guión refleja parte de la historia de Margarita Di Tullio (1948-2009) figura clave en la década del ochenta en Mar del Plata. En esta nueva ficción la acompaña un elenco integrado por Claudio Tolcachir, Alberto Ajaka, Charo López, Marcelo Subiotto, Camila Peralta, Esteban Bigliardi y Gustavo Bassani.
Casi como nota de color hay que subrayar que mientras se hacen los reportajes, sentado en un sillón mirando su celular pero atento también a las preguntas está el cantante internacional Michael Bublé. Entre castellano e inglés saluda muy cordialmente y tiene una pronta sonrisa. Es el marido de Luisana Lopilato desde el 2011 y tienen cuatro hijos con los que viajan siempre. Es una familia muy unida e itinerante, ya que ella tiene en Buenos Aires a sus padres y a sus hermanos Darío y Daniela, también actores.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
—¿Cómo llegaste a este cambio y transformación?
—Fue surgiendo en los ensayos. Una siempre empieza por más, hasta que empezás a sacar, probando. No soy ni física, ni estéticamente parecida a Margarita. Es un pedacito de la vida de esta mujer, nosotros armamos e hicimos nuestra propia Pepita. En un momento pensé en ponerme una prótesis para parecen más gorda, pero lo desechamos. Fueron decisiones muy acertadas de la directora, porque una como actriz se embala y quiere todo. La gente me conoce hace tantos años porque trabajo en el medio, saben de mí, de mi familia y hasta de mi vida personal. Quise que Luisana desapareciera para ser Pepita. Por eso sí me puse una prótesis en la boca y el vestuario y maquillaje ayudaron a la transformación de poder parecer otra.

—¿Por qué además de la protagonista sos una de las productoras ejecutivas?
—Este proyecto lo busqué hace seis años. Tenía muchas ganas de contar una historia, A mí me gusta mirar películas de casos reales. Empecé como a buscar casos reales en Argentina, que no se habían hecho, de historias de mujeres empoderadas y ahí apareció Pepita, La Pistolera. Busqué información, leí los recortes policiales, incluso terminé armando un PDF con la historia de ella. Ahí lo llamé a mi representante y le dije quiero hacer esta película, pero descubrimos que los derechos los tenía Lucas Jinkis. Lo convocamos y decidimos juntarnos todos para buscar más apoyos y poder financiarla. Luego llegó la decisión de quién la iba a dirigir y surgió el nombre de Lucía Puenzo. Sentí desde el primer momento que esta película tenía que ser dirigida por una mujer. Ella nos cuidó no sólo con la imagen de los cuerpos, los desnudos sino también en las escenas de violencia. Se convocó a una especialista en este tema. La última creación que le había visto a Lucía Puenzo fue La caída y sentí que ese clima venía muy bien. Me gustaban su ritmo, sus tiempos y cómo contaba con la cámara.

—Dicen que la familia de Margarita Di Tullio, luego Pepita la Pistolera era violenta. ¿Crees que fue producto de ese ámbito?
—Creo que la marcó mucho. Hay gente que decide cambiar su destino y su futuro, pero otra no tanto. Fue su padre quien le enseñó a disparar y la mandaba a robar también, desde muy chica. Me parece que fue una mujer que creció un poco en la calle y empezó a ver todo lo que estaba pasando. Es una película que cuenta la época de los ochenta en una Mar del Plata invernal, con trabajadoras sexuales que morían todos los días. En esos años se decía que estaba el loco de la ruta, pero después se descubrió que era la misma policía, que las asustaba para que no pudieran trabajar tranquilas. Lo que Margarita hizo fue crear un refugio para que trabajen sin correr riesgos. Fue una mujer muy querida.
—Aparece muy muy claro el tema de la justicia y la complicidad política. ¿No te dio miedo firmarlo?
—No, porque nosotros contamos una ficción que es un pedacito de la vida de ella. Queríamos mostrar un poco lo que pasa hoy con las trabajadoras sexuales, que siguen luchando por sus derechos. Pepita fue una mujer que se empoderó, agarró fuerza de donde no había y se hizo sola, en un mundo donde solo mandaban los hombres. Creo que todos estos temas, que pueden darnos un poco de miedo hay que abordarlos con respeto y eso es lo que hicimos.
—¿Qué descubriste de ese mundo?
—En la película hay trabajadoras sexuales, escuché sus historias que son muy alejadas a la mía. Me tuve que empapar mucho del material. En el set también actúan muchas que son trabajadoras sexuales, de verdad. Fue pesado, no hubo un día que no volvía a casa como cargada. Fueron entre quince y dieciocho horas de filmación.

—¿Cuánto tiempo estuvieron ensayando?
—Hicimos diez días sin parar en la productora de Lucía, desde nueve de la mañana hasta las nueve de la noche. Ensayábamos todas las escenas como si fuera una obra de teatro. Eso me ayudó un montonazo. Ibamos al set ya sabiendo lo que iba a pasar. Fueron luego nueve semanas de filmación, Fue una decisión muy acertada de Lucía de empezar por Mar del Plata, allí pudimos entender un poco más de quién fue esta mujer. Recorrimos sus calles, cada vez que nos cruzábamos con alguien nos contaba una anécdota de ella, siempre solidaria con la gente. Fue y es muy querida. Me gritaban en la calle: “Pepita: ¡vamos, corazón!”. Creo que lo que más me costó fue meterme en este mundo tan alejado de mío. Como actriz no tenía ninguna herramienta para decir: “esto lo conozco.” Tuve que soltar, dejarme llevar, escuchar, mirar y observar. Me ayudó mucho estar con las chicas, escuchar sus historias, de dónde vienen, qué hacen, por qué lo hacen y ver la fuerza que tienen, ya que algunas llegan de lugares muy vulnerables. Todo esto me terminó de empapar con el material, porque es muy duro. Creo que Pepita la pistolera más allá del mito o del personaje, cuenta la historia de una mujer empoderada, dentro de su contexto, con las herramientas que tenía para salir adelante, con lo que aprendió, con lo que pudo, dentro de un mundo que era mandado por los hombres.
—Va las salas de cine ¿y después?
—Luego se podrá ver por Disney +. Pero para mí es muy importante que se vea en las salas de los cines, más con todo lo que está pasando ahora. Hay poco trabajo y el cine de a poco fue como desapareciendo. No hay ya tantas historias y no se escribe. A mí me encanta llevar a mis hijos al cine. Creo que las plataformas abrieron una puerta internacional, al mundo.
—¿Qué dicen de los argentinos en Canadá?
—Ahora en Canadá tenemos mucha gente de Latinoamérica, Perú, Chile, Argentina o México. Entregan más vibra, propia de los latinos. Cuando llegué a Canadá hace veinte años atrás, no había gente que hablara español, era muy raro ver un latino. Y ahora está lleno y siempre te encontrás con alguien que habla español. Todos los canadienses que conozco son muy buena gente, para nada fríos, tienen sentido del humor, se comprometen y son buenos amigos. Me celebran porque soy la que rompo el hielo y vivo armando grupos de WhatsApp, además soy la que hago las preguntas incómodas, los canadienses son muy respetuoso. Tal vez si no te saludan el ascensor, es por tímidos y por mi parte siempre rompo el hielo. Soy la que hago las fiestas.
«Pepita fue una mujer que se empoderó en un mundo donde mandaban los hombres»








