El 5 de septiembre quedará en la memoria de los argentinos por dos hechos históricos. El primero de ellos, porque se cumplieron 80 años del nacimiento del mágico Freddie Mercury.
Ese quinto día del noveno mes de 1946 nadie de Zanzíbar -un pequeño archipiélago frente a Tanzania, en África oriental- imaginó que nacería Freddie, su máxima celebridad, bautizado originalmente como Farrokh Bulsara.
Ocho décadas después, lamentablemente Mercury no está físicamente en este mundo -murió el 24 de noviembre de 1991 a causa del sida-, pero su música y su legado artístico continúan más firmes que nunca. Algunos de sus éxitos sonarán por siempre. Citemos algunas de sus perlas no tan famosas, para recordar su paso por esta inexplicable Tierra.
Jealousy: a fines de la década de 1970, Queen ya estaba instalado en el mapa del rock. En 1978 la banda lanzó Jazz, un disco que, tal vez, no es tan recordado por la masa popular. Sin embargo, la placa tiene algunos clásicos como Don’t stop me now, Bicycle race y Fat bottomed girls, y, por supuesto, esta dulzura llamada Jealousy.
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Freddie Mercury: ese tren que pasa más de una vez
My melancholy blues: decir que la voz de Freddie Mercury fue única y maravillosa es tan obvio que ya fastidia la terca repetición. No obstante, en este bluesito de News of the world (1977) se vista de gala absoluta. De principio a fin, el clima de la canción te transporta a la barra de un club nocturno, con un whisky en la mano, mientras con un dedo movés los hielos en un pasaje de auténtica melancolía por lo que fue o pudo ser.
Lily of the valley: vuelve a aparecer el Rhye de Seven seas of Rhye, uno de los hits de Queen II. Esta pieza es una caricia que no llega a los dos minutos de duración del disco Sheer heart attack (1974). Acá los coros empiezan a ser una marca registrada de la banda.
The millonaire Waltz: el lado B de Bohemian Rhapsody, con varias similitudes en distintas partes del tema y en el sonido. Más allá del piano y la genialidad de Bulsara, la guitarra de Brian May es el acompañante perfecto. Incluida en el disco A day at the races.
Don’t try suicide: así cómo Freddie y la Red Special de May formaban una dupla letal, el bajo de John Deacon también fue un baluarte con el glorioso timbre del cantante. Y en este tema la maestría de Deacon suena a pleno. Dentro de la atmósfera sexy del disco The game (1980), Mercury te grita sensualmente Ok, don’t do it, don’t you try it, baby. Cualquier similitud con Walking on the moon, de The Police ¿es mera coincidencia? De cualquier forma, suena muy bien.
Nevermore: menos de un minuto veinte segundos. Una baladita de Queen II con una letra triste, pero con un ritmo que contrasta con ese ambiente de corazón roto. Otro enorme dueto de piano-voz de Freddie.
Flick of the wrist: podría encajar sin fisuras en un musical de Broadway. Dramático, agresivo y bien power es este auténtico shot en la frente de Sheer heart attack. Además de Freddie, toda la banda se luce en una gran armonía grupal.
Man on the prowl: el lado B de Crazy little thing called love, en The works (1984). Independientemente de que es muy similar al hit de The Game y que además tiene aires de Elvis Presley, la canción invita a bailar y a dejar todo en la pista. El piano dispara un virtuosismo a la altura de su intérprete.
Y algo queda pendiente: ¿cuál es el segundo motivo para recordar el 5 de septiembre? En esa fecha, pero de 1993, la selección cafetera de fútbol dio cátedra en el estadio Monumental en un histórico 5 a 0 ante el equipo albiceleste de Alfio Basile por las eliminatorias para el Mundial de Estados Unidos 1994. Pero esto es otra historia.
Sin embargo, en esta nota no se repasará aquella epopeya del Pibe Carlos Valderrama y compañía, sino que se hará hincapié
*Lic. en Comunicación










