El genio de Wassily Kandinsky, quien revolucionó el arte moderno a través del color y la música, se expone en el Palazzo Bonaparte de Roma desde el 15 de septiembre hasta el 14 de febrero de 2027, en una muestra que busca ofrecer una mirada integral de su obra y su vida, así como de aquello que eclipsó, como el extraordinario talento de Gabriele Mnter.
Mnter, artista con mérito propio, fue su compañera sentimental durante largo tiempo.
En esta ocasión, sus obras se exhiben por primera vez, ofreciendo una nueva perspectiva de extraordinaria intensidad, que se explora en la exposición a través de toda la complejidad de la obra de Kandinsky, recorriendo la trayectoria de un hombre que pasó de graduarse en Derecho y Economía Política en la Universidad de Moscú a convertirse en un maestro del arte moderno, atravesando diversas épocas históricas, países y apasionados romances.
Fue pintor, teórico, docente e intelectual: una figura fundamental de la vanguardia europea.
En Roma, junto a sus pinturas, la exposición presentará documentos, fotografías, objetos personales y materiales procedentes de la BibliothŠque Kandinsky, ofreciendo una visión del mundo más íntimo y cotidiano del artista.
La capital italiana aguardaba el regreso de Kandinsky desde hacía más de veinticinco años. Ahora, el artista cobra vida entre los muros del Palazzo Bonaparte a través de más de setenta obras maestras –cedidas en préstamo especial por el Centre Pompidou de París– que narran toda su trayectoria personal y artística en una exposición rica y exhaustiva, marcada por el sello inconfundible de Arthemisia, la empresa que la produjo y organizó.
Curada por Angela Lampe, esta exposición de excepcional relevancia internacional reúne obras maestras procedentes de museos de todo el mundo y del prestigioso museo francés que alberga la colección más completa e importante de su obra.
La muestra también destaca las historias de dos mujeres en particular que desempeñaron un papel fundamental en el ascenso a la fama del pintor: Gabriele Mnter –su pareja durante más de una década y una gran artista que permaneció largo tiempo en la sombra– y Nina Kandinsky, su devota esposa y la incansable guardiana de su legado.
Fue precisamente la generosa donación de Nina al Centro Pompidou de París lo que permitió preservar el inmenso legado del maestro y garantizar que llegara hasta Roma.
No obstante, la exposición también narra, como es natural, el nacimiento de una revolución artística. Al fin y al cabo, para Kandinsky un color podía poseer la sonoridad de una melodía y una línea podía expresar una emoción.
De esta reveladora intuición nació la abstracción: un lenguaje totalmente nuevo destinado a cambiar para siempre la historia del arte y nuestra manera de ver el mundo.
La exposición, estructurada en cinco secciones, guía al visitante desde las primeras obras figurativas –pasando por los años en Múnich y la etapa de «Der Blaue Reiter»– hasta la época de la Rusia revolucionaria, la experiencia fundamental de la Bauhaus y el periodo final en París.
Entre las obras maestras expuestas destacan piezas icónicas como «Gelb-Rot-Blau» (1925), considerada uno de los mejores ejemplos de la producción de Kandinsky.
Con información de Ansa.









