Roxana Valladares estaba con su hijo de 6 años en el hospital de Homestead, al suroeste de Miami, cuando en plena madrugada comenzó a empacar. Agarró una manta, una muda de ropa para el niño y una silla plegable de playa. En una hielera puso agua y merienda, y pidió un Uber. A las 4 de la mañana se apostó frente a la corte de inmigración del downtown de Miami para tomar un buen puesto en la fila y poder entrar a su audiencia pasado el mediodía.
Para su sorpresa, ya había gente esperando y marcó como la tercera de la audiencia de la 1 de la tarde. Puso la manta en el suelo sobre la acera, y acostó al niño, que había tenido fiebre y problemas para respirar, y todavía se sentía mal.
“Me dijeron que si no llego [a tiempo a la audiencia], me ponen una orden de deportación”, dice Valladares, una salvadoreña de 29 años, poco después del amanecer, mientras abanica con un pañuelo a su hijo, que duerme entre la muchedumbre que se acumula a las afueras del edificio de la corte de inmigración, junto al río de Miami.
Desde el mes pasado, cuando esas cortes comenzaron a citar a grupos de 100 personas o más al mismo tiempo, en las llamadas “mega audiencias” (mega master hearings, en inglés), las filas frente al edificio dan la vuelta al estacionamiento y se extienden por debajo de la estación del Metromover —el tren automático de esa zona— hasta la acera de la calle 3 del sureste (SE 3rd St.), casi hasta la rampa de un hotel adyacente.
Esta semana, el tribunal de inmigración de Miami restringió el uso del sistema de comparecencia virtual, llamado Webex, y comenzó a exigir que los inmigrantes se presenten en persona. “Antes esto no era así. Llegabas, hacías una fila normal, capaz que te tocaba media hora de fila, 40 minutos, pero jamás tocaba más de una hora de fila. Hoy en día son hasta dos horas que puedes estar ahí a la intemperie”, señala la abogada de inmigración Estefanía Echeverry, quien es mañana había tenido una audiencia con unos clientes.
Incluso dentro del edificio, las salas de audiencias tienen espacio para una veintena de personas a lo sumo. “Hay un montón de gente esperando el turno, tienen que esperar afuera”, agrega Echeverry. “La gente tiene que llegar con horas de antelación para cerciorarse de que van a poder estar en la sala. Si la persona no llega a tiempo a su corte, le dan una orden de deportación”, asevera.
Echeverry va a la corte tres o cuatro veces a la semana. Explica que los jueces solían atender primero los casos con abogados en sala, luego los que se conectaban a través de Webex y, finalmente, los de los migrantes que carecían de defensa. En ocasiones, sus clientes se han quedado atascados en la fila y ella ha tenido que explicarle al juez a la hora de su audiencia que están afuera intentando entrar.
El Gobierno de Donald Trump ha dicho que busca acelerar las audiencias en los tribunales de inmigración para reducir un retraso de años que acumula más de 3,1 millones de casos. Más de 2,2 millones de los casos son de solicitudes de asilo que todavía están esperando una decisión, según organizaciones independientes que analizan los registros. El condado Miami-Dade es el que tiene más casos de deportación pendientes en todo el país, según datos de los tribunales recopilados por el instituto no partidista de investigación TRAC, fundado por la Universidad de Syracuse.
Las “mega audiencias” han generado confusión entre los migrantes, y algunos incluso han recibido nuevas fechas de comparecencia con poco margen de aviso. Valladares, por ejemplo, tenía una audiencia fijada para septiembre del 2027, pero la semana pasada recibió una notificación para presentarse este miércoles. Esta madre cuenta que hace dos años llegó a la frontera con México y pidió asilo, tras haber escapado de violencia doméstica y temiendo por su vida y la de su hijo.
Crecen las órdenes de deportación en ausencia
Defensores de los derechos civiles advierten que el nuevo sistema aumenta la posibilidad de que quienes no logren presentarse a tiempo reciban una orden de expulsión. En los últimos meses se han disparado las órdenes de deportación in absentia en todo el país, con un máximo de 56.523 en junio, que representó un aumento de 60% con respecto a meses anteriores, según un análisis de la plataforma de datos bklg.org. En Miami, el número de órdenes pasó de 1.383 en mayo, a 2.886 en julio, un alza del 108%. El plazo de tiempo de programación de una audiencia cayó de un promedio de 200 días a menos de dos meses.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por su sigla en inglés) respondió a una consulta de EL PAÍS que “todo extranjero en situación irregular que tenga una orden final de deportación ha recibido todas las garantías del debido proceso”. Añadió que está “trabajando rápidamente y a contrarreloj para trasladar a estas personas desde los centros de detención hasta su destino final: sus países de origen”.
El DHS remitió preguntas sobre los tribunales al Departamento de Justicia (DOJ). Un portavoz del DOJ dijo que “reducir el atraso acumulado en las cortes de inmigración sigue siendo una de las principales prioridades de esta Administración”.
Los tribunales de inmigración funcionan bajo la Oficina Ejecutiva para la Revisión de Casos de Inmigración (EOIR), una agencia del Departamento de Justicia que responde al fiscal general. La EOIR reconoció a EL PAÍS que está haciendo “ajustes en la programación” para agilizar los casos estancados.
Según el DOJ, aunque las audiencias se programan “para grupos grandes”, “cada caso se atiende por separado y se garantiza el debido proceso”. “Para que se emita una orden de deportación en ausencia, el juez de inmigración debe determinar que la persona recibió la notificación correspondiente y que el Departamento de Seguridad Nacional ha demostrado que es deportable”, dijo la agencia en un correo electrónico a EL PAÍS.
La medida de comparecer de manera presencial llega después de meses de preocupación para quienes tenían que acudir a la corte de inmigración, porque los agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) rondaban los pasillo de esos tribunales, muchas veces enmascarados, esperando que personas salieran de las audiencias para arrestarlas. En junio, un juez federal puso freno a estos operativos.
William Botsch, un voluntario del American Friends Service Committee que desde el año pasado observa audiencias en Miami, dice que desde que los agentes dejaron de rondar los pasillos del tribunal, los fiscales del Gobierno han dejado de pedir a los jueces que desestimen los casos, salvo en circunstancias excepcionales.
Muchos inmigrantes que tenían audiencias buscaban la manera de comparecer de forma virtual. “La oportunidad de aparecer vía internet era muy favorable”, agrega Echeverry. “Estas son situaciones que generan muchísima angustia y ansiedad a las personas porque tienen que comparecer en la corte. Y el hecho de estar online les liberaba un poco ese miedo de que algo les iba a pasar, porque la gente todavía tiene mucho miedo de ser arrestada”.
Valladares pasó buena parte del día en el tribunal, pero el juez vio su caso incluso un poco antes de la hora prevista. Le dijo que la fecha de su próxima cita le llegará por correo.









