Estados Unidos evita por ahora enzarzarse en una escalada en Oriente Próximo pese a la toma del principal estrecho alternativo a Ormuz por parte de los hutíes de Yemen, aliados de Irán, y el cierre temporal del oleoducto con el que Arabia Saudí estaba dando salida a su petróleo. El jueves, cuando el avance del grupo insurgente consolidaba el control de la costa oeste yemení sobre el estrecho de Bab el Mandeb, que conecta el golfo de Adén con el mar Rojo, Washington desestimó ayudar militarmente a la monarquía saudí para repeler el progreso del movimiento armado.
La Administración de Donald Trump, que se enfrenta en noviembre a las elecciones de mitad de mandato con los sondeos en contra, respondió a Riad que no tenía voluntad de llevar a cabo una acción militar directa en este momento, según la agencia británica de noticias Reuters. Posteriormente, dos funcionarios de la Casa Blanca filtraron el viernes a la televisión estadounidense ABC que esa postura cambiará si se intensifican las amenazas a la navegación en el mar Rojo.
Trump reforzó esa postura el sábado, al responder ante la prensa desde Irlanda que Washington no intervendrá contra los rebeldes yemeníes. “Los hutíes nos han llamado, y no quieren luchar contra nosotros”, ha dicho junto al primer ministro irlandés, Micheál Martin. “La mayoría de embarcaciones están pasando [por Bab el Mandeb]. [Los hutíes] tienen problemas con un país en particular [Arabia Saudí] y lo resolveremos”.
En Irán, donde las autoridades exigen a EE UU como condición para terminar la guerra que se reconozca su libertad para cobrar tasas a la navegación por el estrecho de Ormuz, por donde solía circular una quinta parte del crudo y el gas natural licuado (GNL) que se consume en el mundo, utilizan un tono menos apaciguador. Entre celebraciones por parte de los líderes de la Guardia Revolucionaria por la toma hutí de Bab el Mandeb, el jefe del comité parlamentario de seguridad nacional, Ebrahim Azizi, ha asegurado el sábado que “mientras el lado americano no acepte todas las condiciones iraníes”, las negociaciones con Washington —estancadas desde el colapso del memorando de entendimiento— “son inútiles”.
El ministerio de Exteriores iraní anunció el viernes que Omán acogerá el lunes que viene una reunión a la que asistirán todos los países del golfo Pérsico —incluida Arabia Saudí, pero no Baréin— e Irán. El encuentro, dice, “promoverá el entendimiento entre los países de la región y reforzará la seguridad regional”, en lo que se interpreta en la región como un paso más en el distanciamiento entre algunos de esos países y EE UU.
Tras fracasar en el intento de movilizar las tropas de su aliado estadounidense, Riad parece sumarse a la prudencia y se desmarca de las especulaciones sobre un posible contraataque en solitario. La monarquía, el mayor exportador de petróleo mundial, ha anunciado este sábado que “no responderá” al ataque de las milicias proiraníes de Irak contra su oleoducto Este-Oeste, que permite a los saudíes comercializar crudo desde el mar Rojo y que está cerrado desde última hora del viernes.
La petromonarquía opta en cambio por “dar una oportunidad” al Gobierno iraquí “para tomar las medidas necesarias” y evitar futuros ataques. Bagdad, que ha confirmado que la agresión se originó en su territorio, ha despedido en respuesta al comandante militar de la región de donde surgieron los drones y ha cerrado un paso fronterizo con Irán.
La negativa de EE UU a auxiliar a su aliado saudí cuando este padece ataques directos, evitando una nueva confrontación con una milicia que en 2025 resistió ataques previos, daña la credibilidad de Washington, según escribe en redes sociales Danny Citrinowicz, antiguo agente de la inteligencia militar israelí y ahora analista del Atlantic Council. El experto anticipa que Riad y otros socios árabes de la Casa Blanca —como Qatar, Omán, Egipto y Jordania— “sacarán sus propias conclusiones”, y cree que la asistencia de los Gobiernos del Golfo a la reunión del lunes en Muscat demuestra su preferencia “por un acuerdo imperfecto con Teherán” antes que seguir embarrados “en un conflicto sin objetivos claros y con consecuencias económicas cada vez más graves”.
El viernes, los hutíes culminaron una ofensiva relámpago hacia el sur y arrebataron al gobierno reconocido internacionalmente en Yemen —aliado de Riad— las últimas ciudades portuarias e islas clave para supervisar el tráfico por el estrecho de Bab el Mandeb, de navegación imprescindible para llegar al Canal de Suez, y por donde circula el 10% del comercio marítimo global —no solo energético—.
Las autoridades iraníes, que tienen en el bloqueo del estrecho de Ormuz su mayor carta en las negociaciones para terminar la guerra con EE UU, ganan ahora una nueva herramienta de presión al redoblar —potencialmente— el estrangulamiento sobre el mercado energético mundial.
Las hostilidades contra el oleoducto saudí, de 1.200 kilómetros de distancia y que atraviesa la península Arábiga, suponen un golpe adicional. La petromonarquía, que gracias a esa vía era el país del Golfo que mejor se sobreponía al bloqueo en Ormuz, daba salida por ese tubo a casi el 5% del consumo mundial.
Este sábado, el precio medio por cada barril de petroleo superaba nuevamente los 100 dólares (unos 86 euros), lejos de los 70 en los que se tasaba en febrero, antes de que Irán cortara el estrecho de Ormuz en respuesta a la ofensiva lanzada por EE UU e Israel contra Teherán.
Bloqueo contra Riad
Los rebeldes yemeníes aseguran que solo impedirán la navegación por Bab el Mandeb a las compañías saudíes. Y enmarcan la acción en el conflicto que mantienen desde 2014 con el Gobierno yemení reconocido internacionalmente.
Riad lleva desde principios de septiembre tratando de contener el avance hutí con decenas de bombardeos, en lo que supone el peor episodio bélico en Yemen desde una frágil tregua impulsada por las Naciones Unidas en 2022. La última ronda de combates ha expulsado forzosamente de sus casas a 50.000 personas, según las cifras de la ONU, agravando una crisis humanitaria que se alarga desde hace más de una década en el país, y en la que más de la mitad de la población —unos 22 millones de personas— precisan de ayuda humanitaria.
Un avance hutí final bajo la dirección de la Guardia Revolucionaria iraní, que según fuentes iraníes y yemeníes citadas por Reuters había trasladado altos cargos a Yemen, capturó durante las últimas 48 horas la ciudad portuaria de Moca y la isla de Mayun (también conocida como Perim), ubicada en medio del estrecho, de 28 kilómetros de amplitud.
El dominio de la zona por parte de la organización proiraní hace aún más vulnerable la navegación por Bab el Mandeb. Pese a su renovada importancia desde el bloqueo iniciado en febrero en Ormuz, el tráfico por esa vía había caído un 60% desde finales de 2023, cuando los hutíes lanzaron los primeros asaltos contra embarcaciones que vinculaban a Israel en lo que presentaron como un gesto de apoyo a la franja de Gaza.
En aquella ocasión, muchas navieras optaron por rodear el continente africano para llegar a los mercados europeos. Ese escenario, que supuso el aumento de costes y de plazos, podría repetirse ahora, justo cuando EE UU busca evitar el encarecimiento de los precios energéticos. Washington, que mantiene el bloqueo de los puertos iraníes, lanzó en agosto un nuevo paquete de sanciones directas e indirectas pensado para aislar a Teherán, en una estrategia de presión con la que busca forzar a Irán a rendirse. Un escenario que, hoy por hoy, parece lejano.










