El Poder Ejecutivo Nacional envió al Congreso un proyecto de ley para reformar la Carta Orgánica del BCRA, que ya cuenta con media sanción de Diputados. Su finalidad es que el Banco Central vuelva a tener un único objetivo para combatir la inflación, preservar el poder adquisitivo del peso y asegurar la estabilidad monetaria. La teoría monetaria y la evidencia empírica muestran que un solo objetivo es la alternativa más consistente. En cambio, los objetivos múltiples o duales suelen derivar en mayor expansión monetaria, debilitamiento de la moneda, ingeniería estadística para subestimar el IPC y menor dinamismo real. El proyecto también busca impedir que el BCRA emita base monetaria para financiar al Tesoro. Este objetivo es difícil de objetar. En ambos sentidos, la propuesta representa un avance razonable.
Como entiende y explica el PEN, la inflación crónica surge de un desequilibrio persistente del mercado monetario: un exceso neto de oferta de pesos, originado por mayor oferta monetaria, menor demanda de dinero o ambas cosas. En Argentina, sin embargo, los problemas monetarios y la inflación crónica derivan mucho más de la caída sistemática y recurrente de la demanda de dinero que de los abusos de expansión monetaria del BCRA y sus bancos asociados.
A diferencia de la mayoría de los países del mundo y la región, en Argentina no hay demanda sólida de dinero: los argentinos no ahorramos en pesos ni realizamos todas las transacciones comerciales en esa moneda; las más importantes –inmuebles, vehículos, maquinaria, entre otras– también se hacen en dólares. Así, cuando demandamos masivamente dólares para ahorrar o comerciar, se genera un exceso de demanda cambiaria y de oferta monetaria que eleva el tipo de cambio y luego acelera la inflación.
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Esta caída recurrente de la demanda de dinero impide que la oferta y la demanda de pesos se equilibren, generando problemas cambiarios e inflacionarios crónicos desde hace décadas. El problema se agrava por dos razones. Primero, como señala la escuela austríaca, no es posible anticipar ni calcular con precisión esa caída. Segundo, aun si pudiera estimarse, el BCRA solo controla la base monetaria y no toda la oferta monetaria; por eso no podría reducirla lo suficiente para que M1, M2 y M3 se ajusten al nivel requerido por la demanda de dinero.
En otras palabras, no puede haber política monetaria eficiente sin una demanda sólida de dinero. Si los argentinos no demandan pesos para ahorrar ni para transar plenamente, el BCRA no podrá alinear de modo estable la oferta monetaria con la demanda, ni tampoco eliminar de forma permanente los problemas crónicos de tipo de cambio e inflación. En síntesis, es condición inicial y necesaria –aunque no suficiente– que los argentinos ahorremos y comerciemos plenamente en pesos para que el BCRA tenga chance de hacer política monetaria eficiente y enfrentar los desequilibrios cambiarios e inflacionarios crónicos.
Por el contrario, creer que en este contexto de demanda de dinero incompleta alcanza con tener un BCRA
responsable para poder hacer una política monetaria eficiente y vencer los problemas cambiarios e inflacionarios crónicos en forma permanente es poner el carruaje delante de los caballos. La credibilidad, reputación y una política monetaria eficiente son fenómenos de largo plazo: requieren tiempo para convencer a los argentinos de ahorrar y comerciar plenamente en pesos. Ese tiempo no existirá si, en el corto y mediano plazo, volvemos a ahorrar y comerciar parcialmente en dólares, porque ello recreará los desequilibrios cambiarios y monetarios, abortando dicha construcción pretendida. Décadas de historia lo ilustran.
Entre junio de 1935 y junio de 2026, el dinero fiat, el BCRA y su política monetaria acumularon +12819532788614400000% de inflación. En esos 91 años, la inflación promedió +3,7% mensual y +54,1% anual. Hubo un único plan de estabilización exitoso y sólo 10 años de estabilidad monetaria: la Convertibilidad, entre abril de 1991 y diciembre de 2001. Fue una reforma estructural: eliminó la política monetaria, reemplazó al Banco Central por una Caja de Conversión y sustituyó el dinero fiat por un sistema con patrón monetario.
En este marco, no es casual que la ley de Convertibilidad fuera el único instrumento que generó demanda de dinero y, por ende; estabilidad monetaria, porque impidió la política monetaria y prometió a los argentinos cambiar los pesos no deseados por dólares a un tipo de cambio fijo en la Caja de Conversión. Así, la inflación promedió +0,2% mensual y +2,6% anual en 1992/2001. Incluyendo 1991, esas cifras suben a +0,35% mensual y +4,0% anual. A la vez, la base monetaria creció en términos reales +16% en 1991/1994 y +39% en 1996/1998, pero cayó en 1995 y en 2000/2001 cuando aumentó el temor a no poder convertir pesos en dólares al 1 a 1. Más tarde, también creció entre 2003/2007, pero sólo transitoriamente, mientras la gente había perdido memoria y práctica inflacionaria frente a la emisión fiat. Luego, con el IPC Indec intervenido y recuperada esa memoria, la demanda real de base monetaria volvió a los niveles de fines e inicios de la Convertibilidad. No hay magia: los argentinos no quisieron, no quieren ni querrán pesos.
De hecho, los datos del gobierno de JM también lo avalan. Tras 32 meses de gestión, JM acumula +329% de inflación según el IPC Indec, que subestima el aumento del nivel general de precios. Paralelamente, JM registra casi cinco veces más inflación que la Convertibilidad en igual período. A la vez, comparando agosto de 2026 contra julio de 2025, la base monetaria (-9,3%), billetes y monedas (-10,3%), M2 privado (-13,1%) y M3 privado caen en términos reales. Del otro lado, la inflación del IPC Indec creció de +2,3% (2025) a +2,6% (2026) promedio mensual, aún con tipo de cambio sobre apreciado y estable desde octubre pasado y nivel de actividad debilitándose hace casi un año y medio. Según el IGA de OJF, la actividad lleva 17 meses estancada en la tendencia; y en julio de 2026 fue menor que en febrero de 2025. Además, se está trasladando suba del dólar y aceleración de la inflación desde el presente hacia el futuro mediante mayor deuda de corto (+787%) y de mediano plazo (+32%) en pesos del Tesoro, evitando que dichos pesos presionen sobre el dólar, suba el tipo de cambio y posteriormente se aborte la desinflación. La Teoría Fiscal del Nivel General de Precios, alineada con Sargent y Wallace, anticipa que en algún momento futuro el tipo de cambio deberá subir y luego habrá más inflación para licuar la deuda y hacerla pagadera.
En el pasado el PEN entendía que, mientras hubiera pesos, política monetaria y BCRA, la inflación crónica no se vencería jamás en forma permanente. Por eso, su principal promesa política y electoral fue dolarizar y cerrar el Banco Central. Sin embargo, como incumplió y mintió, ahora debe invocar el pensamiento mágico de que una reforma de la Carta Orgánica vencerá la inflación crónica para siempre. El poder político hace e las incumple las leyes cuando le conviene. La Convertibilidad se violó con el corralito y luego se derogó con la Ley de Emergencia Pública y de Reforma del Régimen Cambiario N.º 25.561; en el medio, hubo una ley de Intangibilidad de los Depósitos. Como ya dijimos, JM está trasladando la suba del tipo de cambio y la inflación desde el presente al futuro. El próximo gobierno pagará la cuenta, sea quien sea. A JM le convendría perder las elecciones para culpar a la gente por no votarlo y al próximo gobierno por incapaz, pero la responsabilidad seguirá siendo suya. Mientras haya pesos, política monetaria y BCRA el descenso de la inflación será sólo temporal. Nunca permanente. Sólo los políticos de raza piensan que estos problemas se resuelven con una ley. Y los tiranos violentos, con una persona.
*Titular de E2 (Economía & Ética) y profesor de la FCE UBA durante treinta años.









