hay que reservar cancha más de una semana antes para poder jugar

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Un jugador golpea la pelota contra la pared. Otro se adelanta, estira el brazo y la devuelve. Mientras su compañero retrocede para cubrir el fondo de la cancha. La pelota vuelve a pegar contra el frontón y cambia de dirección. No hay tiempo para dudar en pelota paleta. En la cancha hay que reaccionar rápido y anticipar el rebote. Llegar un segundo tarde implica perder el punto y que el rival festeje. Afuera, otros esperan su turno.

Es un martes a las 17.30 y no dejan de llegar jugadores al Club Ranelagh, en Berazategui. Dejan sus cosas, agarran las paletas y entran. Cuando termina uno de los partidos, ingresan otros cuatro. Después de la pandemia, la pelota paleta está de vuelta y vive un boom inesperado en el interior del país.

Jugadores de tenis y pádel que se animaron a cambiar, hombres y mujeres que se reencontraron con su pasión de la infancia. Y una camada de nuevos jugadores, de distintas edades, que descubrió en un deporte centenario una manera diferente de competir y hacer ejercicio.

Es que la paleta volvió a juntar gente. Y en algunos lugares como Berazategui, Mar del Plata, Necochea, Chascomús y Adolfo González Chaves, donde la paleta forma parte de la identidad del pueblo, conseguir hoy una cancha para jugar puede ser todo un desafío.

«Es terrible lo que se juega a la paleta porque no hay canchas disponibles. Los turnos se reservan con una semana de anticipación«, cuenta a Clarín María Eliseche (44), quien arrancó a jugar en 2019 en el Centro Vasco de Necochea.

«En el Centro Vasco, los turnos van desde las 13 hasta las 21 y de lunes a viernes están todos ocupados. Lo mismo sucede con el otro club de la zona, Huracán», agrega. Incluso, explica que la demanda es tal que ambos clubes tuvieron que organizarse con un sistema de turnos. Las reservas se hacen con anticipación y, en algunos casos, toca jugar una vez cada 15 días.

«Ahora resurgió, pero muchos años estuvo estancado. El primer problema era que no se podía televisar porque la pelota va muy rápido», confiesa Walter Bandini, del Club Ranelagh, fundado en 1937 y al que comúnmente se conoce en la zona como «el club de paleta».

Gustavo Olea, a cargo de la cancha del Centro Vasco de Mar del Plata que data de 1928, destaca la mística que rodea al ambiente. Desde la vigencia de las competencias provinciales y la presencia de campeones mundiales locales, hasta el folclore diario de los «desafíos» en el pizarrón.

Además, subraya dos grandes cambios de época: el esfuerzo por adaptar el deporte al formato audiovisual, modernizando canchas y jugando con pelotas de colores para mejorar su visibilidad, y el crecimiento del juego femenino, que ya cuenta con representación en torneos bonaerenses y tiene campeonas argentinas.

Los orígenes

El deporte -que cada 10 de septiembre tiene en Argentina su «Día del Pelotari»- surgió a principios del siglo XX, de la mano de Gabriel Martirén, un vasco francés que se radicó en Burzaco. Martirén era tambero y, para golpear la pelota, usó un hueso de vaca. No se sabe si fue para probar o solo lo hizo para bromear con sus compañeros. Luego, lo reemplazó por palas de maderas de cajones de las damajuanas.

Fernando Ibarra conoce esa historia desde la cuna. Es presidente del Club de Pelota de Chascomús e hijo de Fito Ibarra, triple campeón mundial de paleta. El club cumplió cien años el 15 de octubre de 2025 y el trinquete, como se llama a la cancha cerrada de cuatro paredes (tipo cajón), lleva el nombre de su padre.

“Es un deporte hermoso, quizás no toda la gente lo conoce, pero cuando se dan cuenta lo lindo que es y lo empieza a practicar les encanta. No es fácil, entonces genera el desafio de querer jugarlo bien, de mejorar», cuenta Fernando a este medio.

El club de Chascomús tiene alrededor de 450 socios. La actividad que más se practica es la paleta, aunque también tiene un gimnasio y otros deportes como básquet, vóley, baby fútbol y squash. El trinquete de Chascomús también está ocupado casi todos los días.

«En nuestra cancha tenés que sacar turno una semana antes porque la agenda está completa», dice el presidente, quien contó que el pasado 29 de agosto se jugó en el club la fecha de élite A provincial en la que concurrieron los mejores jugadores del país.

Para Walter, el boom se dio porque se crearon muchas escuelitas de paleta. «Vieron que el deporte se estaba muriendo y empezaron a hacer escuelas con paleta y profesores experimentados, de buen nivel. Eso hizo que resurgiera y se juegue mucho más que hace diez años», explica.

Mientras que para el club de Chascomús fue distinto. «En nuestro caso se dio que una persona agarró la organización y se movió mucho. La gente respondió, personas que quizás jugaba al pádel o al tenis se volcaron a este deporte«, cuenta Fernando.

Las escuelitas de paleta en los clubes ayudaron a promover este resurgimiento. Foto: Diego Izquierdo.

Horacio Moreno nació en González Chaves, a unos 140 kilómetros de Tandil. Hace muchos años vive en la Ciudad de Buenos Aires, pero nunca perdió las ganas de practicar pelota paleta, el deporte que juega desde los 11. Hoy va tres veces por semana al club Vasco Francés, cerca del Palacio Barolo.

“En mi pueblo hay muchos chicos jugando a pelota paleta. Históricamente, fue desapareciendo por el hecho que las canchas son costosas y difíciles de mantener. Por ejemplo, River eliminó la cancha y Boca está a punto de sacarla. Con esas dimensiones podrían hacer tres o cuatro deportes o destinar la cancha para otra cosa», revela Horacio.

Sin embargo, explica que lo que sucede en el interior es un caso aparte: «Para los chicos sigue siendo una actividad muy atractiva, un lugar seguro. Los padres tratan de involucrarse en el club y se mantiene más fácil. En cambio, en Capital, la mayoría que juega son gente del interior que vino para la ciudad y se radicó, busca algún club y empieza a jugar», confiesa.

El desafío de aprender

Para una persona que nunca jugó este deporte, la primera impresión puede ser desafiante. La pelota rebota contra el piso, golpea una pared, puede tocar otra e incluso cambiar la trayectoria en cuestión de segundos.

El trinquete del Club de Pelota de Chascomús, que tiene unos 450 socios.

La mayoría se junta a jugar después del trabajo, con amigos, una o dos veces por semana. Lo más común es 2 vs. 2. Un mano a mano es más difícil porque la cancha es enorme, mide aproximadamente entre 28 o 30 metros.

«Cada equipo suele tener dos jugadores; un delantero y un zaguero. El delantero está adelante del frontón, mientras que los zagueros llevan más el juego, la pegan contra la pared. Ahora si un delantero agarra la pelota definen el punto», explica Esteban Gómez, del Club Ranelagh.

El partido se juega a 22 o 25 puntos. Aunque si el nivel es muy elevado, ese número baja a 12 porque los puntos suelen ser muy largos. «Al ser mejores no pierden tantas pelotas y un punto dura entre tres o cuatro minutos», agrega.

Esteban lo define como un deporte muy físico, violento porque cuando se le pega a la pelota se descarga toda la fuerza del cuerpo. «Si le pegas despacito, queda adelante y te hacen tanto. La idea es complicárselo al otro», aclara.

Por su parte, Walter juega desde muy chico. Su papá jugó toda su vida y le trasmitió el amor por este deporte. «Llegué a jugar en un gran nivel, pero nunca fui de élite», aclara.

Una lesión lo alejó durante años y hace apenas unos meses volvió después de una operación de cadera. Según explica, la velocidad de la pelota es parte del encanto de esta disciplina y también el problema, ya que puede resultar intimidante para aquellos que recién empiezan.

"Es muy difícil practicarlo. El pádel es más sencillo", confiesa Walter Bandini, del Club Ranelagh. Foto: Diego Izquierdo.

«Es muy difícil practicarlo. El pádel es más sencillo. La pelota viene muy rápido, alguno hasta se marean», confiesa Walter. Además, revela que la técnica importa tanto como la fuerza.

“El ídolo de la gran mayoría es Eduardo Ross, hasta que él llegó a este deporte antes se le pegaba normal. Él inventó el efecto, todo el mundo juega con efecto. Esa es la cualidad número uno sumado a un gran estado físico», dice.

Hay que correr, anticiparse, aprender dónde va a rebotar la pelota. Pegarle fuerte y con efecto. «Es un deporte de mucho impacto, para el cuerpo es brusco. Si no tenés un buen entrenamiento o alimentación podes lastimarte. A mí me agarró artrosis de cadera», agrega.

Las mujeres ahora también juegan

María Eliseche empezó a jugar en 2019, cuando el Centro Vasco de Necochea comenzó a abrir turnos de pelota para mujeres. «Antes era solo para varones. Toda la vida fui al club que tiene mucha concurrencia y la mujer no podía entrar a la cancha de pelota. Cuando abrieron y empezaron a dar clases a mujeres, recuerdo que éramos diez chicas», explica.

De a poco, la demanda creció tanto hasta desbordar las dos únicas canchas de la ciudad: la del Centro Vasco y la del Club Huracán. María juega de delantera y tiene una compañera. Compitieron en 2023 y se consagraron campeonas del Torneo Apertura femenino B. Todas las semanas entran a buscar turnos y, con suerte, pueden jugar una vez por semana.

“Es un deporte increíble que me encantó que se haya abierto a las mujeres porque siempre quise jugar y nunca pude porque no estaba permitido. Fue una alegría enorme jugar pelota paleta, de hecho hice otros deportes y siempre vuelvo ahí. Es re lindo si tenés la posibilidad de jugar, lo recomiendo”, dice la mujer de 44 años.

Los «trinquetes» del Centro Vasco y del Club Urquiza de Mar del Plata tienen jugadoras, pero en ningún otro lugar hay tantas como en Necochea, donde hay unas 80 pelotaris activas.

Juan Stafforte, de la Subcomisión de Pelota del Centro Vasco de Necochea, explica que el fenómeno local responde a un proceso de apertura que la entidad inició hace más de una década. Al romper con la lógica de ser un club cerrado y volcarse a la comunidad, la institución abrió sus puertas e impulsó, entre otras iniciativas, clases de paleta para adultos, tanto hombres como mujeres.

Hay unas 80 jugadoras en actividad y más de veinte representan a la provincia de Buenos Aires.

Y su llegada cambió la dinámica de las canchas, un espacio históricamente copado por varones. Su incorporación no solo dio lugar a tres categorías femeninas en pleno ascenso (A, B y C), sino que reincorporó a las familias a la vida social del club. Stafforte explica que hoy el trinquete convive con chicos de 6 a 17 años, categorías de adultos y una masa social en crecimiento constante.

Además, están trabajando en Necochea para incorporar el año próximo la escuela para pelota adaptado. La cancha es azul desde 2018, para poder televisar los partidos. Incluso, fue la primera de Latinoamérica en adoptar estos colores.

«En breve vamos a Llavallol a un encuentro anual de txikis (chicos, en lengua euskera) que organiza la Federación de Entidades Vascas Argentinas (FEVA); es en el colegio Euskal Echea y este año incluye pelota. Es un muy buen momento de la pelota paleta, está en auge. Queremos darle la mayor apertura posible. Ya no solo esperar a que se acerque la gente, sino llevarlo a los colegios, algo que haremos el próximo año», explica.

Colaboró Guillermo Villarreal, corresponsal en Mar del Plata.

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